Es muy común que Estados Unidos señale a Cuba como «amenaza» mientras la verdadera amenaza —el bloqueo, las invasiones, los atentados, la asfixia económica— viaja en dirección inversa, de Washington a La Habana.
La semana pasada, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, aterrizó en la capital cubana para reunirse con altos funcionarios del Ministerio del Interior. La escena, de por sí inusual —ya que el jefe de la agencia de espionaje estadounidense cruce el estrecho de la Florida en plena escalada de tensiones no es algo que ocurra muy seguido—, esconde una contradicción que ningún maquillaje mediático puede disimular.
Si Cuba es una amenaza, ¿por qué viene a hablar el director de la CIA? Si Cuba es un peligro inminente, ¿por qué el gobierno cubano aprovechó el encuentro para demostrar, una vez más, que lleva más de sesenta años sin lanzar una sola acción ofensiva contra Estados Unidos?
Pero, como siempre hacemos en esta sección A Contragolpe, es preciso desentrañar y entender la historia y sus resortes, para poder explicar el presente. La narrativa de la «amenaza cubana» nació el mismo día que la Revolución triunfó.
El 16 de marzo de 1960, el presidente Dwight Eisenhower aprobó el «Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro», un plan que incluía bloqueo económico, aislamiento internacional, operaciones terroristas y la creación de una fuerza paramilitar destinada a invadir la isla.
La CIA bautizó su parte más sucia como «Operación Generosa», aunque de generosidad no tenía nada: su objetivo era organizar el asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro, la destrucción de las comunicaciones cubanas y el sabotaje generalizado antes de la invasión de Playa Girón. Ese es el origen del relato, no la amenaza real, sino la necesidad de justificar una agresión.
Desde entonces, cada administración estadounidense ha repetido la misma cantinela. En 1961, la fracasada invasión de Playa Girón demostró que unos mercenarios entrenados por la CIA no podían con milicias populares movilizadas en menos de 72 horas. En 1962, el Estado Mayor Conjunto propuso la Operación Northwoods para atentar contra civiles estadounidenses y culpar a Cuba para justificar una invasión. Desclasificado. Real.
En 1976, la CIA protegía al terrorista Luis Posada Carriles, agente de la agencia y nacionalizado venezolano, quien planeó el derribo del vuelo 455 de Cubana de Aviación, en el que murieron 73 personas. Posada Carriles, pese a ello, murió libre en Miami, sin cumplir un solo día de prisión por aquella masacre. En 1997, bombas en hoteles de La Habana asesinaron al turista italiano Fabio di Celmo. Posada Carriles admitió su participación. No fue procesado.
La lista es interminable. Por ejemplo, incluye los más de 600 intentos de asesinato documentados contra nuestro Fidel por el Comité Church del Senado estadounidense; la guerra bacteriológica mediante la Operación Mangosta que provocó más de 150 incendios en plantaciones de caña; la red social falsa ZunZuneo financiada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para fomentar una «primavera política»; y décadas de financiamiento a medios subversivos vía la USAID y la Fundación Nacional para la Democracia (NED).
Como resumió el presidente Miguel Díaz-Canel en su cuenta de X el pasado 12 de mayo: «En más de seis décadas de Revolución socialista, a 90 millas de EE. UU., jamás ha salido de este territorio una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional de ese país». Y añadió: «Cuba ha contribuido con EE. UU. a preservar su seguridad en el enfrentamiento a delitos transnacionales de diversa índole».
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Este 14 de mayo, Ratcliffe se sentó frente a sus contrapartes cubanas. Según el comunicado oficial del gobierno revolucionario, el encuentro sirvió para «contribuir al diálogo político entre ambas naciones» y demostrar «categóricamente que Cuba no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE. UU., ni existen razones legítimas para incluirla en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo».
¿Qué busca Washington con esta visita? Bueno, en aras de alejarme de especulaciones, creo por un lado, que la versión oficial estadounidense, filtrada a la prensa, habla de un ultimátum. Según ellos, Ratcliffe viajó para entregar un mensaje de Trump en el que advierte que hay «tiempo limitado» para que Cuba acepte un diálogo que implique «cambios fundamentales».
