
Es 16 de julio, al mediodía. Al Cuerpo de Guardia del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño, de Matanzas, llega un niño en muy malas condiciones de salud. Se remite el caso directo a Terapia: shock séptico, dificultad respiratoria, fiebre y, lo más aterrador, estigmas de violencia física. Un pequeño de apenas dos años, con la dulzura que desprende todo rostro infantil, maltratado por su madre y su padrastro, por la familia cercana, esa misma que debe protegerlo.
Los corazones se aprietan, la indignación crece, las redes colapsan y en el centro asistencial se movilizan todos los recursos. El personal médico lucha durante tres jornadas, pero está demasiado golpeado. No hay mucho que hacer. Una vida se apaga en sus mismísimos inicios.
Aunque, según estadísticas, las cifras de maltrato infantil en la provincia no resultan tan alarmantes —no son comunes los desenlaces fatales—, el fenómeno de la violencia hacia niños y niñas tiene más trasfondo del que aparenta. Más allá de números, hay actuares inadecuados heredados y transmitidos de generación en generación solapados por la sociedad, negligencias por parte de quienes ejercen la responsabilidad parental y una deficiente labor de prevención, o al menos no como la necesitan estos tiempos.
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MALTRATAR ¿SOCIALMENTE PERMITIDO?
“El maltrato infantil puede darse por omisión, negligencia o una agresión al menor, arriesgando tanto su bienestar físico, como emocional y psicológico, fenómeno que puede evidenciarse desde antes del nacimiento, ya que existe el perinatal, donde se pone en peligro tanto el embarazo como el feto —explica Luisa María Gesto Espinosa, especialista de primer grado en Pediatría—. El maltrato físico consiste en golpes y empujones, mientras que el emocional o psicológico se refleja en actos como el abandono de la madre, la agresión constante de modo verbal o, incluso, cuando dejamos solo a un menor en una casa por varias horas, ya sea porque nos fuimos a trabajar o pasear”.
El maltrato no es nuevo y tiene sus orígenes siglos atrás, cuando las personas hacían sacrificios a los dioses a través de las muertes de niños. La doctora Eldalina Rodríguez Hernández, quien por muchos años laboró en el hospital pediátrico matancero, considera que en Cuba se trata de arraigo popular. “Vemos en las redes que los mejores terapeutas de un niño, para evitar que se convierta en delincuente, son el cinto y la chancleta; y el darles y enseñarles determinada cosa haciendo uso de esos ´terapeutas´ consiste en maltrato infantil, aunque no se perciba así. Las personas ven a alguien en la calle dándole tres nalgadas a un niño de dos o tres años, o llevándolo casi arrastrado porque está cansado, y no se inmutan, y eso también es maltrato”, reflexiona la especialista, que actualmente se desempeña como pediatra en el Hospital Militar Dr. Mario Muñoz Monroy, de Matanzas.

Según la galena, la mayoría de las veces sucede dentro del seno de la familia, del hogar, y proviene de las personas que conviven con el infante. “Se debe a un esquema antiguo de interpretación de la educación, donde los tutores reproducen lo que vivieron en su infancia; incluso, las personas consideran que es potestad del padre castigar al menor. En hogares donde existe maltrato a la mujer, casi siempre sucede igual con los niños. Lo más triste es que a veces esa mujer golpeada desquita su frustración con su hijo.
“Pero no solo se trata de violencia física, también en el día a día evidenciamos la psicológica. Un ejemplo es el muchachito al que le dicen bruto, sobre todo en el momento de las tareas. Ahí confluye todo: que la madre se encuentra cansada por la situación económica, por cocinar con carbón, el déficit de electricidad… Entonces, se desata la furia sobre él, una furia psicológica, y ese menosprecio constante baja su autoestima y lo vuelve inseguro, indefenso, con miedos”.

