El paripé o la teoría de la pintura fresca

El paripé o la teoría de la pintura fresca 

Unos años atrás entrevisté a un diseñador escénico que me comentaba que el teatro era «una mentira, pero bien escenificada». Si me guío por este concepto, tendría que decir que muchos cubanos poseen un don natural para lo teatral. 

No lo digo por lo dramático, sino por su capacidad de montar una obra, con personajes, guión, utilería y parafernalia. Hacen un paripé en menos de lo que chasqueas los dedos, en menos de las 48 horas en que llaman desde «arriba» para avisar que habrá una visita sorpresa. 

Una vez, formé parte de un recorrido a un taller. Fue algo rutinario e intrascendente.  Sin embargo, cuando estábamos ahí, me apoyé en un muro. Los responsables del lugar explicaban que hacía meses repararon el centro y habían hecho «esto y lo otro». 

Al retirar la mano, me percaté de que tenía la palma manchada de azul. Si hace meses habían realizado la reparación, ¿por qué rayos habían pintado las paredes a pocas horas de que llegaran las autoridades? En verdad fue más una pregunta retórica que una duda real. De repente, comencé a poner en entredicho  todo «esto y lo otro» que aseguraban haber llevado a cabo. 

En ese momento recordé lo que me había comentado aquel diseñador sobre qué era el teatro y lo traspolé a la realidad. Lo más triste es que la obra que habían montado en el taller poseía parafernalia y personajes, pero la mataba la utilería y el guión. El paripé les había salido mal. No habían logrado escenificarlo correctamente. 

Muchos son los fingimientos y las simulaciones, que es como la RAE define a los paripés, que encontramos por ahí. No me refiero solamente a los «arreglitos» a última hora a una institución antes que lleguen las autoridades, sino también a muchas otras acciones que nos venden espejismos.  

Resulta el caso de cierto edificio semiderruido en el centro histórico de Matanzas que en un aniversario cerrado de la ciudad solo colorearon la fachada. De nuevo aparece la mano de pintura como modus operandi, pero el interior, cinco años después, aún está en ruinas. 

No puede ser que las apariencias se sobrepongan a las esencias. Cuando ello sucede es un engaño y un autoengaño. Ofrecen verdades de papier maché, fabricadas y frágiles, que en cualquier momento se deshacen.  

Ello provoca, por ejemplo,  que si existe un problema o una situación determinada en una institución no se pueda atajar a tiempo. También que se efectúen lecturas erróneas de fenómenos de la sociedad que necesitan ser resueltos y no aplazados, porque alguien está cuidando sus espaldas, porque alguien está para salir del paso. 

Además, como ocurrió en el taller, cuando no sale bien el guión, la parafernalia o la utilería, el paripé se transforma casi automáticamente en una chapucería que se debe enmendar y que puede llegar a representar gastos monetarios, de tiempo o de energía física e intelectual. 

Hay un dicho por ahí que dice que de apariencias no vive el hombre y es una verdad fidedigna. No podemos pensar que la pintura roja es salsa de tomate; o la amarilla, sopa; ni que el teatro, ya sea que hablemos de un taller o de un edificio semiderruido, resulte real.

Son mentiras y muchas veces no piadosas.

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3 Comments

  1. El teatro es una convención entre actores y público. El público en este caso son los visitantes de alto rango que aplauden el performance y por tanto estimulan su reproducción. Eso es de muy atrás.

  2. Excelente.
    Así tienen al Pedagógico de Matanzas tirado a la suerte del tiempo. Lo pintan solamente cuando hay actividad en la escuela del PCC. Para que aparente estar activo 🤦🏻‍♂️

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