En la mañana del 30 de julio de 1885, Antonio Calderín, vecino del Valle de Yumurí, conducía siete vacas por la calle Velarde, entre Manzaneda y Dos de Mayo. De improviso, una de ellas embistió al niño Gregorio García, de cuatro años y vecino de Velarde número 134, dándole un tarrazo en la frente, que lo hizo rodar por el suelo y sangrar copiosamente.
Con prontitud llegó al lugar el alcalde del barrio, Manuel de la Portilla, mientras el infante era envuelto en una frazada y llevado a la morada del doctor Casalins, quien pronosticó cuidados reservados por varios días.
El conductor de las vacas fue detenido, trasladado al Juzgado Municipal y puesto a disposición de la justicia, en tanto la causante de la embestida gozaba de plena libertad.