ACCIDENTES NO TAN ACCIDENTALES
“Los accidentes no son tan accidentales, la mayoría de las veces esconden detrás el maltrato infantil —considera la doctora Eldalina, con una vasta experiencia en la atención a infantes—. Un lactante que haló el cable del televisor y este le cayó arriba (un caso sucedido) no es tan accidente porque: ¿dónde estaba el adulto que debía supervisarlo? No hay que quitarlo todo cuando tienes un lactante, lo que está mal es que se quede solo. La negligencia constituye un tipo de maltrato. El 99 % de los accidentes pueden ser evitados”.
Según estadísticas proporcionadas por la doctora Liliana Álvarez Caride, subdirectora de Asistencia Médica, en 2024 se atendieron en la institución de Salud solo tres casos de maltrato infantil y 616 infantes accidentados. En lo que va de año, se han reportado cuatro casos de maltrato, mientras que a 350 ascienden ya los infantes que han requerido tratamiento por accidentes.
“Dentro del maltrato físico está el abuso sexual y, dentro del psicológico, el síndrome de Munchausen, que es el padre que ingresa con frecuencia al niño, le inventa síntomas o signos de enfermedades, intentando mantenerlo en ingreso hospitalario, con una ganancia secundaria. Cada vez con mayor frecuencia ingresan en el hospital niños víctimas de Munchausen y de abuso sexual, resultando menos recurrente la violencia física”, refiere Álvarez Caride, especialista en primer grado en Medicina General Integral (MGI) y en Pediatría.
Lázaro Omar Méndez Mederos, intensivista pediátrico, considera que en Pediatría es mucho más común ver el maltrato de lo que realmente se piensa y se describe. “Nos llegan bastantes niños maltratados, ya sea de una manera accidental o con intencionalidad. Los accidentes por negligencia resultan más frecuentes: desde caídas hasta ahogamientos incompletos en playas y piscinas. Mientras que los casos de maltrato con intencionalidad, aunque son menos, suelen ser severos y casi siempre comprometen de cierta manera el estado de salud del paciente e, incluso, su vida”.
La doctora Eldalina insiste en que a veces en aparentes accidentes se enmascara la violencia, lo que disimula un padre lloroso. “No hay una trabajadora social que vaya a investigar cada vez que viene un accidente, a ver qué es lo que falló. Recuerdo un caso, hace unos 20 años atrás, de una niña que ingresó varias veces por lesiones ´accidentales´. La última vez llegó muerta. Alguien pensará: ¿cómo no se dieron cuenta antes de que algo anda mal? Influye que no siempre le atendieron los mismos pediatras y nadie conocía la lesión anterior”.
Cuando se sospecha de maltrato infantil en el Cuerpo de Guardia del Pediátrico se activa al oficial encargado de atención al menor en la institución. “Él es quien desencadena la activación de los órganos de la justicia, dígase policía, fiscalía u otra institución, siempre que medie una denuncia”, explica Luisa María, quien por cerca de una década laboró en el servicio de Urgencia.
“Siempre es difícil, lo que uno por la formación y la experiencia va a hacer el trabajo que le toca, a resolver los problemas que está viendo e intentar estabilizar al paciente. Después, cuando sabes el trasfondo, cuando te das cuenta de que no es un simple caso de enfermedad o accidente, sino un maltrato intencionado, te choca la situación. Pero el intensivista debe mantener la cabeza lo más fría posible, no es deshumanizarse, es que en tus manos está salvar, y la emoción no puede nublarte”, insiste Lázaro Omar, quien ha atendido este año a los dos infantes víctimas de maltrato físico que requirieron hospitalización en la sala de Terapia Intensiva.
LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS
El 20 de noviembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad la Convención sobre los derechos del niño, que contiene 54 artículos y dos protocolos facultativos, en los que se abordan los derechos sustantivos: a la supervivencia, al desarrollo pleno, a la protección contra influencias peligrosas, los malos tratos y la explotación, a la plena participación en la vida familiar, cultural y social.
Sobre el respaldo legal a los infantes cubanos, Alina Domínguez García, fiscal jefa del departamento de Protección a la Familia y Asuntos Jurisdiccionales, explica que, en el caso del maltrato, “la legislación desde el punto de vista penal no lo conceptualiza como un delito independiente, pero sí hay un grupo de conductas en el Código Penal que, cuando se produce una lesión (física o psicológica), puede ser conceptualizado por este delito y recibe las penas que están previstas.
