La derrota definitiva de Ucrania

La derrota definitiva de Ucrania
La derrota definitiva de Ucrania

La última cumbre de las representaciones oficiales de Exteriores de la Federación Rusa y de los Estados Unidos de América en Riad, Arabia Saudita, fue una bofetada impresionante al orden imperante hasta entonces vigente.

Se trató no solamente de un «momento Suez» —del que vengo anunciando que también se aplicará para Oriente Medio—, esto es, una forma de cogobernar globalmente entre (al menos) tres potencias inter pares —Rusia, China y Estados Unidos—, sino un abandono de la Doctrina Brzezinski, esa misma que disputaba Ucrania como centro neurálgico, y Talón de Aquiles, para impedir cualquier despertar ruso.

La Administración Trump es consciente de que ese momento pasó, que ya no vale la pena gastar pólvora en chimangos 1. Tras nada menos que 8 años de guerra intestina más o menos encubierta, y 3 años de declarada guerra abierta internacional —aunque proxy para el caso occidental—, en Riad se encontró un “principio de entendimiento”, que evita los caminos de la confrontación y encamina el conflicto hacia una resolución.

Por supuesto, dado que el germen del conflicto es y siempre fue la dicotomía entre la visión imperialista-globalista euro-estadounidense versus las reticencias soberanistas rusas, la única forma de salir de tal atolladero es a través de la retirada de una de las opciones en disputa. Sin embargo, esta debe hacerse manteniendo la fachada honrosa, que va desde la magnanimidad de Trump (buscando una paz por el bien de la Humanidad) hasta el pragmatismo utilitario.

Nadie ya a estas alturas puede ignorar el trabajo de hormiga y la multimillonaria inversión que hizo Occidente para subvertir y convertir Ucrania en una especie de “monocultivo de la violencia” contra Rusia.

Desde la «Carta sobre una Asociación Distintiva» entre la OTAN y Ucrania —suscripta en la Cumbre OTAN de Madrid de 1997—, hasta el intento fallido del MAP (Membership Action Plan) en la Cumbre de Bucarest de 2008, los diferentes gobiernos estadounidenses procuraron bajo métodos más o menos oficiales posesionarse de Ucrania para sacarla del redil ex soviético, destruyendo los vínculos culturales e industriales históricos con Rusia.

El paroxismo llegó cuando cultivaron perversamente a las inescrupulosas élites banderistas del centro y oeste del país—arquitectas de las milicias neonazis—, las financiaron conjuntamente con la oligarquía transnacional ucraniana —ligada al turbocapitalismo internacional—, y las desataron en el (antidemocrático y anticonstitucional) Golpe del Euromaidán, a principios de 2014, tras haber hecho previamente su ensayo de laboratorio con la «Revolución Naranja» (2004).

Aunque muchos iletrados tilden al presidente ucraniano ‎Viktor Yanúkovich como «prorruso», en realidad era el mandamás del clan oligarca de Donetsk. Como tal, debía hacer equilibrio entre esos grupos económicos que dominaban la escena ucraniana. Sin embargo, a fines de 2013, comprendió que el Acuerdo de Asociación que su gobierno estaba a punto de firmar con la Unión Europea era desventajoso para la industria local y optó por establecer vínculos económicos más estrechos con Moscú como miembro de la Unión Aduanera Euroasiática. En la foto, durante la Comisión Interestatal Ruso-Ucraniana en diciembre de 2013, mientras estrecha la mano al presidente Vladimir Putin.

El rusófobo y belicista senador republicano John McCain dirigiéndose a una multitud en Kiev, el 15 de diciembre de 2013, en la Plaza Maidán. McCain era conocido por reunirse con miembros del Batallón Azov y con yihadistas de Frente al Nusra, a quienes estimulaba a matar rusos. Ya durante la guerra, su amigo y continuador, el senador Lindsey Graham, hizo lo mismo, situación que quedó captada en cámara. El grado de injerencismo estadounidense en Ucrania sobrepasó todo recato.

