Ceremonias de húesped, de Mercedes Melo: Donde una poeta matancera saluda con modernas bendiciones a otra poeta que escribe sonetos para el deleite de los lectores todos.
Me arrepiento sobremanera por demorar tanto en leerme este libro. Han transcurrido más de tres años de su hechura en Ediciones Matanzas, bajo la mano del rey Midas, alias Alfredo Zaldívar, el diseño exclusivo de Johann E. Trujillo y la mirada final de Amarilis Ribot.
Sin ceremoniales de por medio, hace apenas unos días tocó la puerta de mi cuarto, se coló en mi mosquitero de tul y, entre fulgores de la linternita de porquería de mi celular, bombardeó mi antesueño con la gratia plena de sus sonetos. Contentamiento para la zona poética que tengo instalada en un tercio de mi corazón. Delectación milagrosa para la lectora que me habita y a quién Oswaldo vle fascina descubrir semejantes agarres líricos, joyitas en medio de tanto y tan poco o, como me gusta decir, estos tiempos que malcorren.

Primera declaratoria oficial: la escritora, filóloga y profesora Mercedes Melo Pereira —nacida en La Habana y para el mundo—, hace y deshace en Ceremonias del huésped a su antojo. Sojuzga la consabida estructura, divulgada desde Sicilia (ah, la bella ciudad mediterránea), allá por el siglo XIII en la corte de Federico II, y la transfigura en clarinada poética para dicha de quienes reverenciamos la buena poesía.
Insisto en lamentarme por la demora en su lectura, porque hubiera compartido estas impresiones con el poeta y diseñador Rolando Estévez Jordán, quien junto a Isolina Bellas y al propio Zaldívar, concedieron al cuaderno Bitácora, de Mercedes Melo, el Premio Extraordinario de Poesía Centenario de Digdora Alonso, en el 2021.
De manera ampliada, Bitácora volviose un libro con más investiduras, ulteriormente renombrado como Ceremonias del huésped. Y me quedé con las ganas de comentarle a Estévez que me parece maravillosa la decisión del jurado y que no me quedé con las ganas de ganar el concurso, porque con este volumen ganamos todos los lectores cubanos. Con la pasión que nos asiste, desde su cocina Zaldívar me ha escuchado emocionado la lectura de algunos textos. Él volvía a degustarlos después de su edición.

Dividido en cinco momentos («Mitológica», «Sonetos a la tarde», «Ceremonias del huésped», «Ceniza y marfiles» y «De la virtud»), en este poemario la autora baraja sus decires, recordándonos la libertad formal cercana a los modernistas. Enfatiza el hecho de destructuralizar las estructuras formales del soneto. Todo en la justa medida, para continuar de maneras muy coherentes sobre la saga de los clásicos.
Segunda declaratoria oficial: jamás me pondría a analizar las estructuras de arte mayor y menor de las que se arma, hasta los dientes, Mercedes Melo. Sabido es que lo mismo puede ganarse un Premio Nacional de la Crítica, o uno de La Gaceta de Cuba con libros de narrativa, que reinventar otro Violante, ahora para la literatura cubana. Y si después el maestro Virgilio López Lemus me regaña por algo que dije mal con respecto al soneto…

Hay batallas, amores y comentarios que jamás deben iniciarse. Que se encarguen los lectores de juzgar. Mas, aseguro que amarán los temas y la manera tan genuina de «contar» con escogidas palabras, de las que se apropia como si las hubiera inventado para enternecer la poesía, para suerte nuestra.
Por tanto… tercera y última declaración oficial y explícitamente personal: me he quedado prendada ante tanta habilidad técnica, el uso de referentes universales, maniobrados sin petulancias ni adulaciones y de su finísimo humor, que emerge a ratos.
¿Mis sonetos favoritos? Por supuesto que la «Teogonía matancera…», pero una mujer poeta como yo no puede pasar por alto un texto intitulado «Donde una dama despide con antiguas bendiciones a un caballero que la frecuentó en amores». Como para que sufra de desazones profesionales el propio Amado Nervo, el mismísimo Rubén Darío, o la dueña de una Musa sentada sobre un éter de oro…

Hombres, mujeres, paisajes, mitos, ríos, noches, circunstancias, ensueños, más, más. Todo le funciona a Mercedes Melo para comportarse como la anfitriona ideal en Ceremonias del huésped.
Su hijo, otro grande de las letras cubanas, logra definir vehementemente con un soneto —devenido homenaje— en la contracubierta, el convite literario al que todos estamos invitados.
Auguro —lo deseo tanto— buenas lecturas.
(Por Maylan Álvarez/ Texto leído en septiembre de 2025, como parte de las presentaciones de Ediciones Matanzas, en el espacio Sábado del Libro, auspiciado por el Instituto Cubano del Libro y realizado en la habanera calle de Madera.)
Dos poemas de Ceremonias del huésped, de Mercedes Melo
(Ediciones Matanzas, 2023)
De «Mitológica»
(tres)
Es Matanzas: la Virgen Peregrina
me cubra con su manto. La piedad
del pueblo inunda calles. Su bondad
derrama entre la gente que camina
junto a su rastro el agua cantarina
de otro río de amor y de verdad.
Paridora divina, libertad
que habitas en la sangre de la espina,
intercede por mí ante la divina
presencia de tu Hijo. Majestad,
no adviertas esta temblorosa y fina
fe con que te suplica mi otredad:
mira tu amor, Madre de la Cecina,
Señora nuestra de la Caridad.
De «Cenizas y marfiles»
Donde una dama despide con antiguas bendiciones
a un caballero que la frecuentó en amores
Si una flor recibiste de mi mano
y un lacayo subiste a mi pescante,
si en la bruma del polvo caminante
encontraste un reposo, si el pantano
me fue leve en tus abrazos, si el cercano
enigma de la vida agonizante
te ha mostrado su rostro alucinante,
invisible al ungido y al profano,
si el terror de la tierra y del gusano
te devuelve a otra tierra apasionante:
yo te auguro una esposa y una amante
y un amigo y un hijo y un hermano:
que el camino te sea liso y llano,
que tengas una vida interesante.
