Entre sirenas, aplausos y un grito unánime de “¡Matanzas campeón!”, la Atenas de Cuba se tiñó de rojo para recibir al rey de la 64 Serie Nacional de Béisbol. La caravana del conjunto yumurino recorrió las principales arterias de la ciudad, acompañada por un pueblo que convirtió la jornada en una celebración colectiva.
Desde temprano, los matanceros que no pudieron presenciar la final en el estadio Victoria de Girón salieron a las calles de la Ciudad de los puentes para saludar a sus campeones. Familias completas, niños con banderas y aficionados vestidos con los colores del equipo siguieron el trayecto de los monarcas en un ambiente de fiesta popular.

El punto más emotivo del recorrido fue en el Entre Puentes. Allí, con vítores cerrados y aplausos sostenidos, se celebró la hazaña del conjunto dirigido por Armando Ferrer, quien suma tres títulos en los últimos seis años al frente de los Cocodrilos, consolidando una etapa de resultados para la novena yumurina.
El capitán, Eduardo Blanco, agradeció el respaldo incondicional: “Siempre confiamos en que ustedes nos apoyarían a pesar de las dificultades. Cuando supimos que no jugaríamos en el Victoria de Girón, el grupo se unió más. No podíamos regresar sin el trofeo”. Sus palabras desataron otra ola de consignas y el ya habitual coro de “¡Matanzas! ¡Matanzas!”.

La emoción también marcó el reconocimiento al propio Ferrer. El mentor, que vivió momentos complejos de salud en los últimos años y regresó para conducir nuevamente al equipo, fue recibido con una ovación cerrada.
“Sabíamos que no iba a ser fácil. Felicito a este pueblo que nunca dejó de creer”, expresó ante la multitud.

Con el trofeo en alto y la ciudad volcada a las calles, Matanzas celebró un título que trasciende lo deportivo. Es la confirmación de un proyecto sostenido en el tiempo y del vínculo fuerte entre equipo y afición. Una vez más, la Atenas de Cuba respondió a su lema: campeones dentro y fuera del terreno.