En un punto, Trump parece entender las responsabilidades propias de su país en todo este descalabro. No se trata de una recapacitación ética, claro que no. Simplemente avizora una cuestión agotada, incluso hasta una debilidad letal de persistir en este sendero, y la conveniencia de una relación virtuosa con Rusia, como una forma de “hacer amigos” en su venidera confrontación comercial con China.

Trump parece comprender que la guerra preventiva montada oportunamente por el Kremlin contra Ucrania se había vuelto una opción inevitable. De hecho, la Operación Militar Especial, que por la magnitud y medios empleados delata que tuvo la intención de intimidar a Zelenski y Compañía —para lograr objetivos políticos—, y lograr algunas zonas búfer de protección, fue bastante más limitada de lo que la prensa occidental presentó como una «invasión a gran escala».

Las vulneraciones flagrantes de los Protocolos de Minsk, con mucha más intensidad a partir del 18 de febrero de 2022 (cuando arreciaron los bombardeos contra la población civil del Donbás) y las pretensiones de Zelenski de nuclearizarse, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich del día 19, indudablemente precipitaron la opción.

Todas y cada una de las gestiones diplomáticas rusas —los famosos draft del 17 de diciembre de 2021 en que pidieron un rediseño de la seguridad europea completo, y las desesperadas reuniones en Ginebra en enero de 2022—, habían caído en saco roto. Ni siquiera las movilizaciones del ejército ruso contra las fronteras habían amilanado la sed de guerra de Kiev, quien para ese entonces, había gozado de una reorganización militar nunca antes vista, convirtiéndose en un poderoso contrincante.

Claro, la invasión rusa fue shockeante, máxime en un continente que no veía una operación así por parte de Moscú desde la Segunda Guerra Mundial (aunque sí había visto la guerra, pero como un videojuego, con los infames bombardeos de la OTAN a Yugoslavia en 1999).

En los primeros momentos de la Operación Militar Especial, la insignia «Z» se convirtió en sinónimo de la incursión rusa en Ucrania.

Pero la pregunta correcta a formularse es ¿Cuándo comenzó realmente la guerra en Ucrania? Pues se tiende a ver al 24 de febrero de 2022 como un acto insano y vil de los rusos, como una horda desquiciada con sed de tierras y poder. De hecho, esa fue la propaganda diseñada y repiqueteada ad nauseam. Sin embargo, el ejército regular ruso intervino en lo que ya era una espantosa guerra civil de ocho años de duración, iniciada por Ucrania, con la ayuda de Estados Unidos y Europa, que tenía como objetivo lisa y llanamente la exterminación (limpieza étnica) de las minorías rusas que vivían en la zona este y sur, que eran obligadas a “ucranizarse” 2 o perecer.

Moscú procuró no intervenir directamente: el principal intento fue la firma de los Protocolos de Minsk, donde NO reconocía siquiera la independencia de los territorios sublevados (las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk), pero exigía en cambio una autonomía constitucional que Kiev suscribió, pero jamás cumplió.

Todas estas dilataciones, trampas, cercos, incumplimientos flagrantes, falsas garantías e inusitada violencia, hizo que la gota rebalsara el vaso y Moscú finalmente decidiera recostarse en la riesgosa opción militar.

Trump parece tener una versión más acabada y menos desfigurada de toda la película, del inicio verdadero (2014, no 2022) hasta la actualidad. Este reconocimiento, esa salida de la rigidez dogmática, sin duda es lo que posibilitó la fumata de Riad.

Delegaciones de alto nivel del cuerpo diplomático de Asuntos Exteriores de Estados Unidos y la Federación Rusa se reúnen para saldar la cuestión ucraniana en Riad, Arabia Saudita, el martes 18 de febrero de 2025. Se aprecian, del lado norteamericano (a la izquierda) al enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, al secretario de Estado, Marco Rubio, y al asesor de seguridad nacional, Mike Waltz. Del lado ruso, están presentes el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, acompañado por Yuri Ushakov, asesor de política exterior del presidente Vladimir Putin. Por parte de Arabia Saudí, participaron el ministro de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan Al-Saud, y el asesor de seguridad nacional, Musaad bin Mohammed Al-Aiban.

