El Cinematógrafo: ¿Cómo hacer de la violencia y el deseo un Buen trabajo?

El Cinematógrafo: ¿Cómo hacer de la violencia y el deseo un Buen trabajo?
El Cinematógrafo: ¿Cómo hacer de la violencia y el deseo un Buen trabajo?

En medio del desierto, una legión francesa entrena mientras su general, fumando un cigarro, observa con detenimiento a dos soldados. En sus ojos hay deseo, y lo mismo ocurre con uno de los hombres observados: el sargento Galoup, de facciones fuertes y mirada difícil, músculos definidos y una voz terminante; el otro es un recluta llamado Sentain. Galoup desea con todo su ser adueñarse del cuerpo de Sentain y desaparecerlo, encontró en la vida militar la disciplina necesaria para enfrentar ciertas seducciones del sexo masculino que destruirían su reputación de sargento que nunca sonríe.

Esa es la historia de deseo y violencia que narra Claire Denis en apenas una hora y media. Buen trabajo se nos presenta como una obra queer, sin escenas sexuales o menciones directas a la homosexualidad. En cambio, confecciona con una sensibilidad envidiable un catálogo repleto de imágenes homoeróticas que no dejarán indiferente a nadie. Brazos y piernas semidesnudas; rostros llenos de tierra, escarcha, agua y sangre; y músculos tensos que protagonizan close-ups de infarto.

Denis crea su propio paraíso, un Edén donde las leyes de los dioses y los hombres no existen, y la palabra sexo es sinónimo de control y poder. Esta mortal combinación destroza el teatro que Galoup ha vivido por años. Cuando la manzana prohibida cae del árbol y ruedan los créditos, sabemos comprendemos que hemos sido testigos de una cinta quimérica de destierros, represión y ansia.

Almodóvar diría que el deseo es una ley; Von Trier, que es la fuerza con que las ninfas respiran (Ninfomanica parte I y II) y los asesinos seriales cometen sus crímenes (La casa que Jack construyó);Campion, que es un sinónimo de posesión (El poder del perro) y Park Chan-wook, un simple y llano Macguffin (The Handmaiden, Decision to leave o Thirst). Denis, por su lado, construye su visión con escenas de violencia, abuso de poder y disciplina. ¿Acaso no son todas esas palabras elementos que podrían definir una relación sentimental?

La cinta ahonda en las relaciones pasionales que pueden cegar al ser humano. El sargento intercambia roles de dominación con su comandante, pasando de sumiso a dominante; aunque ninguna de estas definiciones lleva dentro de sí connotaciones sexuales algunas: son meras metáforas. Para Galoup el sexo es sumisión y, por tal razón, utiliza la disciplina militar como un muro que le impide traspasar escenarios mentales ingeniados por su subconsciente.

Esto es lamentable, considerando que debajo de esa coraza de hierro, tierra y humo de cigarrillos se esconde una persona aterrada por cómo reaccionaría la sociedad ante sus preferencias sexuales. Gracias a un diario, donde escribe regularmente, conocemos pensamientos, opiniones y reflexiones que no se atrevería a expresar fuera del papel. En esas cuartillas aparece un hombre sensible, calmado y paciente: la antítesis perfecta de todo lo que refleja cuando está frente a la legión.

En su pecho lleva un tatuaje que reza “Haz bien tu trabajo y muere”,frase que resume su triste estilo de vida de sargento: tender la cama en las mañanas, entrenarse a sí mismo y a sus reclutas, fumar, escribir, pensar, castigar y dormir. Esta rutina le permite sobrevivir y con ella institucionaliza su vida a la vez que le traza un punto final.

¿Pero qué cae más estruendosamente que un ministerio?

Y con ello me refiero al exterminio que hace nuestro protagonista de la persona que ha interpretado por años. Comete un crimen pasional y justificado, cuyo desenlace da forma a la última escena de la película: él bailando arrítmicamente The rythim of the night, adueñándose de la música, fumando otro cigarro de forma llamativa, viviendo el éxtasis de la libertad y desplomándose en el suelo. Somos testigos de la demolición de un edificio antiguo, out of fashion.

La diáfana y precisa imagen de sí mismo con que cargaba murió en el desierto. La masculinidad exagerada y mimética con que se comunicaba quedó sepultada bajo tierra, cuando los nudos argumentales del guion lo arrinconaron, y debió tomar una decisión. Nosotros, los espectadores, fuimos entonces las moscas dentro de sus cadáveres y los eufóricos testigos de su gloria.

Denis compone así una épica sobre la masculinidad, el deseo reprimido y las distintas formas que adopta. El macho rudo y duro escribe un diario donde refleja todo su dolor. El fantasma de Taxi driver aparece durante todo el filme, ¿o debería decir el fantasma de Paul Shrader? Mientras Claire Denis agarra con sus manos el cine de guerra; Jane Campion hizo lo mismo, pero con el western, gracias a su magnífica El poder del perro. Por si fuera poco, Barry Jenkins trabaja la misma idea en su igual de disruptiva Moonlight.  

Lea también

La familia y círculos sociales ignoran lo tóxico de las imposiciones de género

Macho, varón, masculino… tóxico

Macho, varón, masculino… tóxico. No, no empleo la última palabra del título por sumarme a esa moda actual que usa las conjugaciones de “toxicidad” en canciones, memes y dinámicas interpersonales. Read more »

Recomendado para usted

Foto del avatar

Sobre el autor: Mario César Fiallo Díaz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *