¿Por qué acusan al General de Ejército Raúl Castro?

Mientras el General de Ejército Raúl Castro, y el pueblo cubano, se alista para festejar su 95 cumpleaños, la maquinaria propagandística del imperio se afana en fabricar una acusación tan absurda como predecible: imputar al entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) el derribo de dos avionetas de la organización terrorista «Hermanos al Rescate».

La maniobra, promovida por los sectores más reaccionarios de La Florida, no es más que un eslabón en la construcción de un expediente de mentiras para justificar una probable intervención militar en nuestro país. Sería cómico si no fuera tan peligroso.

Cuba, como cualquier nación soberana, tiene el derecho inalienable a la legítima defensa. El derecho internacional y el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas reconocen ese principio, ya que cualquier estado agredido puede defenderse. Eso es exactamente lo que ocurrió el 24 de febrero de 1996, cuando las FAR derribaron dos Cessna de «Hermanos al Rescate».

Esta no fue una agresión a la ligera, sino la respuesta a una campaña sistemática de provocaciones que incluía violaciones recurrentes del espacio aéreo cubano y el lanzamiento de propaganda subversiva. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, a través de sus perfiles en redes sociales lo ha dejado claro los últimos días. «Cuba se prepara para enfrentar una agresión externa en ejercicio del derecho legítimo a la autodefensa reconocido por la carta de la ONU». Ese derribo, lejos de ser un acto de barbarie, fue un acto de necesidad para proteger la integridad territorial de la nación.

Ahora, desmontemos la máscara humanitaria de «Hermanos al Rescate». La historia es antigua, pero quienes aún se la creen son víctimas de un lavado de cara al más puro estilo hollywoodense. La organización, creada en la ciudad de Miami el 15 de mayo de 1991, no era un grupo de ángeles guardianes de balseros, sino una pantalla para el terrorismo. Su fundador, José Basulto, ha sido un activo agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desde la fracasada invasión de Playa Girón en 1961.

Los héroes antiterroristas cubanos René González y Gerardo Hernández, quienes padecieron injustas condenas en cárceles del imperio, han desmontado con creces la farsa: «Basulto y William Schuss —señaló González— fueron entrenados en sabotaje, terrorismo, técnicas de infiltración y propaganda por la CIA. Muy jóvenes estuvieron involucrados en la operación de Playa Girón».

Los documentos desclasificados por el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) en estos últimos días de mayo de 2026 son bastante elocuentes. Revelan que altos funcionarios de la administración Clinton sabían que las provocaciones de «Hermanos al Rescate» acabarían en tragedia. Un correo electrónico de la Administración Federal de Aviación (FAA) de enero de 1996 ya advertía sobre el «peor escenario» y que «algún día los cubanos derribarán uno de estos aviones». Incluso, el 23 de febrero de 1996, Richard Nuccio, asesor de la Casa Blanca para Cuba, alertó al Consejero de Seguridad Nacional, Sandy Berger, de que las tensiones eran tan altas que se temía que los cubanos actuaran. Sin embargo, la FAA se negó a retirar la licencia a Basulto, permitiendo que volara con planes de vuelo falsos.

¿Qué buscaban Basulto y sus secuaces con estas provocaciones? El propio terrorista lo confesó: buscaban un «Maine volante o aéreo», una nueva versión del acorazado que explotó en La Habana en 1898 para justificar la intervención yanqui. La estrategia es la misma de siempre, y de tanto conocerla ya se nos hace aburrido tener que repetirla. Crear un incidente, acusar a Cuba de agresora y, entonces, proceder al «rescate» del pueblo cubano.

El informe de la organización terrorista detalla que orientaron a sus pilotos a «acostumbrar» a los radares cubanos, interferir comunicaciones y evaluar la vulnerabilidad de la defensa cubana. ¿a quién pretenden engañar ahora 30 años después?

La acusación contra el General de Ejército es, por tanto, un acto político carente de fundamento legal. Es una cortina de humo para contentar a la mafia anticubana de Miami, que históricamente ha financiado y protegido a grupos terroristas como éste. No hay jurisdicción que valga, ni pruebas consistentes, solo la pretensión de demonizar a un líder revolucionario.

