Gente de Periódico: Pacheco, el hombre de la cámara

Gente de Periódico: Pacheco, el hombre de la cámara

Me encanta la fotografía. También las anécdotas, el aprendizaje, la profesionalidad, el periodismo, la historia… Por eso me encanta la idea de dedicarle unas líneas al Pache, porque él resume todo lo anterior allá donde vaya.

Ramón Pacheco Salazar es una persona sencilla, que ama lo que hace, que ama mucho la vida, porque esta da la posibilidad de aprender y todo lo que él pueda aprender lo aprovecha. Además, es una persona que cree mucho en la estética, en la belleza, en el arte, y concibe el arte como una forma de mover las masas, al ser humano”.

Así se autodefinía hace solo tres años en una entrevista en formato podcast que, por coincidir con su Premio Provincial de Artes Plásticas 2022, no llegó al Girón de papel: hubo que imprimir otra, porque eso sí, al Pache no le han faltado entrevistas, ilustraciones u homenajes varios donde escoger, de sus propios colegas que le saben icónico e irrepetible.

¿Qué aportar de especial con este homenaje mío a quien, más que colega, ha sido un guía constante, de los que aconsejan sin dejar de luchar hombro con hombro junto a ti? Pues, ante todo, mi gratitud por cada consejo y cada foto, que no han sido pocos ni pocas. Y, por otra parte, mi modesta visión de este grande de la fotografía matancera y símbolo de nuestro periódico.

Gente de Periódico: Pacheco, el hombre de la cámara

De tanto verle andar cámara en ristre por las calles yumurinas, uno juraría que el Pache ha vivido entre ellas desde siempre. En realidad no nació aquí, sino en Ranchuelo, provincia de Villa Clara, el 30 de agosto de 1954. Pero fue curiosamente a través de la fotografía —que es su arma, que es su escudo— como la vida le fue conduciendo al corazón cultural y documental de su Atenas futura.

El auge de instructores de arte que hubo en su territorio natal a inicios de la Revolución le acercó a las artes visuales en general. A la fotografía llegó a tan temprana edad que, a ojos de hoy, asombra la coherencia del Pacheco maduro con respecto al Pacheco niño: de cuarto grado para quinto tuvo lugar su primera visita a un laboratorio, donde el padre fotógrafo de un amiguito suyo del aula mojaba un papel en una cubeta y de ahí salía, como por milagro, una imagen.

“Tú estudia, para que pases para quinto, y te compramos una”, le propuso su mamá como pacto antes de regalarle su primera cámara, una soviética de las que empezaban a venderse en Ranchuelo, y que fue para el futuro fotorreportero el equivalente a los juguetes de acción de otros chiquillos. Algunos años después, mientras viajaba en barco a la URSS para estudiar por lo militar, con esa misma cámara captó medio mundo durante la travesía.

Una vez graduado y ubicado laboralmente en Matanzas, su empleo oficial no tardó en desencantarle, mientras que el “entretenimiento” de tirar fotos se convertía en una necesidad vital. Inicialmente rechazado por falta de obra en distintos medios y poco a poco destacado a golpe de talento y esfuerzo, el Pache siempre dice que la confianza depositada en él por Othoniel González Quevedo, entonces director del periódico Girón, fue fundamental para acabar entrando a finales de 1979 en el que sería su centro de trabajo por excelencia.

Desde sus comienzos, el joven Ramón dio el máximo posible para un periodista fotográfico en aquellos años 80, cuando Girón era un diario con hojas tamaño “sábana” y, por lo general, llenas de imágenes suyas que acompañaban los textos de sus colegas. Por no hablar de las innumerables ocasiones en que él mismo ha ejercido desde entonces como redactor de notas o fotorreportajes, lo cual me confesó que siempre le preocupaba un poco: “Yo a lo mejor no sé dónde va la coma: yo lo que sé es cuándo tirar la foto o cómo tirarla”.

¿Y cuál era ese máximo posible? Bueno, entre otras cosas más o menos evidentes: coberturas agotadoras día tras día, ejercer el oficio sin comodidades tecnológicas que tardarían mucho aún en llegar, dar el paso al frente cuando la guerra de Angola y estar a la altura de su misión profesional, compaginar su actividad en la prensa con la Uneac y el imparable ámbito cultural, compaginar todo ello con la creación de una familia propia y la lucha continua de cualquier cubano de a pie, que es lo que no ha dejado de ser nunca.

Esa es precisamente una de las cosas que más celebro de Pacheco. Dentro de una profesión tan susceptible al ego como es la periodística, si alguien en el gremio matancero pudiese elevarse más allá de las nubes, sería él: infinidad de premios, reconocimiento dentro y fuera del país, admiración por donde quiera que pase… y, sin embargo, el tipo es un derroche de humildad y cercanía. Lo mismo dice con respeto cuatro verdades en una reunión que se apunta para jugar al básquet una tarde con los jovenzuelos de la redacción, y montado ya en sus 70 juega mejor que una pila de nosotros.

A lo mejor por eso, por haberme sentido tan cercano a él desde la primera vez que se sentó a charlar conmigo, apenas empezando yo esta carrera de letras, es que hoy me encanta la idea de dedicarle unas líneas a Pacheco, el hombre de la cámara, de la imagen, en casi medio siglo de historia de Girón. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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1 Comment

  1. Lindo artículo.Pacheco se lo merece. Es altruista, jovial y ama su trabajo.
    Lo observo de lejos, en sus pasos de ir y venir de su centro laboral.Lo he podido observar en plena faena y siempre es igual.Mis respeto.

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