Significación de La niña que riega la albahaca

Puesta en escena de La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón. Foto: tomada del perfil de Facebook de Rubén Darío Salazar Taquechel

Celebrar los 30 años de un espectáculo que se mantiene en el repertorio activo y llega a las 250 funciones es un acontecimiento teatral, no solo para Teatro de Las Estaciones, no solo para el ámbito escénico matancero, también para Cuba, porque es un desafío al tiempo, a la historia, a la trayectoria de un colectivo, y sus dos artífices: el actor y director Rubén Darío Salazar y el diseñador Zenén Calero Medina. 

Aún recuerdo la primera vez que vi la puesta de La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, en el mismo espacio donde se presentó hace unos días, el hermoso patio del Museo Farmacéutico de Matanzas, que tiene el encanto de la tradición y la belleza mágica de esos lugares inolvidables para contar historias de viajes, de amores que se hacen posibles, de homenajes a una tradición titiritera y a un legado como el de Federico García Lorca. 

He visto muchas otras veces el espectáculo, he seguido las presentaciones en Cuba o el extranjero, fotos, videos, programas de manos, recortes de prensa; pero en el Museo Farmacéutico, el espacio de Marcia Brito, que fue sede en sus inicios de Teatro de Las Estaciones y escenario de numerosos acontecimientos culturales, el texto rescatado por Darío Salazar, recreado desde la síntesis de lo cubano y lo español, con los recursos y técnicas titiriteras de un actor titiritero que ha madurado física y artísticamente con este espectáculo, constituyen una mezcla del lirismo lorquiano, los sustratos de la cultura caribeña, la ingeniosidad titiritera y la fusión con el aura que produce el local de representación (patio del Museo). 

El encuentro fue puesta en escena, intercambio de la memoria, muestra visual y confrontación con espectadores que también, salvo algunos, la han visto muchas veces; por lo que fue diálogo testimonial e inicio de un nuevo ciclo. 

El marinero titiritero y su retablo retomaron las muchas conexiones del espectáculo. Lorca volvió, de nuevo, a hablarnos, a conmovernos desde la poesía de su teatro. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

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