La poesía no es un estado rígido. Muta constantemente. Asume las más disímiles formas: cruz de lagartija y grieta en la pared, los dientes de leche de un niño, la sombra de agua en las nubes o una pareja de jóvenes que leen décimas una mañana matancera.
Lianet Fundora y Héctor Luis Alonso fueron los invitados este 16 de septiembre al espacio Miércoles de Poesía en la casa social de la Uneac, organizado por el Premio Nacional de Edición y promotor literario Alfredo Zaldívar.
Tanto Lianet como Héctor son defensores del verso rimado; aunque la primera se decanta más por lo escrito, lo resguardado en papel; el segundo, por lo oral, el reto de hilvanar palabras, el repentismo.

Por una hora ocurrió un contrapunteo entre ambos. Ella compartió sus poemas, como «Toda la sed de una Isla», primera mención del Concurso Debate José Jacinto Milanés 2026, y él improvisó encima de ellos.
También se conversó sobre los derroteros de la décima en Cuba, su legado y su hacer, tanto en los campos del Cucalambé como en las ciudades de las métricas de los neumáticos de los automóviles.
