Crespo y la última fábrica de retenes

Crespo y la última fábrica de retenes

En Matanzas, Lázaro Antonio Crespo Pérez es más que un jubilado: es el único capaz de fabricar retenes para carros, motos y guaguas, en un momento en que el país dejó de importarlos. Ingeniero mecánico y Vanguardia Nacional de la ANIR, ha dedicado décadas a diseñar moldes, perfeccionar técnicas y sostener el transporte de empresas, hospitales, cooperativas y particulares. Cada pieza que sale de su taller, hecha a mano con caucho y precisión, es pequeña, pero decisiva: evita que un motor pierda aceite y permite que rutas y servicios sigan funcionando.

Sin embargo, su oficio sobrevive bajo amenaza. Durante años logró adquirir el compuesto de goma necesario mediante contratos y pagos en divisas, pero en 2025 los trámites se hicieron imposibles: bancos que no procesan pagos, empresas que remiten a otras, exigencias de cuentas en el extranjero.

En sus propias palabras: “Muy pronto la materia prima se acabará y todo lo logrado se derrumbará: innovaciones de distintos moldes y soluciones técnicas para la fabricación de retenes de vehículos. Todo se perderá, y también el esfuerzo realizado”. A esto se suman los apagones y la falta de gas, que interrumpen jornadas enteras y encarecen el trabajo.

El taller de Crespo es más que un espacio de producción: es un refugio de innovación y resistencia. Este fotorreportaje documenta un conocimiento único, sostenido por la experiencia y la voluntad de un hombre que continúa resolviendo problemas vitales, pero se necesitan garantizar los medios para que oficios como el suyo sigan existiendo.

Cuando el poco caucho se agote, no solo se perderán moldes y años de trabajo, también se resentirá la movilidad y la vida de quienes dependen de ella.

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Sobre el autor: Raul Navarro González

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