Según palabras del canciller Serguéi Lavrov, en Riad se acordaron algunos principios: 

  1. El restablecimiento del vínculo mediante la reapertura de misiones diplomáticas; 
  2. La designación por parte de Estados Unidos de un equipo de alto nivel para lograr “un fin del conflicto en Ucrania” que sea “duradero” y “aceptable para todas las partes”; 
  3. El trabajo mutuo de ambos países hacia la cooperación económica.   

El asesor de seguridad nacional, Mike Waltz, reveló incluso más, diciendo que “la realidad práctica es que habrá una discusión sobre el territorio y una discusión sobre las garantías de seguridad”, agregando que el presidente Donald Trump está “decidido a actuar muy rápidamente”.

¿Acaso Trump, que siempre fue muy desdeñoso con la burocracia atlantista y desprecia profundamente a la Unión Europea, hubiese negociado exitosamente los draft enviados por Rusia en 2021, permitiendo una retirada de aquellas fuerzas adelantadas posicionadas contra las fronteras rusas? ¿Se refiere a eso cuando dijo que con él “esta guerra nunca hubiese ocurrido”? Exactamente. [Más adelante hablaré de los Grupos de Trabajo que se conformaron y verán que esto es así.]

Lo cierto es que Trump sólo ve en la Unión Europea una supranación extremadamente burocrática que no solamente descansa su seguridad sobre el presupuesto generoso de Washington, sino que encima es un bloque económico antagonista. Y quiere corregirlo.

Biden tenía parcialmente la misma apreciación. Cuando utilizó (el conflicto de) Ucrania para sacarle a Alemania las ventajas competitivas de su industria y atarla al carísimo GNL ultramarino, intentó «raptar» la economía de Europa. Pero al menos respetaba la farsa atlantista. Trump parece que ni eso… y quiere que Europa pague y se haga cargo de su propia seguridad, apostando únicamente por tropas estadounidenses expedicionarias, como funcionó previo a la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Eso implicaría una retirada táctica, al menos, de Europa Oriental… que es justamente lo que espera y siempre ha pretendido Rusia, ante cuya negativa, se vio forzada a reaccionar militarmente en Georgia (2008), Crimea (2014) y Ucrania (2022).

Y que se entienda… ni Rusia ni Estados Unidos hablan de desafiliaciones de los países que ya son miembros plenos de la OTAN —como Polonia, Rumania o los chihuahuas bálticos—, sino de retiradas de fuerzas técnicamente estratégicas de la zona caliente hacia una retaguardia más lejana, con el objetivo de materializar el principio de seguridad indivisible.

Una aclaración: desde una perspectiva histórica, puede que la Unión Europea haya sido creada para competir en bloque con los Estados Unidos y el (asomando por el horizonte) potencial chino, allá por 1992, con el Tratado de Maastricht. Sin embargo, Reino Unido estaba dentro. Raudamente, fueron alineadas bajo el corsé atlantista, o sea, anglosajón, básicamente porque opera bajo su tutela 3. Eso se vio en la capitulación del eje francoalemán. Pero hoy lo que le pesa a Estados Unidos es esa dependencia, ese carácter parasitario, y paralelamente, cómo sus dirigentes obedecen a sus amos straussianos, quienes siguen apostando por la guerra.

Esto quedó plenamente en evidencia con el discurso provocativo de JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich, del cual hablé en mi gran artículo «Putin y Trump definen el futuro de Ucrania (y de Europa)» [“los enemigos de Europa no son China ni Rusia” dijo en el estrado JD Vance ¡contradiciendo las máximas atlantistas!].

A sabiendas de la reunión bilateral en Riad del 18 de febrero, que preanunciaba, en forma de indicios bastante afirmativos, lo que acabo de explicar ut supra, el más europeísta entre los europeístas, Emmanuel Macron, convocó una reunión un día antes en el palacio del Elíseo, con sus máximos aliados continentales (aunque probablemente la italiana Meloni no tenga tanto agrado de sentarse allí…).

