“¿Con este frío a ver pelota?” Pues sí. Dicen que hubo quien detuvo labores de limpieza, el estudio para cierta última convocatoria de prueba de Filosofía, a la que la emoción le dio tan fuerte que se llenó la cara de emes, y hasta aquel que le costó tanto salir de la cama que, cuando por fin partió raudo y veloz para el estadio, se llevó consigo la colcha.
Los claxon sostenidos y la algarabía de quienes se sumaban al embullo de acompañar al equipo resonaban en la ciudad como motivación difícil de ignorar, tan así, que la convocatoria arrastró a dirigentes del Partido y el Gobierno, estudiantes, niños, ancianos… un mar de pueblo que se siente pelotero hasta la médula.
Si bien la jornada se vaticinaba como una de las más frías, posiblemente, de los últimos 15 años, desde temprano, este domingo, comenzó el movimiento hacia el Victoria del Girón que, contra todo pronóstico y brisas “polares”, llenó sus espacios; porque nunca será igual la emoción tras el vidrio que desde las gradas y con la conga sonando a tus espaldas.



En motorcitos, motorinas, bicitaxis, a pie, y hasta a caballo, llegaron los fanáticos al primer encuentro de la semifinal entre Cocodrilos y Leones. Pero los capitalinos no se quedaron detrás, y acortaron distancias detrás de los azules que tanta gloria también han llevado a los suyos.
El desafío sacó de casa a una afición ávida de entretenimiento y con una pasión por el deporte nacional que se mantiene inmune a apagones, crisis de toda índole y hasta a temperaturas extremadamente bajas, a las que no estamos adaptados los cubanos.
Pero, sin dudas, valió la pena cada desplazamiento, desde aquí y desde allá, porque el encuentro fue una verdadera fiesta donde hubo de todo: desde fildeos de oro en los jardines, errores que celebraron carreras, altísimos foul capturados en el guante y hasta un robo de home, jugadas que pusieron a miles de pie.
En el Palacio de los Cocodrilos hubo niños pequeños con gorritos, guantes y bufandas gritando por los suyos; cuerpos cubiertos por mantas gigantes tal cual desafío en Alaska; comentaristas deportivos de la escuela de la calle analizando con pasión movimientos y decisiones; lloviznas que se pasaron en las gradas aunque se sintieran como granizos golpeando el rostro; gritos de euforia; manos al cielo agasajando jugadas que parecían de dioses.





Los del pantano se llevaron el primer e importante triunfo, a sabiendas de que Industriales no será rival fácil en el torneo. El béisbol es así: una balanza que se mueve, un juego al que puede decidir una sola jugada, una mezcla de emociones que viene y va desde todos las partes, un encuentro entre rivales a los que fusionan, luego, los abrazos.



Este lunes volverá la magia sobre el terreno y el desfile de fanáticos a apoyar a los suyos. Da igual si se durmió con luz o si el termómetro marque pocos grados más que cero, el Victoria de Girón será nuevamente un hervidero de pasiones. Con frío o sin frío, lo de la pelota ciertamente es muy grande. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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