
Postales Matanceras: El secuestro del niño
A las 7:30 de la mañana del 27 de febrero de 1887, un joven grueso y de tez blanca, con sombrero de jipijapa, entró en la tienda de comestibles y vivienda de José Castillo, en la calle Real no. 79, en el poblado de Colón. Pidió cigarros y dijo que los recogería más tarde. Al poco rato, regresó al establecimiento, reclamó los cigarros y compró fósforos. Se los entregó Justo Castillo, un niño de siete años que era el hijo menor del propietario. Entonces, el hombre, montado en su cabalgadura, cogió al pequeño por el brazo y salió a todo galope por las calles Vilches, Príncipe Alfonso, dobló por el callejón de San Gabriel. Lo acompañaban otros tres jinetes.
Los días 3 y 6 de marzo, el padre recibió sendas cartas de un tal Acosta, donde solicitaba dinero y amenazaba con matar al menor, en caso de aviso a las autoridades.
El padre encargó a su amigo Alejandro Gabriel los contactos para el pago y rescate de su hijo. El 10 de marzo, Alejandro se encontró con un individuo en Guamutas. Ambos partieron hacia los montes del potrero San Cayetano, entre los ingenios Jesús María y Angelita. Allí, dos sujetos entregaron al niño a cambio de mil pesos en oro y mil billetes del Banco Español.
Al llegar el niño a su casa, a las 10 de la noche, contó que los secuestradores lo habían mantenido oculto y custodiado en los montes de la comarca. Aunque existieron varios sospechosos, los autores del rapto nunca fueron capturados.