Al descubierto y sin señal

Al descubierto y sin señal

Nos ha tocado vivir, en muchas localidades matanceras a la vez, la involución del hombre a su estadio desconectado. Al descubierto, porque cobertura no tiene. Sin señal, porque ni los dioses parecen prestos a mandarnos una.

Desde hace un tiempo, y hasta lo que parece ser el fin de los tiempos, la conexión emigró de mi barrio. No sé a dónde fue, pero apenas vuelve. Sus visitas son rápidas, como las que se dicen “de médico”, pero de un médico que cura más bien poco. Cuidado y su intermitencia no haga sino presionar sobre la llaga.

Cuando tantos años de apagones vamos sumando a las espaldas, la cada vez más ausente rayita de conexión con el mundo es a veces lo que nos permite sentirnos aún parte de este. Aunque así sea hasta la muerte de la batería y su posterior resurrección, a la hora en que se pueda enchufar un cargador que le dé primeros auxilios.

Cuánto peor no es, por tanto, perder esa última fuente de información, de entretenimiento o de contacto con otros, incluyendo aquellos seres queridos que desde muy lejos nos preguntan cómo estamos y a los que a menudo no sabemos ni cómo responder tal pregunta. De por sí, ya casi no es posible sostener una
videollamada entre las ondas del aire.

El hombre desconectado se vuelve hosco, resabioso y furibundo. Lo sé porque yo lo soy, todos los días y a cualquier hora, incluso, en el momento en que esto escribo. Y depresivo, y frustrado, y… Sobre todo porque el hombre desconectado, para clasificar como tal, tiene que haber conocido previamente las mieles de Google o las redes sociales, y cuesta mucho retroceder cuando el mundo marcha tan por delante.

Aunque, pensándolo mejor, el hombre desconectado no tiene por qué depender de la telefonía móvil para su denominación: ¿no es un ejemplar de esa especie mi pobre abuela, cada vez que levanta el auricular del fijo para comprobar los sonidos del silencio? ¿O cualquier desposeído de celular al que no le queda otro remedio durante el apagón que resignarse a la incomunicación? ¿Cualquier necesitado de ayuda que no tiene a su disposición el logro de Graham Bell para pedirla?

Y es precisamente el elemento de la resignación, a mi juicio, el que más atenta contra la productividad y el ánimo del desconectado que ha dejado cosas pendientes en el mundo electrificado: el mensaje que no logró enviar a tiempo, la información que debe buscar en Internet y no puede, la llamada que resulta imposible realizar a su jefe, su subordinado o quien sea. Trabaje o no, urja o no su necesidad de conectividad, la impotencia es la misma.

El móvil se torna entonces un objeto de lo más complejo sobre la mesa, aunque de momento no nos sirva de mucho, o justo por eso. Es un catalizador de energías. Un recordatorio físico de la realidad que no podemos cambiar. Un saco de boxeo mental contra el que nos volcamos. La burla del destino bajo el nombre de cualquier marca.

Está todavía por verse hasta qué punto este panorama incidirá en el futuropróximo, y más allá, sobre las percepciones tan arraigadas que tenemos de laspalabras formalidad, responsabilidad, puntualidad y alguna otra de distintaterminación pero igual importancia. Lo cierto es que quien nos siga el rastro vital através de nuestros móviles encontrará en nosotros, los desconectadosinvoluntarios, a los trabajadores-familiares-amigos más informales, irresponsablese impuntuales que cabe imaginar.

Ojalá todo en la vida fuese tan duro como no poder sintonizarnos a tiempo connuestros coexistentes o con la red de redes, pero al mismo tiempo ojalá fuese esoposible para, dentro de la negrura, hacernos la vida un poquito menos dura de loque ya está.

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1 Comment

  1. Es algo muy difícil, está sucediendo en toda la provincia…desconozco si en otros lugares del país será igual..pero realmente es duro no poderte comunicar con nadie.
    Me pregunto si se habrán percatado del peligro que lleva la incomunicación?
    Se han preguntado en caso de incendio, como llamar a los bomberos?
    En caso de una emergencia medica, como llamar a una ambulancia?
    Ante un hecho delictivo, como llamamos a la policía?
    No podemos vivir al margen de algo tan necesario como la comunicación, donde quedó aquello de: «En la guerra como en la paz mantendremos las comunicaciones»…..vaya!

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