Trabajo a distancia: frenos y oportunidades

Si bien durante el período de confinamiento provocado por la covid-19 se incrementó la cifra de matanceros que laboraban a distancia, una vez flexibilizadas las medidas sanitarias la situación cambió repentinamente. Sobre la aceptación del trabajo a distancia en Matanzas indagó Girón.


Mientras duerme a su niño David, ella repasa mentalmente la jornada nocturna. Primero debe revisar las principales páginas de noticias del país y del mundo, luego ubicar en cada sección los materiales ya elaborados por sus colegas, buscar los recursos multimediales que harán más interactivo el trabajo, entre otras tareas propias de su función como editora.


Desde noviembre del pasado año, la periodista Lyl Jiménez Rodríguez se desempeña como editora de la página web del telecentro provincial TV Yumurí. Para ella ha sido difícil combinar la atención de su hijo pequeño, las labores del hogar y las exigencias del trabajo.


“En la casa disponía de todas las condiciones, pues en esta modalidad de empleo son muy importantes los recursos materiales y el capital humano. Hoy no se explota al máximo esta posibilidad en la provincia. La mayoría de las veces los jefes no la defienden ni la entienden, porque les preocupa más la permanencia en el centro, cuando lo fundamental debiera ser realizar bien la labor, no interesa dónde”.


Por su parte, Jessica Mesa Duarte, periodista de Radio 26 y coordinadora de la Redacción Cultural, explica: “A pesar de lo que muchos piensan, en ocasiones el teletrabajo te exige más que el trabajo de campo en la calle; al estar en casa no terminas nunca. Debes planificarte bien para darle atención y prioridad a cada cosa.


“Resulta una oportunidad para mantener el vínculo laboral de personas que por cuestiones específicas no pueden mantener la presencialidad y tienen ganas y condiciones para ejercer. Para ello es vital el apoyo de los jefes y siempre lo he tenido”.

BUENAS PRÁCTICAS

Como tantas veces ha manifestado la dirección del país, el trabajo a distancia es una modalidad de empleo que ha llegado para quedarse. Si bien dos años atrás su uso no era muy extendido en Cuba, la tensa situación epidemiológica generada por la covid-19 lo presentó como opción viable y segura para mantener la vitalidad laboral de la nación.

Desoft Matanzas


Una de las entidades que entendió su utilidad de inmediato y apostó por su puesta en práctica con éxito fue la Empresa de Aplicaciones Informáticas (Desoft). De subordinación nacional, cuenta con representación en todos los municipios de la provincia y brinda servicios informáticos a nivel de software, de implementación y soporte a sistemas ya establecidos para la informatización de la gestión empresarial, de seguridad informática, de soporte técnico de redes informáticas, entre otros.


También es la encargada de dar mantenimiento y soporte a los 14 portales de Gobierno y de comercializar software para el control de los recursos humanos y la planificación empresarial.


Según explica Malay Rodríguez Villar, subdirectora de informatización en Desoft, además laboran en el desarrollo de software a la medida, área en la que se implementa la modalidad de teletrabajo.

“Usamos técnicas y lenguajes de programación, y desde diferentes plataformas hacemos software necesarios en las empresas, para un proceso específico que no se cubra con los disponibles en nuestra cartera”.


Entre los requisitos exigidos por el teletrabajo se encuentra hacer uso de las tecnologías de la información. “Cuando introducimos un especialista, evaluamos que tenga las condiciones en su casa para ello. Le damos una máquina y una línea de datos de 10 GB para conectarse a nuestra APN y a Internet y, a través de un grupo de Telegram, establecemos la comunicación”, agrega Yenier Castellanos Díaz, jefe de grupo.


De igual forma, a partir de varias herramientas colaborativas, como aquellas destinadas al control y seguimiento de las tareas, y de código para visualizar en tiempo real lo desarrollado por los equipos, así como a través de los grupos de chat, siguen y controlan a los teletrabajadores.

Yenier Castellanos Díaz controla mediante herramientas colaborativas a los teletrabajadores.


“Una vez a la semana tenemos una reunión para analizar el cumplimiento de las tareas asignadas y se indican las del período siguiente. Aunque fue una medida que inició para evitar las aglomeraciones en la Empresa, se ha mantenido con buenos resultados. Implica un ahorro de electricidad y, desde el punto de vista individual, es un alivio para los trabajadores que ya no tienen que trasladarse largas distancias, pagando precios excesivos en pasajes”, dice Castellanos Díaz.


