Las construcciones rústicas más desarrolladas de las comunidades aborígenes en Cuba fueron los bohíos y caneyes, edificados por los grupos de mayor desarrollo, los neolíticos o agroceramistas, hechas a partir de la unión de varas de madera cubiertas con hojas de palmáceas.
Los bohíos de forma rectangular eran habitados por el cacique y otras personalidades relevantes, mientras que los caneyes circulares se destinaban a varias familias.
Las aldeas constituidas no tuvieron un orden establecido, y las proporciones de las viviendas eran de acuerdo con la densidad poblacional y las dimensiones del asentamiento.

Hasta el presente no son muchas las áreas de aldeas subtaínas detectadas en zonas de la provincia de Matanzas. Entre estas destacan El Morrillo y La Cañada, ubicadas en la desembocadura del río Canímar y en las márgenes del San Juan, respectivamente, y Cocodrilos, en el extremo oriental de la Ciénaga de Zapata.
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