De paso, todo este circo se suma a las más recientes medidas que la administración Trump ha emitido, entre ellas, órdenes ejecutivas —como la 14404 del 1 de mayo de 2026— que sancionan a nuestro país bajo el falso pretexto de que representa una «amenaza inusual y extraordinaria». El objetivo real es asfixiar económicamente a nuestra isla y generar las condiciones para una «toma amistosa» o una invasión abierta.

Mientras la derecha floridana lo calumnia, el General de Ejército Raúl Castro es mucho más que la caricatura que pretenden mostrar. A sus 95 años, todos los cubanos celebramos sus seis décadas de lucha, desde que siendo un universitario se vinculó a la juventud socialista y participó en la Conferencia por los Derechos de la Juventud en Viena. Fue el estratega militar que abrió el Segundo Frente Oriental «Frank País» y el ministro que, durante cerca de 50 años, forjó unas Fuerzas Armadas Revolucionarias que son, como las definió Camilo, «el pueblo uniformado».

Su lado humano, su pragmatismo y su lealtad al Comandante en Jefe Fidel y al Che lo convirtieron en el artífice de la actualización del modelo económico cubano y del proceso de relevo generacional, entregando el mando al presidente y primer secretario Miguel Díaz-Canel sin aspavientos, pero con la firmeza de quien sabe que «mientras viva estaré listo, con el pie en el estribo, para defender a la Patria, la Revolución y el Socialismo».

Hoy, tras el rimbombante anuncio y la alegría desmedida de cierto sector de la comunidad cubana en La Florida, el presidente Díaz-Canel fue bastante claro. En su perfil de la red social X, reconoció que esta nueva patraña es “… una acción política, sin ningún basamento jurídico, que solo busca engrosar el expediente que fabrican para justificar el desatino de una agresión militar a Cuba.

“EE.UU. miente y manipula los sucesos alrededor del derribo de las avionetas de la organización narco-terrorista Hermanos al Rescate, en 1996.

“Sabe bien, porque sobran evidencias documentales, que no se actuó de manera imprudente ni se violó el derecho internacional, como sí vienen haciendo fuerzas militares estadounidenses, con sus fríamente calculadas y abiertamente publicitadas ejecuciones extrajudiciales sobre embarcaciones civiles en el Caribe y el Pacífico.

“El 24 de febrero de 1996, Cuba actuó en legítima defensa, dentro de sus aguas jurisdiccionales, tras sucesivas y peligrosas violaciones de nuestro espacio aéreo por connotados terroristas, de lo cual la administración estadounidense de turno fue alertada en más de una decena de ocasiones, pero hizo caso omiso de las advertencias y permitió las violaciones”.

Por su parte, la cancillería cubana, a través del ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez, destacó que la acusación contra el General de Ejército es “un acto que descansa en la mentira y oculta verdades históricas debidamente documentadas sobre los acontecimientos que llevaron al derribo, en espacio aéreo cubano y en legítima defensa, de dos aeronaves de la organización terrorista Hermanos al Rescate.

“Se pretende reforzar la narrativa fraudulenta para justificar la agresión reforzada contra el pueblo cubano. Lo hace el mismo gobierno que ha sido cómplice de la organización y ejecución de acciones terroristas y violentas contra Cuba desde su territorio y que ha cometido recientemente crímenes de ejecuciones extrajudiciales contra cerca de 200 personas en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, por supuestos vínculos con operaciones de narcotráfico.

“Cuba no renunciará a su derecho inalienable a la legítima defensa”, concluyó.

El imperio construye un caso falso para justificar una guerra. La acusación a Raúl no es sobre justicia, sino sobre política y expansión. Pero Cuba no está sola ni está desarmada. Hemos denunciado esta fabricación de pretextos y advertimos que cualquier ataque encontrará una respuesta contundente.

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Sobre el autor: Gabriel Torres Rodríguez

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