Los dirigentes reunidos el 17 de febrero en el Palacio del Elíseo de París. En el sentido de las agujas del reloj, vemos al presidente francés Emmanuel Macron (en posición 12), el presidente español Pedro Sánchez, el primer ministro británico Keir Starmer, el primer ministro polaco Donald Tusk, el secretario general de la OTAN Mark Rutte, la presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo Antonio Costa., la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el primer ministro neerlandés Dick Schoof, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el canciller alemán Olaf Scholz.

Macron solamente pudo congeniar con Starmer en la decisión de enviar tropas a Ucrania… todos los demás se negaron fervientemente. Es la forma europea de llamar la atención, de tener voz y voto en una decisión donde fueron tan convidados de piedra como los mismos ucranianos.

Dicho sea de paso, días antes, el 12 de febrero, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presionaba en Kiev a Zelenski para reclamar ¡500.000 millones de dólares! en garantías de minerales y tierras raras como compensación por lo suministrado por su país en tres años de guerra. ¿O acaso Zelenski creía que era dinero gratuito para “la libertad”? No, hombre, la guerras generan deudas a pesar de creer tener un patrocinador generoso…

El líder ucraniano Volodimir Zelenski y el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, discuten un nuevo pacto sobre seguridad, cooperación económica y asociación de recursos.

En Riad, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró sin fallos en la lógica “No sé qué harían [los europeos] en la mesa de negociaciones… si van a sentarse [allí] con el objetivo de continuar la guerra, ¿por qué invitarlos?”. Esa es la versión educada de Rusia de decir “Fuck the EU!” 4

Sin embargo, también tiene lógica que la UE, que tanto promocionó la defección ucraniana de la “órbita rusa” (no olvidemos que la chispa del golpe de 2014 fue la suspensión del Acuerdo de Asociación con la UE, por lo cual siempre se habló del “Euro-Maidán”), se sienten traicionados por su aliado estadounidense, quien los pone y los saca a discreción, los humilla al quitarles voz y voto, apenas después de haberles exigido un firme alineamiento en la guerra contra Rusia, incluso, a costa de la salud de sus propias economías. Hablé justamente en el artículo anterior [«Ni nazis ni marxistas, ¡globalistas!»] de la desindustrialización alemana y su obediente aceptación de la destrucción del Nord Stream.

Empero, es hora que Europa haga su propio balance de cuentas. Su supeditación automática —su impúdico vasallaje— hacia los Estados Unidos ha arrojado este abultado déficit de autonomía y de saldos duros. Paradójicamente, era algo que les advirtió Putin casi incesantemente. Es probable que esto provoque un cisma más que una nueva adecuación… Los dirigentes máximos de Europa, que responden aún a la facción guerrerista straussiana, no obedecerán a este Estados Unidos.

Haciendo un poco de futurología inductiva, si el proyecto trumpista prospera… probablemente la Unión Europea tenga destino de fragmentación (allí asoman, floreciendo lentamente, los nacionalismos euroescépticos de Alemania y Francia). Orbán y Fico deben estar riendo por dentro. 

Otro que quiere quedarse “con algo” es el régimen banderista ucraniano, como si no tuviera consciencia alguna del lugar marginal que siempre ha tenido. Intentó vanamente mover influencias viajando a los Emiratos Árabes Unidos, desde donde quiso forzar su inclusión en Riad, como si la proximidad geográfica fuera convencimiento suficiente. Pero Mohammed bin Salman lo despachó inelegantemente para que visitara el Reino “un día después” de la cumbre ruso-estadounidense (el miércoles 19).

El presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, recibió el domingo 16 de febrero al líder ucraniano Volodimir Zelenski, en Abu Dabi. La gira del ucraniano fue una forma superficial de recobrar dinamismo. 

Enojadísimo, decidió visitar Turquía, país donde el 30 de marzo de 2022 firmó una tregua y un principio de acuerdo de paz… que luego borró con el codo tras el llamado del (ex) PM británico Boris Johnson. Muy casualmente horas después ocurrió la «masacre de Bucha» (esa que generó gran alharaca en el momento pero de la que ahora se hace profundo silencio) para justificar su retirada y proseguir la guerra.

