Cuando se comienza en el noble oficio del periodismo, se trata de estar preparado para cualquier noticia. En no pocas ocasiones, por la magnitud de la personalidad o la trascendencia de un evento, se teme a quedarse corto a la hora de redactar un trabajo.
Según publicó el colega Guillermo Rodríguez Hidalgo Gato en su cuenta en la red social Facebook, el mítico pelotero matancero Ariel Lázaro Sánchez Sánchez decidió colgar el bate y el guante como jugador activo en nuestros campeonatos nacionales.
Confieso que la noticia me tomó por sorpresa, porque soy de los que consideran que el mítico número 23 aún tiene gasolina en el tanque para continuar estirando su legado en el béisbol doméstico.
Arielito, como lo llaman los más cercanos, proviene de una dinastía de peloteros jovellanenses que constituye historia viva del béisbol cubano.
Su apellido, en la Atenas de Cuba, es sinónimo de inatrapables y de respuesta oportuna en los momentos claves de los juegos de pelota.
A Ariel le tocó lidiar, a lo largo de su carrera deportiva, con una omisión injusta de las selecciones nacionales, muchas veces alegando la poca potencia del brazo y otras decisiones técnicas.
Ante lo que muchos consideramos un agravio a un pelotero de su calidad, el hijo de Arturo respondió con bateo y más bateo, llegando a consolidarse como el matancero con más indiscutibles en campeonatos nacionales.
Otra de las cosas con las que le tocó lidiar fue con los constantes cuestionamientos de la afición: «Que si es la sal del equipo, conjunto donde él juega, no gana». Fueron algunos de los criterios que emanaron sobre su persona.
A todas las críticas, el natural del municipio Jovellanos respondió con disciplina, constancia y resultados deportivos bajo tres direcciones distintas: la explosión naranja Víctor Mesa, luego bajo la guía de Victor Figueroa y, por último, con Armando Ferrer.
En el ocaso de su carrera decidió cambiar la chamarreta roja y amarilla por la de los Leones de Industriales, decisión que a los parciales matanceros les costó entender, pero supieron respetar.
Con el elenco con más títulos en Cuba, el matancero demostró que su consistencia en el béisbol cubano no había sido obra de la casualidad, supo responder a la confianza de su dirección y a las expectativas de sus compañeros.
Recuerdo que cuando vino a jugar a Matanzas, luego de la transición en su primera oportunidad al bate, la afición asistente al Victoria de Girón se levantó de sus asientos y le dedicó una ovación a modo de reconocimiento de su trayectoria con los Cocodrilos.
Al más fiel estilo de cualquier película de acción, la vida quiso que la posibilidad de convertirse en el yumurino con más inatrapables en clásicos domésticos se le diera frente al conjunto que por años defendió, a pesar de no superar la cifra frente a sus excompañeros, el 23 salió a por todas en cada oportunidad que tuvo.
Ariel Lázaro Sánchez Sánchez deja a su paso por los diamantes 2239 hits, cifra con la que se ubica en el séptimo lugar de todos los tiempos en este departamento.
Luego de 20 Series Nacionales, el 23 de Matanzas seguirá vinculado al deporte, ahora como entrenador en las categorías inferiores en la ciudad yumurina.
Solo resta decirle gracIas a un hombre que lo dió todo con cuánto equipo jugó y forjó un legado deportivo entre indiscutibles y resiliencia.

Los Jovellanenses estamos orgullosos y agradecidos por la entrega, y el desempeño que demostró en cada juego, no defraudado el legado de su familia 👪 ni al municipio ni a la provincia. Éxitos en su nueva etapa como técnico y entrenador. Gracias campeón