El maltrato infantil y sus demonios

Maltrato infantil: sufrir en silencio
El maltrato infantil y sus demonios

Un niño asesinado a golpes, sí, cuesta creerlo pero no hay manera sutil de disfrazar la verdad. La noticia rueda de boca en boca, de post en post y los comentarios rabiosos e impotentes en el ciberespacio le dan la vuelta al orbe, sin que nadie entienda razones.

¿Cómo una madre fue capaz de arrebatar la vida de su hijo? O si no lo hizo, ¿cómo permitió que alguien de mala entraña le pusiera la mano encima a un pequeño que apenas comenzaba a desandar la vida?

No es la primera vez que sucede en Matanzas un hecho de este tipo, pero felizmente con los dedos se cuentan las historias con desenlace fatal. Aunque los accidentes por negligencia sí ocurren y los especialistas de la salud alerten que eso también es una modalidad de maltrato infantil.

Pero que no sea la primera vez no quiere decir que no sorprenda y sobretodo que no duela en exceso. Más allá de sensacionalismos, la muerte de un infante cala en todas las capas de la sociedad y nos hace preguntarnos si estamos involucionando, porque incluso en los animales existen fehacientes muestras de excelentes madres que lo dan todo por sus crías y las defienden con garras y dientes.

Ser madre conlleva responsabilidades y deberes que no pueden obviarse. Los hijos no son juguetes que hoy te atraen y mañana se desechan, ni obligaciones de terceros que no los planificaron y deben asumir tus errores o cuentas mal sacadas, y muchísimo menos sacos de boxeo con los que canalizar iras por los problemas de viviendas, apagones, alimentación o cualquier otro de la índole que sea. 

No podemos justificar las malas acciones en la crisis que golpea a un país, ni la pérdida de valores tan esenciales para el buen convivir en las limitaciones que imperan en estos  tiempos.

Ser madre es un privilegio que infelizmente no todas las mujeres tienen, aun queriéndolo. No viene con un manual de cómo hacerlo bien o qué no debes hacer. Toca en el camino aprender, reinventarse y convertirse en una mejor versión cada día.

En el catálogo viene de todo: desde ternura por montones hasta malas noches por gripe, productos matemáticos, risas, ecuaciones e incluso clases de sexología cuando curse la adolescencia. Todo menos violencia, eso no viene por regla y añadirlo debe penalizarse con todo el rigor del mundo.

No sé quién dijo la disparatada frase de que “los golpes enseñan”, cuando lo que sí es una verdad absoluta es que la violencia destruye, por mínima que sea, y deshace objetos materiales, cuerpos, relaciones, familias. Corrompe todo lo que toca, y sus huellas siempre quedan, sean visibles o no.

Maltratar nunca estará justificado, ni por un llanto que no cede, ni por la hiperactividad fuera de control o por la aparente desobediencia. Nada justifica un niño asesinado a golpes. Un infante es un ser indefenso que, por si aun no lo sabes, no te daña, pero sí puede salvarte con la magia de un beso.

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