“Hay otro grupo de delitos que de alguna manera protegen el normal desarrollo de la niñez, como el relacionado con el abandono de menores; y el de otros actos que afectan el desarrollo integral de las personas menores de edad, que igualmente responsabilizan a sus representantes legales con su educación, salud, manutención, desarrollo integral y el ejercicio de sus derechos.
“De acuerdo con la gravedad del delito, existe un abanico de penas que en algunos casos van desde la privación de libertad hasta multas de alta cuantía, así como sanciones desde el punto de vista administrativo y sanciones accesorias.
“Desde la legislación civil y familiar también los hechos violentos tienen consecuencias cuando se cometen por un representante legal. Este puede perder los derechos que contiene la responsabilidad parental (lo que antes llamábamos patria potestad), o sea, puede perder la guarda y cuidado de un hijo si se determina que se ejerció algún tipo de violencia o malos tratos sobre este menor de edad.
“A partir de que se aprobó la Constitución del año 2019 y se conceptualizó en qué consistía la violencia y la violencia intrafamiliar, todas las legislaciones promulgadas con posterioridad alinean pronunciamientos concretos sobre las consecuencias de los actos violentos, sobre todo cuando se trata de menores.
“El Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes está aunando y actualizando todas las políticas de atención y responsabilizando a todos los organismos y entidades con el encargo que tienen en la protección y en la atención a la niñez y a la juventud”, acotó.
PREVENIR ES SALVAR
La fiscal Alina considera importante que la familia y los ciudadanos en general conozcan que sí existen instituciones que atienden la protección de los menores, como la fiscalía, la PNR, oficiales de prevención de menores, Federación de Mujeres Cubanas, instituciones de Educación y de Salud. “Las denuncias, incluso, no tienen que ser personales, pueden hacerse por vías alternativas como el teléfono o el correo electrónico, lo significativo es ayudar a que se investigue y tomen medidas que en el orden legal procedan para que ningún niño sea víctima de maltrato”.
En este mismo sentido, el doctor Norge Estupiñán Rodríguez, especialista en primer grado de las especialidades de MGI y Medicina Legal, asegura que existe un subregistro en cuanto a lesiones en menores. “Es muy infrecuente que un niño llegue a Medicina Legal. Existen tres maneras de que esto ocurra: como lesionado (consulta de Sanidad, para calificar la lesión que le produjo al menor), víctima de una muerte violenta o sospechosa de criminalidad, o como usuario de la comisión de psicopatología forense; pero cualquiera de las tres variantes son infrecuentes, más aún el menor fallecido por maltrato infantil. Suelen pasar años de un caso a otro, por ejemplo, la muerte registrada anterior a la de julio ocurrió en el 2015”.
En cuanto a lesiones, el porqué del subregistro radica en que no se emite el certificado de primera intención del lesionado. “La primera acción a tomar cuando un infante va a un centro asistencial (policlínico, consultorio u hospital pediátrico) es emitir ese certificado, con el que se inicia toda la parte investigativa del delito, tanto por las autoridades penales como por servicios sociales. Sin denuncia no existe delito.
“Sucede que, ante una lesión X, los padres cuentan una historia que a veces los especialistas creen. Existen lesiones típicas de maltrato infantil como la equimosis en distintos estadios cronológicos (morados), que te hablan de golpes viejos. Pero puede suceder que otras lesiones menos obvias camuflasen la violencia. A los médicos no les toca juzgar, solo asistir y emitir el documento, porque a lo mejor ese infante con una aparente caída está siendo maltratado.

“El profesor Ernesto Pérez González, padre de la psiquiatría forense de Cuba, además de un jurista de mérito, se dedicó a interpretar desde el punto de vista médico legal las recientes modificaciones en lo referente al delito de lesiones, interpretaciones que se están extendiendo a todas los servicios provinciales y con las que se capacitará al personal de la Salud. En especial, el doctor hace hincapié en el capítulo 10, artículo 205, el cual refiere que ´el médico que al asistir a una persona o reconocer un cadáver note u observe algunas lesiones externas por violencia o indicios de intoxicación o envenenamiento o de haberse cometido cualquier delito y no dé cuenta inmediatamente a las autoridades, consignando los datos correspondientes, incurre en sanción de privación de libertad´”, asegura.