La postura de Kiev fue tan determinante que a partir de allí prohibieron por decreto presidencial iniciar cualquier tipo de negociación con “el enemigo”. Pero ahora piden estar en la “mesa de negociaciones”…

Buscando apoyos paralelos, Volodimir Zelenski se dirigió a Ankara solicitando su implicación en «garantías de seguridad». Es el mismo dirigente que renegó del acuerdo de paz firmado en Estambul el 30 de marzo de 2022, tras el pedido de los británicos de que prosiguiera la guerra, aceptando el argumento de que Rusia estaba “debilitada”. ¿Con qué buena fe podría recibir Turquía el pedido de Ucrania luego de que, tras sus oficiosos servicios en 2022, prefiriera ponerse al servicio de Londres?

Sin embargo, las giras inocuas de Zelenski no son algo que mueva el avispero en la voluntad de pactar entre Rusia y Estados Unidos. El tema es que el mismo día 17, los ucranianos se zarparon mal (o sea, se comportaron de forma extremadamente atrevida) al realizar un ataque aéreo con drones contra instalaciones del oleoducto Caspian Pipeline Consortium (CPC), que conecta Tengiz (Kazajistán) con Novorosíisk, el puerto ruso al este del Mar Negro. El problema con esto es que el oleoducto es parte de las inversiones de Chevron y ExxonMobillo cual enfureció de sobremanera a Donald Trump.

Por supuesto, esto no fue una singular decisión ucraniana. Es “un mensaje” de Europa —específicamente de los británicos, quizás confabulados con los franceses— , contra Rusia y Estados Unidos. Moscú y Washington lo comprenden perfectamente porque saben que únicamente los satélites anglofranceses pudieron guiar a esos drones. De hecho, Putin afirmó que el lugar “no tenía defensas antiaéreas” porque es una instalación internacional donde Rusia gana apenas “unos centavos” por el tránsito, ya que el petróleo pertenece a empresas estadounidenses y europeas (la ENI italiana tiene una importante participación). Que conste en actas: ¡el CPC nunca estuvo sometido a sanciones occidentales… porque era como ponerse sanciones a sí mismos!

El ex presidente ruso Dmitri Medvédev y actual vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación, ha publicado este tweet el 18 de febrero: «Mientras París acoge una reunión de países europeos que abogan vehementemente por una guerra sin fin, un drogadicto de Kiev ataca una instalación petrolera perteneciente al internacional Consorcio del Oleoducto del Caspio, que transporta petróleo estadounidenseEn Europa parece estar tomando forma una Internacional anti-Trump».

La reunión de Riad, como vemos, no solamente trajo un abandono de la Doctrina Brzezinski, una consciencia en Washington de la era del cogobierno trilateral (para evitar una III Guerra Mundial) y una partición programada de Ucrania. Trajo la obstinación caprichosa de Zelenski y el régimen banderista que lo ampara, cuya opinión no tiene ninguna validez, y la peligrosa rebelión de las élites globalistas europeas, con Macron como mascarón de proa y los británicos donde más les gusta estar, tras bambalinas.

Zelenski ha optado por la opción más estúpida: atacar a Donald Trump de manera personal. Ante Kristen Welker, la moderadora de Meet the Press, un impetuoso Zelenski declaró confiado en el apoyo de los neocons de Washington y los vasallos europeos:

“Nunca aceptaré ninguna decisión entre Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania, nunca”. “Esta es la guerra en Ucrania, contra nosotros, y son nuestras pérdidas humanas”. “Me gustaría que el equipo de Trump fuera más sincero”. “Trump vive en un espacio de desinformación de fabricación rusa”.

Esto, más el atrevimiento sobre el CPC, hizo que Trump se hartara ya de Zelenski y lo condenara definitivamente. No olvidemos —me he encargado de decirlo en muchos artículos anteriores—, que Trump tiene un asunto personal con el comediante: él jugó un papel fundamental en el impeachment que los neocons le hicieron a Trump por el asunto de Hunter Biden. La venganza se sirve en plato frío.

