
En tiempos como los que vivimos de ardoroso calor —solo ahora, a finales de noviembre, refresca un poco la temperatura—, algunos vecinos ocupan el segmento de acera frente a la puerta de sus casas, para refrescarse un poco con la breve brisa vespertina, para cenar, jugar o conectarse con su celular.
Se olvidan ex profeso de las personas que deben transitar por esa acera, quienes se ven en la necesidad de bajar a la calle para continuar su camino. Un vehículo o hasta un ciclista pueden atropellarlas, pero eso no les importa a los acomodados ocupantes de ese tramo de acera, vía que es un bien público, es decir, de todos.
Hemos visto, además, motocicletas ocupando espacio y hasta motos con sidecar. El colmo lo constituye el hecho de que algunos choferes suben sus carros a la acera.
En esta ciudad, donde único no se obstaculiza el libre paso de los caminantes es en la calzada de Tirry, desde la calle San Juan Bautista hasta frente al desaparecido cine Abril, porque esos centenares de metros poseen doble acera.
Hacemos un llamado a la conciencia de esos indisciplinados: la acera no es de ustedes, ¡es de todos! (Por Fernando Valdés Fré)