La primera revolución educacional cubana se inició teniendo en cuenta las necesidades de un país en transición hacia el socialismo, y para cumplir una de las aspiraciones históricas de los ideales emancipadores y educativos en la historia de Cuba.
El pensamiento fidelista destaca por su contenido humanista, epistemológico, axiológico y teleológico. Sus ideas y acciones estaban orientadas al logro de la justicia social, la libertad y la desalienación del sujeto.
Su humanismo difiere del humanismo burgués y de la antropología burguesa; es revolucionario, concreto. Se orientó a la transformación social en función del hombre como sujeto activo que se transforma a sí mismo en el proceso revolucionario.
Definió la esencia de su humanismo el 17 de abril de 1959, estrechamente relacionado con su concepción de la revolución como fuente de derechos, idea que había sido defendida por él en el alegato de autodefensa La historia me absolverá cuando planteó: “Nuestra revolución intenta unir los derechos humanos, y los derechos políticos de nuestra democracia, con la justicia social… Esta es la razón por la que decimos que nuestra revolución es humanista, porque hay que ver al hombre como ente individual, hay que ver al hombre objetivamente, como parte de la sociedad”.

La educación fue concebida por Fidel como libertad, derecho, fortaleza ideológica del proceso y concreción de las aspiraciones independentistas y revolucionarias, así como de la construcción de una nueva sociedad, al respecto argumentó: “El niño analfabeto no disfruta de libertad de expresión; el hombre que no sabe leer ni escribir, no disfruta de la libertad de hablar ni de escribir. Aquí el hombre, sometido económicamente, no tiene libertad de hablar ni de escribir, y la libertad de hablar y de escribir no debe ser un privilegio, sino un derecho y debemos estar también alertas contra todo lo que signifique cortapisas a la libertad de expresión del pensamiento”.
Respecto al estudio en la universidad antes del triunfo revolucionario, señaló: “El acceso a las universidades no se le brindaba al talento, sino al privilegio, no era cuestión de ser inteligente o tener vocación, sino primero que nada, tener dinero, y por eso, hoy […] tenemos que afrontar las consecuencias de que los que saben no son los hijos de las familias humildes”.
También se refirió al factor subjetivo en la transformación del sujeto, el cual es consustancial al reconocimiento de su educatividad (capacidad para formar, promover y dirigir la formación de los demás).
Tuvo una infinita confianza en el hombre y en el papel de la conciencia para la transformación social, como garantía de la existencia de la revolución y elemento esencial en el logro del desarrollo e independencia del sujeto, lejos de toda enajenación.
Según él, el hombre se transforma a sí mismo en la actividad práctica revolucionaria. De modo que la importancia que le otorgó a la conciencia política en la construcción del socialismo y en el mejoramiento del individuo constituye una regularidad en su pensamiento educativo: “Creo en las ideas y creo en la conciencia, en los conocimientos, en la cultura y especialmente en la cultura política. nosotros hemos dedicado mucho años a crear una conciencia, y tenemos una gran fe en la educación y la cultura, sobre todo en la cultura política”.
Además, consideró que la conciencia era la esencia de la educación, en una sociedad que defendía su independencia en medio de la lucha de clases, y que el pueblo cubano permanecía en la ignorancia respecto a los asuntos de la economía, lo cual respondía al interés de la burguesía: «Porque sólo en la ausencia de una conciencia política y económica se podían hacer las cosas que aquí se hicieron».
Teniendo en cuenta que la educación es un derecho del pueblo, luchó contra toda manifestación de discriminación y por la incorporación de la mujer a las tareas revolucionarias, al respecto expresó: “Todo el mundo sabe la tragedia que confronta la mujer y […] el negro. Nos encontramos que son dos sectores discriminados. No se habla de la discriminación del sexo; de la cantidad de mujeres a las que tratan de explotar; de que se mire a las mujeres como a un objeto de placer más que como un valor social que está y puede estar a la altura del hombre”.
En sentido general, justificó el papel de la acción consciente y organizada como creadora de realidades sociales, lo que no excluye la existencia de determinaciones objetivas, sin dejar de reconocer el papel de la actividad humana en el cambio social.