Apenas un día después de la reunión de Riad y dos días después del ataque ucraniano contra instalaciones ruso-estadounidenses, Trump publicó esto en Truth Social:

«Piénsenlo, un comediante medianamente exitoso, Volodimir Zelenski, convenció a los Estados Unidos de América de gastar 350.000 millones de dólares para meterse en una guerra que no se podía ganar, que jamás habría tenido que comenzar, que él nunca podrá resolver sin Estados Unidos y ‘TRUMP’. Estados Unidos ha gastado 200.000 millones de dólares más que Europa, el dinero de Europa está garantizado, mientras que Estados Unidos no recibirá nada a cambio. ¿Por qué Sleepy Joe Biden no exigió pagos de Ecualización, en la medida en que esta guerra es mucho más importante para Europa que para nosotros? Tenemos un grande y magnífico Océano que nos separa. Y además de eso, Zelenski admite que la mitad del dinero que le enviamos ‘DESAPARECIÓ’. Se niega a organizar elecciones, está muy bajo en los sondeos ucranianos y la única habilidad que tenía era la de ser capaz de hacer cantar a Biden ‘como un violín’. Dictador sin elecciones, Zelenski haría mejor en actuar rápido, si no va a quedarse sin país. Mientras tanto nosotros negociamos con éxito el fin de la guerra con Rusia, algo que todo el mundo reconoce: sólo pueden hacerlo ‘TRUMP’ y la administración Trump. Biden nunca trató, Europa no pudo aportar la paz y Zelenski probablemente quiere mantener la máquina funcionando. Amo Ucrania, pero Zelenski ha hecho un trabajo espantoso, su país está quebrado y MILLONES de personas han muerto inútilmente, etc.»

Pasado en limpio, Trump acusó a Zelenski:

  1. De involucrar a Estados Unidos en la guerra contra su voluntad (lo cual no es cierto… aunque a la dictadura banderista le resultara cómodo)
  2. De no comprometerse a devolver el dinero aportado por Estados Unidos. Peor aún, de no tener registro ni control de las ayudas financieras oportunamente brindadas.
  3. De que Europa sí tiene sus préstamos garantizados.
  4. De que es un dictador sin elecciones, pues tiene mandato cumplido desde el 20 de mayo de 2024 y más de 16 partidos políticos proscriptos.
  5. De que su tozudez lo dejará sin país.

Zelenski tiene, hablando mal y pronto, el “boleto picado” (como decimos en Argentina): no sería sorprendente que la procuradora general Pamela Bondi anuncie acusaciones penales contra el ucraniano por robo de propiedad del gobierno de Estados Unidos —por lo pronto ya tiene los archivos clasificados del pedófilo Jeffrey Epstein para acallar a los pervertidos de Hollywood a sueldo de los neocons—; eso, por supuesto, sino resulta enjuiciado por oficiales militares ucranianos descontentos… o hasta asesinado. Cuando menos entienda Zelenski que es prescindible, más cerca está de serlo.

Lo cierto es que Estados Unidos y Rusia acordaron en Riad seis grupos de trabajo. Aun contra las pataletas de Zelenski, y el coro neocon euroatlántico:

  1. Grupo de Seguridad Estratégica y Control de Armamentos. El New START 5 expira en 2026. Estados Unidos intentará extenderlo, pero imponiendo restricciones a las armas hipersónicas y las fuerzas nucleares tácticas rusas. Rusia, por su parte, buscará una revisión del equilibrio de poder, considerando sus convicciones respecto de la no-expansión de la OTAN, exigiendo el redespliegue de nuevos sistemas de misiles en Europa.
  2. Grupo de Revisión de la Arquitectura de Seguridad Global: Se discutirá la delimitación de esferas de influencia, mecanismos de monitoreo, ciberseguridad y sistemas de combate autónomos. China tendrá que participar en el proceso.
  3. Grupo de Interacción Diplomática Bilateral: funcionamiento normal de embajadas, con levantamiento de restricciones mutuas y amplios canales de comunicación.
  4. Grupo de Energía y Sanciones: Rusia pretende levantar las sanciones estadounidenses, para lo cual les ofrecerán proyectos económicos conjuntos.
  5. Grupo para la Solución del Conflicto en Ucrania: Ucrania tendrá condición de no-alineado (no ingresará a la OTAN). La UE no influirá en las negociaciones. Se celebrarán elecciones en Ucrania y recién luego se concluirá un acuerdo completo, que será adoptado por la ONU. No habrá tropas atlantistas en el territorio de Ucrania. Rusia mantendrá para sí los territorios liberados a lo largo de la línea del frente. Se solicitarán garantías para los rusoparlantes en Ucrania.
  6. Grupo de Asuntos Internacionales: coordinar esfuerzos para evitar que colapse la tregua israelo-palestina, estabilizar Siria, buscar un acuerdo negociado con Irán. También está el asunto de la cooperación en el Ártico.

