Carlos Manuel de Céspedes, personaje dramático

Carlos Manuel de Céspedes

Carlos Manuel de Céspedes, además de ser un patriota cubano, también escribió  obras de teatro. Es, quizás, después de José Martí, uno de los héroes cubanos más convertidos en personaje dramático. 

En 1874, Luis García Pérez escribió desde su exilio en Nueva York su única obra: El grito de Yara, basada en el acontecimiento histórico de 1868. Fue editada por primera vez en esa ciudad estadounidense y luego en México; mezcla lo patriótico e histórico con elementos de melodrama y una fuerte carga de homenaje a los mambises. 

En ella, entre personajes de ficción, aparece Carlos Manuel de Céspedes como protagonista de la gesta de la independencia cubana, que tiene tres locaciones fundamentales: Yara, el Ingenio de la Demajagua y un campamento mambí. El texto refleja las contradicciones y la estirpe revolucionaria del Padre de la Patria.

La segunda obra en que aparece pertenece a Francisco Javier Balmaseda (Remedios, 1823-La Habana, 1907), y lleva el nombre de Carlos Manuel de Céspedes. Es considerado un drama histórico de este fecundo autor y patriota cubano, quien nos legó comedias, piezas del teatro bufo más evolucionado. 

Este texto es un canto homenaje a Carlos Manuel de Céspedes, en el que  aparecen algunos de los sucesos y figuras de la Guerra de los Diez Años, como Ignacio Agramonte, Francisco Vicente Aguilera, Vicente García, entre otros. 

Dos autores contemporáneos vuelven al Padre de la Patria. Primero aparece en La caída, de Raúl Bonachea, Premio Abelardo Estorino 2019, publicada por Tablas Alarcos y ya estrenada. El último en hacerlo fue Yerandy Fleites Pérez, con La soledad amorosa de Carlos Manuel de Céspedes, que parte de un texto de José Lezama Lima, y de la cual ya se hicieron dos lecturas. 

La caída toma como pretexto la Constitución de la República en Armas de 1868, utiliza las figuras históricas de Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte, desde la inmersión ideológica en un contrapunteo interroga sobre nuestro pasado y el presente de la sociedad cubana. 

La propuesta de Fleites, en este 2025, se diferencia de la de Bonachea en que se basa en la biografía, en su diario, por lo que lo considero el más completo acercamiento a tan relevante figura, desde la dramaturgia cubana, amparado en la distancia temporal, en el manejo de fuentes y una concepción moderna. 

Es un texto de poderoso sentido dramático, que revela con fuerza la magnitud histórica y humana del personaje desde una aguda y profunda inmersión en sus conflictos más cruciales, y enaltece su estatura épica. Un texto-poema que juega con el tiempo, los espacios, los universos de la vida y la muerte, de la realidad y la ficción, que produce un diálogo fragmentado, experimental, donde se conjugan la memoria y el presente, como parte viva, polémica, trascendente de la nación.

Leer y ver representadas estas obras, escritas en diferentes épocas, en el primer caso, por dramaturgos insurrectos, más cercanos a la etapa de vida y muerte de Carlos Manuel de Céspedes, y en el segundo, desde la perspectiva de dos jóvenes dramaturgos contemporáneos, es un homenaje auténtico y visceral al Padre de la Patria.


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Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

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