Orgullo matancero

Foto: De la autora

“Desde chiquito me enseñaron que si iba a ser barrendero, mi calle tenía que ser la más limpia de la ciudad”.

Andy Manuel Ávila González no es barrendero, es deportista. Recientemente, trajo consigo, desde el mundial de natación artística de Hungría, el puesto decimosegundo en la modalidad mixta más joven en estilo libre. 

Comenzó desde los siete años en el mundo del deporte, practicaba clavado y tuvo grandes resultados en los juegos escolares. A los 16, una visita de la comisión nacional de nado a su escuela cambió completamente el rumbo de su vida profesional.

Andy fue captado para los Juegos Panamericanos Junior de Cali, Colombia. Ya tenía la edad necesaria, cumplía la línea de pierna y dominaba algunas acrobacias por el clavado. Después de aproximadamente dos semanas de entrenamiento, desde cero, obtuvo el quinto lugar.

El joven deportista afirma que el nado sincronizado al principio no le gustaba, le parecía un deporte femenino y tenía un poco de complejo. Luego de ver sus resultados con solo dos semanas de preparación, supo que ahí estaba su futuro.

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Durante su vida profesional, alega que se ha enfrentado a algunas adversidades que no le permiten desarrollarse completamente: el agua fría de las piscinas del complejo Baraguá, la falta de implementos como ligas y plomos para los entrenamientos, hasta el transporte para La Habana, que a veces se pone difícil. No obstante, ha sabido salir adelante y ha traído a nuestro país grandes triunfos.

Su carrera deportiva, que comenzó hace 10 años como clavadista, hoy lo pone en el puesto de primer hombre en Cuba en practicar ese deporte y con tan buenos resultados. Andy ejecuta todo aquello que le enseñaron de pequeño. Sin dudas, es un orgullo matancero. (Por: Patricia Ceballos Morejón, estudiante de Periodismo)

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