La doctora Eldalina insiste en la importancia del actuar preventivo desde el área de atención primaria de la Salud, del trabajo de los consultorios médicos, del médico de la familia y pediatra del área, junto al trabajador social. “Imprescindible resulta el seguimiento a las familias disfuncionales, a los padres alcohólicos… El hospital constituye el último eslabón de esa cadena, donde resulta más difícil detectar”.
En los últimos años, en que ha arreciado la crisis económica por la que atraviesa el país, adquirir condones, tabletas anticonceptivas o dispositivos intrauterinos no es tan sencillo, lo que puede traer aparejado embarazos no deseados, sobre todo en adolescentes. “El rechazo abierto al niño desde que es un feto, a largo plazo puede transformarse en maltrato físico”, alerta la psicóloga Anelkys Reyes Domínguez, quien refiere que lo más común en consulta son los casos de maltrato psicológico, como gritos y ofensas, ponerle al menor un adjetivo que lo denigre.
Como beneficio a los infantes se hicieron cambios en la legislación familiar, la que ya permite que “toda aquella persona que no se considere en condiciones o que por determinadas razones no quiera o no pueda ocuparse de la atención de sus hijos, los entreguen a una familia en adopción. Constituye una variable legal y que no trae consecuencias, siempre que no implique ninguna conducta proscrita como delito, como sería la venta de un menor”, explica la fiscal Alina.
“Tenemos un proyecto relacionado con abuso sexual que se llama Arcoiris, donde trabajamos en conjunto psicólogos y psiquiatras en función del acompañamiento a estos niños y familias, con el objetivo de prevenir las futuras alteraciones emocionales que puedan aparecer. Es importante trabajar con los niños pequeños en función de las partes de su cuerpo, que nadie puede tocarlos si no es permitido, trabajar en los ´no secretos´; y en los adolescentes, en lo referente al acoso, que se ha vuelto tan común a través de las redes. Hay una nueva modalidad donde detrás de un perfil está un adulto haciéndose pasar por joven, de ahí que se deba insistir en los adolescentes en que no se deben hacer fotos íntimas y compartirlas, y en los padres en la necesidad de que supervisen más a sus hijos”, enfatiza Anelkys.
Asimismo, la también psicóloga Diadenis Romero Morales alerta que las consecuencias emocionales no se hacen visibles inmediatamente, sino a largo plazo. “Los infantes que sufren maltrato pueden volverse retraídos, tímidos, tristes, tener dificultades para querer, para relacionarse y confiar en los otros. Se afecta su autoestima y pueden desarrollar comportamientos autodestructivos y violentos en su actuar diario. Un niño que es maltratado puede convertirse en un adulto maltratador, porque repite patrones que se están instaurando en edades tempranas y llegan a ver como algo normal, de ahí que sea tan importante estar alerta antes los signos de alarma que notifiquen que un niño está sufriendo en silencio”.
Cientos de infantes asisten cada mes a las instituciones de salud matanceras, entre ellos, víctimas de negligencias y maltratos solapados. Hay rostros en las aulas que desde el silencio lo dicen todo, y pequeños que, sin salir de su morada, se sabe cuánto sufren puertas adentro, por los gritos y llantos que retumban en cada espacio comunitario. Urge entonces aunar esfuerzos y cerrar filas desde todos los eslabones, desde la escuela hasta el barrio, desde las fuerzas del orden público hasta los que asisten, desde la familia hasta la vecindad. El flagelo de la violencia no puede quedar impune ni el maltrato infantil seguir teniendo cabida en una sociedad que debe entender, de una vez por todas, que los golpes no enseñan, que las ofensas sí destruyen; que los niños son de alma noble y, como dijese el Apóstol, nacieron para ser felices.