Al líder histórico de la revolución, Fidel Castro, lo caracterizó el optimismo ilimitado en el hombre, en sus potencialidades, en sus sentimientos y en su capacidad de superar dificultades, de educar y autoeducarse. Para él, el ser humano es un móvil en la lucha por hacer realidad las aspiraciones del ideal de un mundo mejor. Por ello, comparó y criticó la concepción burguesa del hombre de Thomas Hobbes (1588-1679) con el ideal de hombre al cual aspiraba, al respecto afirmó:
No somos como los capitalistas que creen que el hombre es un lobo, egoísta y brutal; sino porque creemos en el hombre, en los sentimientos del hombre, en la bondad que se puede encerrar en el corazón humano […] Por eso podemos llamarnos luchadores por el comunismo, luchadores por ese mundo mejor, y tener la seguridad de que lo alcanzaremos.
Teniendo en cuenta la comprensión marxista de la naturaleza humana, reconoció las potencialidades cognoscitivas y la educatividad como condición genérica del sujeto, sobre lo cual expresó: la naturaleza humana no produce a todos los hombres exactamente iguales. Hay solo una cosa que puede hacer a todos los hombres más o menos iguales, hay solo un medio de hacer que todos los hombres se asemejen y ese medio es la educación […] Porque desde muy temprano todos esos sentimientos de solidaridad, de generosidad, todos esos sentidos morales y de responsabilidad hay que inculcarlos desde que los seres humanos comienzan a tener uso de razón.
Sus reflexiones sobre el ideal de hombre que se debía formar se dirigen al desarrollo de una personalidad integral, cuya educación encierra un elevado contenido axiológico, de carácter humanista, que incluye los factores emocional y racional y una educación renovadora del hombre. El esfuerzo y sacrificio del sujeto, manifestado mediante el trabajo, es para él un mecanismo necesario en la educación de la personalidad.
Se preocupó por garantizar que los técnicos e intelectuales formados por la revolución estuvieran en contacto con el pueblo, para evitar que los jóvenes se educaran desconociendo las realidades de la vida. Esa fue una de las razones por la que valoró la importancia del esfuerzo y el trabajo físico en la educación, afirmó: el trabajo no es un castigo, el trabajo es una función honrosa y digna para cada hombre y cada mujer. El trabajo creador, el trabajo que no es producto de la explotación, el trabajo en beneficio del trabajador y para el beneficio del pueblo, es la función más honrosa que pueda tener el hombre […] el trabajo es lo que distingue al hombre de los animales, porque los animales viven de lo que les da la naturaleza. El hombre vive de lo que produce, transformando la naturaleza. Todo el desarrollo del hombre fue impulsado por el trabajo.
Igualmente, insistió en la lucha contra todo tipo de manifestación de holgazanería y contra el burocratismo y los errores en la construcción del socialismo. La importancia de formar al hombre en el amor al trabajo resulta vital, ya que el trabajo ennoblece y educa. En este sentido, la escuela en el campo constituyó una contribución de Fidel a la filosofía de la educación y al desarrollo de la educación en Cuba.
El ideal fidelista sería enriquecido con la unidad que le confirió a los deberes y derechos del sujeto en el ejercicio de su libertad, de los intereses personales y sociales, de las obligaciones de la colectividad autodeterminada para garantizar el desarrollo pleno y libre de cada uno, de la igualdad social y de la superación de toda forma de discriminación y segregación social.
La educación fue concebida como derecho y deber del sujeto. Desde 1964, Fidel defendió la obligatoriedad de la educación de los jóvenes hasta el preuniversitario: el concepto del deber de estudiar en todo niño, e incluso, en todo joven, hasta por lo menos la enseñanza media, puede que llegue un día. Y sin duda que la vida nos planteará la necesidad y, por tanto, la obligación de estudiar, e que todo joven estudie incluso hasta la enseñanza preuniversitaria.
Los deberes no se limitaron a lo nacional y local, sino que trascendieron por su vocación de universalidad, de esencia martiana y marxista-leninista. El hombre debía educarse en el amor, el respeto al individuo, la solidaridad (expresada de forma concreta en el internacionalismo con el resto de los pueblos del mundo y en acciones para transformar lo ideal en real) y la lucha contra la injusticia.
Fidel asume que la comprensión del hombre es imposible al margen de la mediación dialéctica en que se expresan su esencia y existencia. El hombre es tan complejo como la actividad y las relaciones sociales que condicionan su ser, es en la práctica social donde se sintetiza lo ideal y lo material.
En la relación sujeto-sujeto, los componentes cognoscitivos y valorativos se implican recíprocamente. La planificación científica del trabajo con el hombre requiere la comprensión sistémica de la comunicación. En este proceso social, el desarrollo de la conciencia política constituye el núcleo de las relaciones humanas. El análisis integral del hombre garantiza su eficacia en la medida que conoce las formas polifacéticas de manifestarse la actividad humana.

El trabajo ideopolítico se consideró la esencia de las facetas de la actividad humana, para formar convicciones asociadas a la actitud ante el trabajo y la construcción del socialismo. La educación política ideológica de modo consciente y planificado devino catalizador de la comunicación humana, en tanto la sintetizó como interconexión dialéctica ideología-conciencia en la relación filosofía-ética-política-educación.
Con respecto a esto planteó: «ideología es ante todo conciencia; conciencia es actitud de lucha, dignidad, principios y moral revolucionaria». Es el paso de la acción espontánea a la acción consciente y planificada científicamente en correspondencia con los fines del proyecto sociopolítico y educativo de la sociedad en transición al socialismo.
La educación es una forma de actividad humana, un componente esencial de la vida que permite la conservación y reproducción del conocimiento (expresado en técnicas, procedimientos y habilidades) para recrear costumbres, patrones, normas y valores que caracterizan al sujeto como portador de una cultura específica y representante de una nación y un pueblo.
Por tales razones, valoró que la integridad revolucionaria del profesor es una necesidad de la educación comunista de las nuevas generaciones. concibió al maestro como un defensor de la ideología, la moral y las convicciones políticas; un ser disciplinado, abnegado, con espíritu de superación y autosuperación como base de su cultura; luchador ante lo mal hecho y exigente; apasionado por la lectura y el estudio como cualidad inherente a la profesión.
Reiteró el papel del ejemplo como vía para la educatividad del sujeto en la interrelación dialéctica de lo cognitivo y lo afectivo, de la teoría y la práctica. El colectivo de profesores debe ser concebido como modelo moral, poseedor de una preparación científica en correspondencia con el contexto histórico y apto para realizar investigaciones pedagógicas que solucionen los problemas escolares. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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