
Como una persona tranquila y hasta introvertida se define Jorge Armando Delgado, uno de los epidemiólogos matanceros que forma parte de la Brigada Henry Reeve y que ha prestado servicios en varios países de África.
Desde quinto grado comenzó a estudiar en la capital como parte de un programa potenciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, que pretendía impulsar el conocimiento científico y técnico de los infantes cubanos.
Al concluir el duodécimo grado, decidió retornar a la ciudad yumurina para iniciar la universidad. Su sueño era ser arquitecto, pero las experiencias vividas con su madre lo inclinaron hacia la Medicina.
“Ella fue una persona perseverante. Constantemente buscaba la manera de superarse desde el punto de vista profesional. Cursó la facultad obrero-campesina y obtuvo el título de Técnico en Higiene y Epidemiología. Recuerdo que cada día despertaba a las cuatro de la madrugada para acompañarla en sus inspecciones por los diferentes centros de trabajo.
“Cuando inicié la carrera de Medicina éramos apenas 45 estudiantes, y al terminar el sexto año pedí la especialidad de Epidemiología. Por aquel entonces las Fuerzas Armadas no contaban con la cantidad de profesionales necesarios, por lo que algunos de nosotros empezamos a trabajar en las FAR.
“Durante tres años me vinculé a la vida militar, que me encantaba, incluso pude realizar varias maniobras en el Escambray. En ese tiempo nació mi hijo, al que conocí un día después de nacido y con quien no me reencontré hasta un mes después.
“Concluido este período, comienzo la especialidad y mi bautismo fue con la epidemia de dengue en 1981. A ella le sucedieron la meningoencefalitis, el sida, la neuropatía epidémica y la influenza”.
INTERNACIONALISMO
“Trabajar con dichas epidemias en la Isla me brindaron las herramientas para desempeñar un mejor papel como médico en Mozambique. Allí conocí el cólera, una enfermedad que me mantuvo en vilo varias noches, sobre todo por la impotencia de no poder salvar la vida de las personas, especialmente de los niños.
“Perdí la cuenta de las veces que subí a los aviones de tres y hasta 12 plazas, pues era el medio donde nos desplazábamos hacia los diferentes distritos. De esa etapa recuerdo, en lo fundamental, las ocasiones en que nos perdimos en las tormentas y las dos oportunidades donde fuimos víctimas de disparos desde tierra.
“Pero no todas las experiencias fueron negativas, pues junto a varias organizaciones no gubernamentales pudimos construir un hospital.
“En el 2004 regreso al continente africano, esta vez a Angola, como asesor del ministro de Salud de ese país. Luego de cuatro años retorno a Cuba, pero por poco tiempo. En febrero del 2010 ocurre el terremoto de gran magnitud en Chile y me incorporo al Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve.
“La ciudad de Rancagua fue nuestro escenario principal. Intensas, con esa palabra puedo definir las labores de la brigada. Cada uno de nosotros dormía en condiciones excepcionales, en casas de campaña ubicadas en un terreno de fútbol. Allí levantamos salones de operaciones, las salas de terapia intensiva y los laboratorios”.
EN CUBA
Para Armando la experiencia internacional enriqueció su vida profesional, por lo que cuando culmina su estancia en Chile se incorpora a la Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades (Prosalud) de Matanzas y al Centro de Higiene y Epidemiología, donde labora desde hace 29 años.
“El centro para mí es todo y en Cuba somos un referente como resultado del alto nivel científico de quienes aquí trabajan. Prosalud la considero un poco más complicada, porque se relaciona con el cambio de los hábitos y costumbres de una población para prevenir enfermedades y fomentar comportamientos favorables a la salud, el autocuidado y la autorresponsabilidad”.
ARMANDO
“Prefiero la comodidad del hogar, aunque soy amante de las fiestas y del cine. Tengo un concepto de amistad bastante exigente, detesto que me impongan criterios. Soy padre de tres hijos y adoro a mis nietos”.