Estos arreglos cayeron como balde de agua fría en las cabezas de Starmer y Macron, que creyeron que con unos drones podían hacer cambiar de opinión a Trump (y menos que menos, a Putin).

Reveladoras declaraciones del presidente ruso Vladimir Putin en donde pone de manifiesto que las élites occidentales intentan desestabilizar el proceso de paz pactado por Trump y él mismo, y que deberán poner en especial alerta a sus servicios secretos y agencias de inteligencia, algo a lo que me referí especialmente en mi imperdible artículo «Putin y Trump definen el futuro de Ucrania (y de Europa)»

El 24 de febrero, sensible aniversario de la Operación Militar especial rusa en Ucrania, Emmanuel Macron viajó a Washington intentando sintonizar posiciones.

Ya en la Casa Blanca, Macron participó por videoconferencia, a un costado apartado de la mesa de Trump, de la reunión del «G7 ampliado», en la que participó el dictador Volodimir Zelenski y el presidente español Pedro Sánchez, que se encontraba en Kiev; además de los usuales mandatarios Justin Trudeau, Olaf Scholz, Giorgia Meloni, Shigeru Ishiba, Keir Starmer, y los representantes de la UE, Ursula von der Leyen y Antonio Costa. Apenas después Macron tuvo una bilateral.

En cualquier caso, se dio una conversación de sordos, un “teléfono descompuesto”. La eurozona (en grupo o a través de Macron) insistió en varios puntos donde no hay posibilidad de avance: (1) que los activos congelados rusos paguen las deudas de Ucrania con Occidente (2) que Volodimir Zelenski sea considerado como líder legítimo e incluido en las negociaciones, (3) que Estados Unidos proporcione apoyo militar y financiero a Gran Bretaña y Francia en caso de intervenir en Ucrania, incluso, bajo la forma de pacificadores.

Pero la agenda de Trump es diferente. Sostiene que los europeos  tienen garantizados sus préstamos y Estados Unidos no, por lo que va a forjar un acuerdo por recursos naturales con Ucrania para recuperar sus “inversiones”. A la vez dejó en claro que no hay posibilidad de embargar los bienes rusos y que el tratado de paz se logrará sin Europa.

El 24 de febrero, el presidente francés Emmanuel Macron viajó a Estados Unidos para reunirse con Donald Trump. Allí quiso imponer su visión principista que ha repetido Biden y la UE durante 3 años, pero se llevó una respuesta tajante de Washington: (1) El dinero ruso no debe ser confiscado, (2) La paz en Ucrania es urgente, (3) Es urgentemente necesario negociar con Putin (4) Ucrania debe pagar su deuda con Estados Unidos a como dé lugar. Punto y aparte.

El mismísimo 24 de febrero, Trump declaró en la red social Truth: «Hoy, el presidente Emmanuel Macron de Francia se me unió en la Oficina Oval para conversar en la cumbre G7. La reunión fue convenida por el gobernador Justin Trudeau de Canadá, el presidente actual del G7, para conmemorar el Tercer Aniversario de la Guerra Ruso-Ucraniana, la cual nunca hubiese comenzado de ser yo presidente. Cada uno expresó su objetivo de ver finalizar la guerra, y yo enfaticé en la importancia del vital ‘Acuerdo por Tierras Raras y Minerales Críticos’ entre Estados Unidos y Ucrania, que espero se firme muy pronto. Este acuerdo, que es una ‘Asociación Europea’, asegurará al pueblo estadounidense la recuperación de decenas de miles de millones de dólares y equipo militar enviado a Ucrania, a la vez que contribuirá al crecimiento de la economía ucraniana mientras la guerra brutal y salvaje llega a su fin. Al mismo tiempo, estoy en serias discusiones con el presidente Vladimir Putin de Rusia respecto del fin de la guerra, y también importantes transacciones de Desarrollo Económico que tendrán lugar entre Estados Unidos y Rusia. ¡Las conversaciones prosiguen muy bien!»

