Todavía recuerdo aquella primera entrevista como si hubiera ocurrido ayer. Era apenas una estudiante de primer año de Periodismo, descubriendo los secretos del oficio bajo la guía de la profesora Yirmara Torres, quien nos enseñaba que una entrevista era mucho más que preguntas y respuestas: era la oportunidad de acercarnos a la esencia de una persona.
Por aquellos días comenzábamos a estudiar el género periodístico y debíamos enfrentar el reto de conversar con alguien cuya vida tuviera algo importante que contar. Yo no tuve dudas. Elegí a Wilfredo Mesa. Para mí representaba un verdadero privilegio sentarme frente a un hombre que entregó su existencia a dos de las misiones más nobles que puede abrazar un ser humano: educar y hacer arte.
Recuerdo su serenidad, la pasión con la que hablaba del teatro y la humildad con que asumía una trayectoria que para muchos resultaba extraordinaria. Mientras lo escuchaba, comprendí que estaba ante alguien que había convertido la cultura en un proyecto de vida. Un hombre sencillo, arraigado a su Unión de Reyes y con gran apego a su familia, pilar fundamental en su carrera. Un hombre capaz de habitar las aulas y los escenarios con la misma entrega.

Wilfredo Ricardo Mesa Ortega fue actor, profesor, investigador y promotor cultural. Formó parte de los fundadores de Teatro D’ Sur, agrupación nacida en Unión de Reyes que logró sostener durante décadas el teatro dramático en un municipio cubano, convirtiéndose en referente de las artes escénicas matanceras y nacionales. Su carrera estuvo marcada por la defensa de un arte comprometido con la sensibilidad humana y por una vocación pedagógica que influyó en generaciones de estudiantes.
En la actualidad, este hombre de las tablas y la pedagogía dirigía la Agrupación Teatro D’ Sur dónde defendió a ultranza está importante manifestación en un municipio con grandes arraigos culturales.

Quienes lo conocieron saben que nunca separó el maestro del actor. En él convivían el rigor académico y la sensibilidad artística. Mientras interpretaba complejos personajes sobre las tablas, también formaba profesionales y compartía conocimientos desde la universidad, convencido de que la educación y la cultura eran caminos inseparables para transformar la sociedad.
Su nombre quedó ligado a innumerables puestas en escena, en el amor de su pueblo, en los reconocimientos y premios, pero quizás su mayor obra fue la huella humana que sembró. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