La amenaza es clara, y es su posición declarada mediáticamente, o se negocia la rendición, o se intensifica el cerco. No obstante , los asuntos políticos reales se manejan siempre de otras maneras…
En otro lado de la historia, también creo que la visita es un reconocimiento tácito de que el bloqueo no ha funcionado, de que el pueblo cubano sigue en pie a pesar de la asfixia, y de que Estados Unidos necesita algún tipo de salida diplomática a un conflicto que no puede ganar militarmente.
En cualquier caso, la hipocresía persiste. La delegación estadounidense llegó a nuestro país mientras nuestro pueblo y nuestra economía se queda sin combustible, víctima de un bloqueo energético total que ha sido advertido incluso por la ONU como un posible «colapso humanitario».
El ministro de Energía cubano, Vicente de la O Levy, declaró hace pocos días que «el impacto del bloqueo nos está causando un daño significativo… porque todavía no estamos recibiendo combustible».
El informe presentado por el canciller Bruno Rodríguez el 17 de septiembre de 2025 ante las Naciones Unidas es suficientemente elocuente. Entre el 1 de marzo de 2024 y el 28 de febrero de 2025, el bloqueo causó daños y perjuicios materiales a Cuba estimados en poco más de 7 mil 556 millones de dólares.
No hay sector de la vida social y económica que escape a sus efectos. Dos meses de bloqueo equivalen al costo del combustible necesario para satisfacer la demanda eléctrica normal del país. Cinco días de bloqueo equivalen al financiamiento necesario para reparar una de las principales termoeléctricas.
El impacto humanitario es aún más devastador. El sector educativo sufrió pérdidas directas estimadas en 75,5 millones de dólares entre marzo de 2022 y febrero de 2023, y esa cifra ascendió a 89,7 millones en el período 2024-2025. Más de 118 600 niños de preescolar y primer grado no han contado con todos sus cuadernos de aprendizaje por la imposibilidad de adquirir insumos. La cancelación de un crédito a un molino de papel canadiense, por presiones norteamericanas, impidió la producción de 76,9 millones de libretas, libros y cuadernos. Solo en 2023, el déficit incluyó 4,5 millones de lápices.
En el sector de la salud, el bloqueo impide la adquisición de reactivos, equipos de diagnóstico y medicamentos esenciales. La crisis de combustible, agravada por el bloqueo energético, ha provocado apagones continuos que afectan hospitales, quirófanos y bancos de sangre. El propio Secretario General de la ONU advirtió que la situación humanitaria en Cuba «empeorará, si no colapsa, si no se satisfacen sus necesidades de petróleo».
Cómo hemos analizado en otras ocasiones, esto no es un daño colateral. Es el objetivo explícito de una política diseñada para causar el máximo sufrimiento posible, hasta que el pueblo cubano —como imaginan los estrategas de la Casa Blanca— se rinda. No lo ha hecho en 65 años. No lo hará ahora.
Sin embargo, la administración Trump insiste. Mientras Ratcliffe se reunía en La Habana, el secretario de Estado Marco Rubio renovaba una oferta de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria condicionada a que sea la Iglesia católica quien la distribuya, saltándose al gobierno cubano. La respuesta del presidente Díaz-Canel fue la misma que ha dado Cuba durante décadas. «El daño podría aliviarse de un modo más fácil y expedito con el levantamiento o alivio del bloqueo, pues se conoce que la situación humanitaria es fríamente calculada e inducida» por Washington.
No es ayuda lo que ofrece Washington. Es chantaje. Y Cuba, que ha aprendido a resistir sin pedir limosnas, lo sabe bien.
Cuba no ha lanzado una sola ofensiva militar contra Estados Unidos. No tiene bases extranjeras en su territorio. No alberga grupos terroristas. No exporta armas. No promueve golpes de Estado. Sin embargo, ha sufrido invasiones, atentados, sabotajes, guerra bacteriológica, asesinatos selectivos y el bloqueo más prolongado de la historia moderna. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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