Un saludable baño de mar

¿Quién no ha escuchado decir que el agua del mar ayuda a cicatrizar las heridas, a curar las erupciones de la piel o hasta ‘sacar’ el catarro recogido? Pues, bien, son los meses de julio y agosto los ideales para disfrutar en Cuba de la playa y, a la vez, aprovechar los beneficios que ello le reporta al organismo.  

Sin lugar a dudas se trata de una medicina muy efectiva, demostrado así desde hace muchísimo tiempo. Tanto que según la literatura, el sabio Pitágoras no solo debía su salud y longevidad a la dieta vegetariana, sino a su costumbre de tomarse un baño de mar todos los días del año, práctica asumida luego por otros personajes en la antigua Roma.

En la considerable cantidad de minerales y oligoelementos que contiene esa agua, estriba, pues, su riqueza mineral. Cuando el cuerpo se sumerge en ella, su accionar sobre las terminaciones nerviosas de la piel provoca la liberación de tensiones. Además, su abundancia en plancton le proporciona propiedades antibióticas y vivificantes del sistema inmunológico.

Por otra parte, la casi neutralidad de las presiones permite un aumento del volumen de la carga torácica y mayor movilidad del diafragma, lo cual se traduce en una mejora de la capacidad respiratoria, más oxigenación y el incremento en alrededor de un 10 por ciento de los glóbulos rojos.

Las olas, de otro lado, con su continuo movimiento ondulatorio, someten al organismo a una especie de masaje acuático, cuyos movimientos oscilan entre el leve roce y el golpe ligeramente violento, poniendo en juego la actividad muscular y propiciando elasticidad y firmeza a los músculos.

El corazón y los huesos también reciben sus beneficios. En el caso del órgano principal, porque al disminuir allí el peso del cuerpo en ocho veces, actúa con esfuerzo mínimo. Gracias a ello, cualquier ejercicio dentro del agua se puede hacer con unas condiciones de confort óptimas.

En tanto, se ha podido comprobar que el medio marino contribuye a la fijación del ion calcio y fósforo en los huesos. De ahí que una fractura se consolide más rápido. Por eso, se considera un buen remedio en la prevención y el tratamiento de la osteoporosis.

Estar inmerso en el agua de mar produce, además, un efecto drenante, o sea, estimula el circuito venoso y linfático. La presión hidrostática genera la compresión de las zonas sumergidas del cuerpo y, por ende, también de las venas. Este fenómeno favorece el retorno de la sangre venosa al corazón, activando la circulación.

Las sales disueltas en el agua realizan una profunda limpieza de la piel, que tras varios baños se regenera y fortalece sus capas. Es más, estos elementos ayudan a conservar y mejorar su brillo y elasticidad, pudiendo incluso, detener algunos problemas dermatológicos como la soriasis. Por último, la absorción del yodo a través de la epidermis propicia un aumento del apetito.

Aprovechemos este verano para disfrutar del mar y los beneficios que brinda a nuestra salud, pero sin olvidar que el Sol entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde resulta perjudicial. Adoptemos en ese intervalo las medidas contra las radiaciones solares.

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