
Crónica en VHS. Fotos: Del Autor
Para el videófilo, caminar entre casetes rotos y desperdigados, convertidos en parte de la hierba y las hojas caídas, es como para un lector caminar entre libros deshojados. Aunque no hayan sido seres vivos, entre ellos uno siente que pisa un camposanto. Esas reliquias de plástico y cinta, salidas de sus envoltorios, nos han dado tanta vida, que es como andar entre cadáveres.
Antes de llegar aquí, al cementerio de casetes que detiene mis pasos y enfoca mi cámara, rebobinemos. VHS. Tres letras que encierran tanto… Son los casetes, la grabadora y la unión de ambas cosas. Rara vez escuchas de alguien que conserve un ejemplar en buen estado. Idéntico mal padecen las pobres máquinas de escribir. El ligero traqueteo que se siente, al empujar la cajita pequeña dentro de la más grande, se pega a la memoria. Es el sonido de una etapa de la vida, el ritual de lo que hoy es moderno y mañana será analógico. Horas y más horas en el piso, sentado o acostado, frente al televisor.
Abuela sabe grabar, menos mal. De ella depende atesorar o no la próxima película de Somos Multitud, el programa más joven que puede haber. Casi siempre me incluye programación de antes o después, por lo que algún pedazo de Colorama también se colará. Así podré ver no solo 500 veces Spiderman 2, sino 500 tantas veces el nuevo video de Bisbal o Shakira. Dios, ¿existe algo mejor que el VHS?
Pues, de buenas a primeras, algunos dicen que sí. Que los DVD, esos son lo último, que nada más hay que tocar en casa de Fulanito con cualquier excusa y mirar por la abertura que deja el papá en la puerta, cuando anuncia que le ha castigado, y fijarse en el fondo de la sala. Castigo ni castigo. Fulanito está siendo más feliz que todos nosotros ahora mismo. Ya le caeremos en pandilla para que nos ponga algo ahí. La misma película esa de Aquiles, que se llama Troya, la tía se la mandó de México ¡en original! Signifique lo que signifique, pero es ¡en original!

Bueno, resulta que en mi casa ahora también hay DVD. ¿Y qué? Verdad que es lo último, trae una pila de opciones, mis películas ocupan menos espacio y todo, pero no dejo de extrañar lo otro. Tengo cosas allí, en las cintas que dejé guardadas en casa de mi abuela, que no tengo en los discos. Hasta viejo me dicen por defender los casetes. Ya no sé si los defiendo a ellos, a lo que contienen o si, simplemente, me estoy quedando atrás entre la gente del barrio. Todos parecen conformarse con lo más nuevo. Si agarran un casete, es para romperlo, atravesarlo con un palito y darle vueltas en el aire como a una matraca de carnaval.
En el comienzo fue el video, pero a estas alturas hemos pasado por el DVD, la cajita decodificadora, y lo próximo, si tiene que haberlo, también llegará. Todo ello nos ha brindado alegrías, y a más de uno la videofilia. Incluso, a los que ya no nos molestamos en desempolvar la grabadora y hacerla tragar el plástico rectangular y maravilloso, porque al fin y al cabo tenemos montones de cosas por ver en el celular, en el disco externo, en la propia laptop.
Con qué frecuencia nos olvidamos de lo que nos hizo feliz. Por más que le debamos Pinocho o Peter Pan, los primeros Shrek, varias generaciones de Power Rangers, películas de las que traían advertencia de lenguaje soez y sexo, entre tantas otras bendiciones que no hubo forma de evitar. Uno también quedó grabado ahí dentro, como si aquel reflejo en el LG o el Panasonic fuese el otro yo que convive con las ficciones rebobinadas una y otra vez.
Hasta que un día, en un área verde cualquiera de tu ciudad, una visión luctuosa se despliega ante ti en el suelo y te reconecta con el pasado.De súbito se activa en tu mente el familiar sonido del engranaje, ese traqueteo que da la bienvenida a la cajita pequeña dentro de la grande. En solo segundos pasa toda tu vida en VHS frente a tus ojos, como diría un agonizante, y te asalta la tristeza de estar viendo algo arrojado a un lugar donde no pertenece, a un olvido donde no pertenece.
Para el videófilo, caminar entre casetes rotos y desperdigados, convertidos en parte de la hierba y las hojas caídas, es como para un lector caminar entre libros deshojados. Aunque no hayan sido seres vivos, entre ellos uno siente que pisa un camposanto. Esas reliquias de plástico y cinta, salidas de sus envoltorios, nos han dado tanta vida, que es como andar entre cadáveres.
Nada de Video Home System: VHS significa Video Hasta Siempre. De niño lo creía, y a veces es bueno rebobinar.