De 98 trabajadores, en la actualidad 10 especialistas, algunos de ellos procedentes de Cárdenas, Colón y Unión de Reyes, se vinculan al teletrabajo. Igualmente, existe personal de oficina acogido al trabajo a distancia y vienen tres veces a la semana a entregar, actualizar y recoger información.

¿QUÉ SUCEDE EN MATANZAS?

Si bien en otras entidades como el Citma y la Empresa de Silos se aplica de forma satisfactoria las modalidades del trabajo a distancia y el teletrabajo, esta no es la generalidad en la provincia. A principios del mes de mayo se encontraban vinculados a esta última variante 54 personas, 376 ejercen el domicilio y 2 623 terreno, para un total de 3 053. Si se tiene en cuenta que la cifra de trabajadores económicamente activos en el territorio es de 296 337, es muy fácil deducir que ni siquiera alcanza el 1 %.


¿Por qué existe tanto temor a adoptar esta vía? La Gaceta Oficial de la República de Cuba No.72, del 18 de agosto de 2021 establece en el artículo 3, capítulo I, referido al reglamento sobre el trabajo a distancia y el teletrabajo, que es el empleador de conjunto con el sindicato correspondiente quien define, a partir de la estructura y plantilla de cargos aprobada, las áreas y puestos en los que se pueden utilizar.


Asimismo, aclara que ello se hará siempre que la naturaleza de la actividad lo permita, lo que se incluye en el Convenio Colectivo de Trabajo. Advierte también que se exceptúan de su aplicación las actividades laborales que requieren la presencia física del trabajador en la entidad, para la producción o la prestación de servicios a la población.


Según explica Anny González Segovia, especialista superior territorial de Política, en la Dirección Provincial del ramo, “el trabajo a distancia se divide en tres modalidades: domicilio, terreno y teletrabajo, y se anexa un suplemento al contrato laboral”.


En el primer caso, ahonda, las personas realizan sus funciones en la casa, en tanto “se ponen de acuerdo con la entidad para conocer qué día realizarán el despacho, entregarán o enviarán la información por correo u otra opción que se establezca, ajustando el horario a sus condiciones”.


El terreno, alega, comprende a quienes trabajan fuera del marco de una oficina. Cita como ejemplos a los trabajadores sociales, inspectores, cobradores de agua y miembros de la campaña antivectorial. Mientras, “al teletrabajo se acogen los que cuentan en su vivienda con los medios necesarios para acometer su faena, dígase, computadoras con acceso a Internet”.


Durante el período de confinamiento se incrementó la cifra de matanceros que laboraban a distancia, pero una vez flexibilizadas las medidas sanitarias, la situación cambió repentinamente. Así pues, en abril de 2020 se contabilizaron 26 243; en agosto de 2021, eran 41 065; y en mayo de 2022, solo 3 853.


Como se dice en el argot popular, los directivos decidieron “recoger la pita”, y ello quizás guarde relación con el hecho de poder controlar mejor a los empleados, teniéndolos más cerca. En opinión de González Segovia, estos “deben tener más conciencia y no retener dentro de la entidad a un trabajador sin necesidad, siempre y cuando después de un análisis riguroso lo permita el cargo.


Entre los beneficios atribuidos a estas opciones sobresale el aumento de la productividad y reducción de costos fijos, la mejora en la calidad de vida del personal y el incentivo al trabajo en equipo.

Además, promueve la inclusión social, fomenta el ahorro de tiempo en desplazamientos, en electricidad, dinero y gastos de alimentación, al tiempo que fomenta el uso y apropiación de las nuevas tecnologías.


Si la mayoría son ventajas, ¿por qué tanta resistencia ante esta posibilidad? La permanencia y estimulación de su uso han de ser prioridades para cada administración, si se dispone de los recursos materiales y humanos para ello. Su éxito radicará en el control y la exigencia, más que en los frenos que hoy lastran su desarrollo.

(Por: Miriam Velázquez Rodríguez y Jessica Acevedo Alonso)

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Sobre el autor: Jessica Acevedo Alfonso

1 Comment

  1. En mi opinión. Se dejó el teletrabajo a la buena voluntad de los directivos de las empresas y estos no están acostumbrados a dirigir de esta forma además les implica trabajo a ellos mismos pues tienen que controlar lo que sus subordinados hacen y sin teletrabajo lo único que les piden a los trabajadores es que estén ahí. Para que esta modalidad se aplique con más masividad hay que chequearla y exigirla de arriba a abajo.

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