«No se forman artistas, sino seres humanos con sensibilidad», siempre dice María Eugenia Romero, la líder del proyecto Maravillas de la Infancia, que cumplió el 13 de agosto sus 25 años de fundado, y lo celebró el 14, en una hermosa gala en el Teatro Sauto (MN).
La frase la volvió a repetir en el acto conmemorativo. Ver el espectáculo, reafirma ese criterio; pero también la dignidad artística del espectáculo de manera general, que demuestra como en 25 años, varias generaciones de niños han crecido artísticamente en las manifestaciones de la música y la danza.
Voces y cuerpos educados, capaces de defender en cada interpretación la identidad de la cultural nacional, lo que constituye uno de los aportes del proyecto, combinar ritmos, estilos, la tradición y lo contemporáneo. Destacar como lo matancero estuvo presente con los versos de Carilda Oliver Labra, la rumba, el danzón, el son guajiro. También se combinó la danza contemporánea y la folclórica, el ballet clásico.
Todo esto potencia la trayectoria del proyecto, y su labor sociocultural. Su sede en la Quinta Anita, rescatada paulatinamente de su deterioro y que forma parte de la historia de Versalles, activó de manera eficaz la relación del proyecto con la comunidad.
La sede de Maravillas de la Infancia, es para los vecinos «el proyecto» o » Maravillas«, así dicen cuando van a los ensayos o a las actividades, al lugar que ha sido resguardo y también un canalizador de inquietudes artísticas. Dos vecinitas mías, muy cercanas forman parte del mismo y en él, sus objetivos, disciplina, han crecido humanamente. A ambas, las vi en el escenario del Teatro Sauto.
Samia, bailó, recitó con organicidad; Manuelita Porto, junto a su familia y a su inseparable tía Godetia, mostró lo que ha crecido, cuánto ha logrado el trabajo del proyecto en su vida. Su proyección escénica, el trabajo corporal y vocal.
El ejemplo de ellas dos, al igual que el de muchos en Maravillas de la Infancia, muestra el trabajo con las características psicológicas y las potencialidades individuales de sus integrantes. La imagen de ellas dos, Samia y Manuelita caminando hacia la Villa Anita para asistir a los ensayos, y luego verlas en escena, con la dinámica del escenario, los espacios, sonidos, luces, la confrontación con el público, constituye la prueba de un resultado sistemático, creciente, motivador, que combina lo social, lo artístico, lo pedagógico y lo ético.
Eso es de alguna manera lo que hay que celebrar, la entrega, la pasión, los resultados.
