Los therians y una observación necesaria

Ventana Social sobre los Therians. Diseño y Redacción: Boris Luis Alonso y Carlos Daniel Hernández

De la Ventana Social: viñeta sobre los Therians. Diseño y Redacción: Boris Luis Alonso y Carlos Daniel Hernández

Un amigo comparte un enlace a YouTube en el que se ve a un joven llevando una cabeza de caballo —falsa claramente—. «Esto no puede ser cierto», dice mi amigo y nos pone al tanto de lo que está concentrando ahora mismo la atención de la gente en redes sociales.

Y no, no es el bloqueo energético contra Cuba o la crítica situación abierta por este. Tampoco lo es la continuidad de la colonización de Palestina ni la noticia del empleo de armas térmicas capaces de «evaporar» seres humanos por Israel. El asunto, en cuestión, son los therians

Sin detenerse a cuestionar siquiera si se trata realmente de un fenómeno social o, por el contrario, de un comportamiento tan raro como intrascendente, buena parte de la humanidad se ha movilizado para expresar, bien desde la burla, bien desde el hartazgo, su rechazo a «la nueva moda de la generación de cristal», tal y como expresan no pocos internautas. 

La memetización de la tendencia no tarda en aparecer, como tampoco la pléyade de influencers que, en busca de interacciones y visualizaciones, se amparan en el tema para crear nuevos contenidos. La televisión y la prensa se hacen eco igualmente de ello, contribuyendo a la amplificación mediática de algo insignificante. 

El mundo entero se entretiene con la más novel de las banalidades replicadas por el algoritmo sin detenerse a sospechar sobre la casual coincidencia entre el desarrollo de la tendencia y la publicación de nuevos documentos del caso Epstein, que salpican a varios magnates de las grandes tecnológicas.  

La nueva y vacua polémica devela, eso sí, la superioridad de alcance que logran contenidos absurdos, la capacidad del algoritmo y el mundo digital para desviarnos de los problemas reales —porque sí, ahí aún están los problemas históricos que atraviesan a la humanidad, junto a otros nuevos— y el odio que, en apariencia automáticamente, aparece tras cada puerta por la que asome algún elemento que escape lo normativo. 

Ese odio, que encuentra un preocupante eco en los espacios virtuales, ha llevado, por ejemplo, a emular lo therian —aun cuando una y otra cosa no guarden relación alguna— con las percepciones de género y las identidades sexuales no heteronormativas. Narrativa esta impulsada con toda evidencia por la derecha y el conservadurismo que tantos oídos encuentra incluso dentro de algunas izquierdas.  

Ese odio contra lo diferente ha dado lugar, por si fuera poco, a la convocatoria de quedadas de supuestos therians, que han sido en la práctica anzuelos preparados por grupos de ultraderecha o creadores de contenido para cargar contra algún individuo realmente identificado con la exótica idea. 

En algún momento, para este mismo medio, escribí sobre el odio como instrumento histórico de los poderes. El pretexto de mis razonamientos, por aquel entonces, era la virulenta reacción contra una cinta de Hollywood. Mañana, con toda seguridad, surja otro. Y, en tanto, aquí estaremos, divididos y entretenidos por nuestros recelos, nuestro entretenimiento barato y los bretes virtuales, en tanto los ricos acumulan más poder, en tanto nuestras vidas se precarizan, y en tanto, con total impudicia, los poderosos siguen aplastando a los débiles. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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Sobre el autor: José Carlos Aguiar Serrano

Lic. Marxismo-Leninismo e Historia por la Universidad de Matanzas. Ex profesor universitario.

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