Cuba defiende su soberanía con el petróleo crudo. Foto: tomada de la página de Facebook de Razones de Cuba
No hay mejor forma de desmontar una mentira que con la fuerza de los hechos. Durante semanas, una parte considerable de la opinión pública internacional fue bombardeada con un mensaje monocorde: la culpa de los apagones no es del bloqueo, sino de la ineficiencia del Estado cubano.
La tesis del «Estado fallido», tan querida —y usada— por los laboratorios de la desinformación, encontró un caldo de cultivo idóneo en la desesperación del pueblo cubano, sometido a un brutal «bloqueo petrolero». Pero llegó el Anatoly Kolodkin, con sus 730 000 barriles de petróleo crudo ruso, y con él, una verdad insoslayable. Cuba no es un sistema inoperante, sino una nación a la que se le ha cortado el oxígeno de forma deliberada.
El canciller Bruno Rodríguez ha reiterado que el bloqueo de EE. UU. y el cerco energético son las causas principales de la compleja situación que vivimos. La orden ejecutiva de Donald Trump del 26 de enero, que amenaza con aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la Isla, no es una «medida de presión» abstracta; es un acto de guerra económica que dejó a Cuba sin su principal proveedor, Venezuela, y que llevó al sistema energético nacional a desconexiones totales en marzo, por el déficit de combustible.
¿De qué ineficiencia hablan cuando a un país se le prohíbe comprar combustible? Se trata de un bloqueo total que solo un buque ruso y, en su momento, la ayuda mexicana, pudieron romper.
Y es que los resultados están a la vista. Luego de tres meses sin recibir un solo cargamento, la llegada del crudo ruso activó de inmediato la capacidad de refinación y la generación distribuida. En apenas horas, los reportes de la Unión Eléctrica mostraban una caída significativa en el déficit de generación, y los barrios que antes acumulaban más de 20 horas de apagón empezaron a ver la luz.
De repente, la maquinaria estatal que nos pintaban como inservible empezó a funcionar. ¿Se solucionaron por magia las averías de las termoeléctricas? No. Simplemente, llegó lo que el bloqueo impedía que llegara: combustible.
Frente a esta realidad, la guerra cognitiva diseñada contra el pueblo cubano redobló la apuesta. No es casualidad que, durante los peores días de marzo, las redes sociales se inundaran de narrativas apocalípticas impulsadas por algoritmos diseñados para maximizar la indignación y el miedo.
Sectores del exilio en Miami, con el financiamiento de laboratorios de desinformación, intentaron presentar cada apagón como una prueba del fracaso interno, omitiendo deliberadamente la causa raíz. La manipulación busca traducir el apoyo popular al proyecto cubano en una anécdota escandalosa.
Sin embargo, la mayor heroicidad no está en los tanqueros rusos, sino en la resiliencia del pueblo cubano y la estrategia de soberanía energética forjada a base de necesidad. Mientras el bloqueo acecha, el programa gubernamental logró recuperar la generación distribuida a más de 1 000 MW al cierre de 2025, y se avanza en la instalación de 92 parques solares, con el apoyo de China, para diversificar la matriz energética.
Con Rusia no solo hay solidaridad de combustible, hay cooperación para modernizar unidades térmicas y proyectos de inversión millonaria. La solución no es perfecta, pero es nuestra, y es heroica si se considera que ocurre bajo el asedio de la mayor potencia imperial.
El Anatoly Kolodkin confirmó que la oscuridad en Cuba no es un fallo del socialismo, sino consecuencia de la asfixia deliberada contra nuestra gente. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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