En una casa donde las risas infantiles conviven con historias marcadas por las ausencias, la Doctora en Ciencias de la Educación Orialys Cárdenas Freyre aprende a diario a convertir el amor en refugio.
Desde hace seis años dirige el Hogar de niños, niñas y adolescentes sin cuidado parental de Matanzas, institución que en la actualidad acoge a 13 infantes. Cada jornada comienza mucho antes de ocupar un cargo administrativo: empieza con abrazos, consejos, preocupaciones y desvelos, muy parecidos a los de cualquier madre.
Quienes llegan hasta este sitio descubren rápidamente que allí no solo garantizan cuidados y protección, también construyen afectos. Orialys conoce las historias, los silencios y las necesidades emocionales de cada infante.


Los acompaña en sus estudios, en sus alegrías y, del mismo modo, en los días difíciles. En medio de tantas responsabilidades, asegura que el mayor desafío consiste en lograr que cada uno vuelva a creer en el cariño sincero y en la posibilidad de una vida mejor.
Para esta joven, natural del municipio matancero de Unión de Reyes, representar a las niñas, niños y adolescentes del hogar significa un compromiso humano que trasciende lo profesional. La institución es, en la práctica, su segunda casa. Allí llega cada día para orientar, consolar, corregir y también celebrar, como lo haría una madre.
Orialys se emociona con cada logro y sufre con cada tristeza. Con sus gestos conoce los silencios y miradas, convencida de que en muchos casos los niños no expresan con palabras lo que sienten.

Sobre la esencia del acogimiento institucional, explica: “En primer lugar porque debemos tratar que los infantes se sientan en un entorno muy similar a un verdadero hogar, por lo tanto, el acogimiento institucional que debe ser una medida temporal, debe brindar y facilitar a las niñas, niños y adolescentes la atención necesaria, afectiva y de desarrollo según sus condiciones y cualidades personales, ya que la mayoría procede de hogares disfuncionales y no han recibido el cuidado adecuado por parte de su familia biológica”.
El trabajo del hogar se sostiene en el acompañamiento constante de cada menor, con el objetivo de garantizar su desarrollo emocional y social. “El objetivo fundamental es la pronta recuperación de este menor hacia el núcleo familiar de origen, si fuera necesario, o facilitar su acogimiento o adopción como mejor convenga al interés superior del niño, pero si así no fuera debemos brindarle el cariño y todo el amor”.
¿Qué significa en lo personal asumir ese rol maternal dentro de la institución?
-En mi caso personal tengo un solo hijo biológico, pero he sido capaz de multiplicar este amor maternal en cada niña, niño o adolescente que transita por el hogar. Asumir este reto, más que una labor, resulta un crecimiento personal como ser humano increíble.


El día a día en la institución está marcado por la formación en valores, el acompañamiento emocional y la creación de un ambiente familiar.
¿Qué valores intenta sembrar cada día en los niños que conviven en la institución?
-Los niños deben crecer en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Buscamos que comprendan que existe una mejor forma de vivir, basada en la solidaridad, el respeto y la responsabilidad. Aunque no compartan lazos de sangre, deben aprender a quererse como una verdadera familia.
¿Qué gestos o muestras de cariño de los niños la marcan más como mujer y como madre de corazón?
-Hay abrazos espontáneos, dibujos, palabras sencillas o momentos en los que simplemente se acercan para contarme algo de su día. Eso marca muchísimo. Que un niño con carencias afectivas logre confiar en ti y te vea como una figura de protección tiene un valor inmenso.
La relación entre el colectivo de trabajadores y los pequeños es otro de los pilares fundamentales del funcionamiento del hogar. “Es una relación muy humana. Aquí todos aportan amor: las asistentes, las cocineras, los custodios. No pudiera hablar solo a título personal porque este hogar funciona gracias al cariño colectivo que cada trabajador entrega a diario.”

Fechas como el Día de las Madres adquieren una carga emocional especial dentro de la institución, donde combinan la alegría y la nostalgia. ¿Cómo se preparó la casa para homenajear el Día de las Madres junto a los pequeños?
-Siempre realizamos actividades especiales, manualidades, juegos y espacios donde ellos puedan expresar sentimientos. Tratamos de que sea un día bonito y lleno de amor, aunque también es una fecha difícil porque muchos extrañan a sus madres biológicas. Nuestro deber es hacerlos sentir acompañados y queridos.
¿Qué enseñanzas le han dejado los propios niños a usted como ser humano?
-Me enseñan a valorar las cosas simples, a tener más paciencia y sensibilidad. Ellos tienen una enorme capacidad de levantarse aun después de experiencias muy duras, y eso me inspira muchísimo.



La fuerza para sostener esta responsabilidad nace del vínculo emocional que se crea con cada infante y de los pequeños logros cotidianos. ¿En medio de tantas responsabilidades, de dónde nace la fuerza y la sensibilidad para brindar tanto amor?
-Nace precisamente del compromiso humano y del cariño que uno siente por ellos. Cuando notas avances, sonrisas y logros comprendes que vale la pena cada sacrificio.
El mayor sueño de Orialys y su equipo consiste en integrar socialmente a cada infante. «Nuestro mayor reto es que ellas y ellos sean hombres y mujeres de bien, que puedan incorporarse plenamente a la sociedad, formar sus propias familias y romper con historias difíciles del pasado. Queremos que comprendan el verdadero valor de la familia y del amor.

¿Qué mensaje quisiera compartir en este Día de las Madres a todas esas mujeres que ejercen la maternidad desde el amor y la entrega cotidiana?
-Lo más importante es amar. Para aquellas que tienen a sus hijos lejos, cerca o que ejercen una maternidad diferente, lo esencial es la entrega cotidiana desde el amor. Esa es la verdadera esencia de ser madre.
En el Hogar de niños, niñas y adolescentes sin cuidado parental de Matanzas, Orialys no solo dirige una institución. Acompaña heridas, construye confianza y sostiene, día a día, la esperanza de los infantes que encuentran allí un lugar donde sentirse protegidos.

Mientras buscan a los trabajadores de este centro con juegos, dibujos y abrazos, queda claro que el liderazgo de Orialys no se mide solo en responsabilidades administrativas, sino en afectos construidos. En cada gesto cotidiano, esta madre afectiva confirma que la maternidad también se ejerce desde el corazón. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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