Lidia Victoria Aguerrebere Toledo comenzó sus pasos en el camino de educar con tan solo 15 años. Desde entonces se dedicó a la formación de las nuevas generaciones. Hoy observa su trayectoria con orgullo y satisfacción: muchos de sus antiguos estudiantes son profesionales y otros desempeñan distintos oficios.
En 1966 inició su labor en una escuela rural de Los Arabos, conocida como La Finca Marquesita. Allí atendía una matrícula de 60 escolares, desde primero hasta sexto grado. En esa etapa trabajó como maestra popular y asumió grandes responsabilidades. Gracias al esfuerzo constante y al estudio sistemático obtuvo el título de educadora primaria.
Con el tiempo, alcanzó la licenciatura en Educación Primaria. Posteriormente, impartió cuarto grado en una escuela urbana del mencionado municipio. En ese período brindó apoyo a docentes noveles, impartió clases demostrativas y participó en la preparación de futuros maestros y licenciados.
Unión de Reyes y el amor por el aula
A Unión de Reyes llegó en 1973, después de contraer matrimonio. El amor la llevó a desarrollar su vida profesional en este territorio. “Durante dos años fui jefa de ciclo, pero el aula me atrapó. El contacto directo con los niños siempre fue mi mayor motivación”, confiesa.

Para Lidia, la educación primaria constituye el cimiento de todo el proceso formativo. Considera imprescindible la asistencia sistemática a la escuela, aun en medio de dificultades. “La familia desempeña un rol esencial en el proceso educativo. El centro escolar necesita constancia, afecto y acompañamiento. Como siempre digo: la primaria es la base del edificio”.
Esta mujer sencilla, de sonrisa cálida y trato afectuoso, afirma que los estudiantes responden con facilidad a estímulos simples. “Una estrella, una flor dibujada o una palabra de elogio despierta el interés por el aprendizaje; pequeños gestos que fortalecen el vínculo con la escuela. De ese modo nacen futuros docentes y ciudadanos responsables”.
Una maestra activa
Lidia siente una profunda vocación por la docencia y un cariño inmenso por sus educandos. No podía permanecer en casa lejos del bullicio infantil; por esa razón decidió reincorporarse a las aulas después de su jubilación. “Me siento feliz en la escuela, porque los niños son mi razón de ser”, asegura.
A diario se le ve en la institución educativa Felipe Poey Aloy, en Unión de Reyes, frente a los alumnos de tercer grado. Su quehacer cotidiano fortalece la mente y el espíritu.

Cuando la edad no le permitan asistir a las aulas, desea que sus estudiantes la recuerden con amor. Ese será su mayor premio. A lo largo de su trayectoria ha recibido múltiples reconocimientos; entre ellos, el título de Hija Ilustre de Unión de Reyes, uno de los momentos más emotivos de su vida.
Aunque los años avanzan, Lidia mantiene intacto su amor por la enseñanza y el vínculo con la escuela, con los niños y con el pueblo de Unión de Reyes. Al definir su vocación, resume toda su vida en una frase sencilla y profunda: “El amor engendra la maravilla”. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
Lea también

Darío Medina, una vida dedicada a la enseñanza de la Biología
George Carlos Roger Suárez – En la celebración por el Día del Educador fue reconocido Darío Medina Santana con el Premio Nacional por la Obra de toda la Vida en la enseñanza de la… Leer más »

Excelente trabajo mis respetos soy también educadora la profesión más bella y humana que existe