Jolgorio en el guateque de Pelusín

Jolgorio en el guateque de Pelusín

Fotos: Raúl Navarro González

Los grandes espejos dorados de la Sala White reflejan las verdes y altas palmas de cartulina en su escenario. Ese ruido, a la mitad entre murmullo y carcajada, común en la risa de los niños inocentes sobrevuela el público. No se sabe bien de donde proviene. Surge de cualquiera de los infantes ahí presentes, con sus batas de princesas, sus zapatos de caballeros, su alegría de tul azul.

Pelusín, ese niño que cabe en un bolsillo, con su cabello rubio sol de campiña y sus ojos verde monte y su ánimo de orisha travieso, con sus tretas de maromero invitó, este 17 de marzo, a los pequeños a su guateque. Ahí no habrá porque llorar. Ahí no existe el espanto. Ahí pueden soñar con sus alas más grandes.

Con El guateque de Pelusín, además, queda inaugurado el 16 Festitaller Internacional de Títeres de Matanzas. El evento persigue fomentar y celebrar el arte de las marionetas y el teatro de objetos en sí. Desarrollará sus actividades desde este martes hasta el próximo domingo 22.

Como no pudo ser de otra forma, en la Sala, el protagonismo se lo robó el muñeco creado por Dora Alonso y diseñado por Pepe Camejo, quien este 2026 cumple 70 años. Es un niño muy viejo o un viejo muy niño; pero igual de inventor, de travieso y con un corazón tan grande que romperá en cualquier momento su pecho de tela y madera.

Hubo música, canciones hermosas dedicadas al Títere Nacional. Hubo danza, con esos movimientos no tan limpios como los de los profesionales, pero más sinceros, de los niños artistas. Hubo teatro, porque no podría ser de otra manera. Hubo punto guajiro, para un pequeño guajiro de guayabera blanca y sombrero de yarey.

Rubén Darío Salazar, Premio Nacional de Teatro, aunque sin smoking de tafetán rojo y cola larga, sirvió de maestro de ceremonias. Trabajaron, además, Teatro de Las Estaciones y Papalote, la compañía infantil Gaby y Sofi, entre otros.

René Fernández, Premio Nacional de Teatro y fundador del Festitaller, en su discurso expresó que «los tirititeros nunca terminan, porque siempre hay más por hacer».

Los títeres son minidosis de hombres. Cada personaje tiene sus propios hoyuelos, su personal manera de hacernos reír, su gracia y sus tristezas innatas. Los niños se alegran con ellos, porque un muñeco puede ser un pedazo de ellos, tallado en la madera del sueño de los inocentes.

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