Ese mismo día, en la (desacreditada) Asamblea General de la ONU, Ucrania-UE presentan una resolución que condena a Rusia por la invasión y exige la retirada inmediata de sus tropas. Es aprobada con 93 votos a favor, 18 en contra y 65 abstenciones. Notablemente, tanto Estados Unidos como Rusia votaron en contra de esta resolución, lo que refleja un cambio en la postura estadounidense respecto al conflicto.

Como dato de color, el enclenque gobierno argentino de Javier Milei se abstuvo luego de haber apoyado fervientemente la posición ucraniana, incluso invitando a Zelenski a la asunción presidencial.

La UE y Ucrania intitularon la resolución de la Asamblea General como «Avanzando hacia una amplia, justa y duradera paz en Ucrania». Estados Unidos se abstuvo de votar a favor.

En paralelo, Estados Unidos propuso otra resolución intitulada «El camino hacia la paz», donde se abogaba por el fin del conflicto sin señalar responsabilidades específicas ni condiciones para la paz. Tras ser enmendada por la UE para incluir referencias a la soberanía e integridad territorial de Ucrania, la resolución fue adoptada con 93 votos a favor, 8 en contra y 73 abstenciones. Estados Unidos, tras las enmiendas, ¡decidió abstenerse en la votación de su propio texto!

Pero lo importante ocurrió en el Consejo de Seguridad, donde las resoluciones ahí sí son vinculantes: allí, por primera vez en mucho tiempo, Rusia, Estados Unidos y China votaron juntos a favor de una resolución que busca el fin de la guerra en Ucrania pero no condena a Rusia. Logró 10 votos a favor y 5 abstenciones (Francia, Reino Unido, Dinamarca, Grecia y Eslovenia, o sea, los europeos).

Días después, el 27, llegó el turno de la visita de la delegación británica. El objetivo clave de Starmer, en nado sincronizado con Macron, era lograr que Trump respaldara su prometido despliegue de tropas en Ucrania con una fuerza estadounidense de apoyo… pero Trump le dijo que si estaba listo para luchar contra Rusia, que lo haga en solitario.

El 27 de febrero llegó el turno del primer ministro británico Keir Starmer. Los resultados fueron similares a los cosechados por Macron.

Sin embargo, todavía faltaba la cereza del postre y ocurrió el 28 de febrero, con la visita del líder ucraniano a Washington, donde fue abordado tanto por Donald Trump como por su vice JD Vance.

Si quedaba alguna duda de que Donald Trump estaba hablando en serio, dándolo todo para terminar de una vez y por siempre con la sangría ucraniana —“durante el tiempo que sea necesario”, como solían decir todos en la era Biden— quedó despejada tras el comportamiento decididamente rudo que le dieron a Zelenski en su estadía, donde no hubo lugar para interpretaciones difusas.

Zelenski llegaba con el “rabo entre las piernas” a pedir más dinero y apoyo, blandiendo la gastada chantada de la amenaza rusa que, como una mentira repetitiva, termina siendo creída como una verdad. Encima, era un tercer intento, luego de los malogrados de Macron y Starmer.

¿Qué podía salir mal?

Como background, el comediante de Kiev, evidentemente manejado por el MI6 británico, venía de admitir que el dinero dado por Biden simplemente “desapareció”, algo que le provoca urticaria a Trump, pero que resulta creíble considerándose que el clan Biden —con su vicioso hijo Hunter, ligado a Burisma e indultado por su propio padre cuando se lo investigaba por cargos graves—, es sospechado de haber malversado fondos; pista que en su momento le valió un impeachment a Trump.

Así las cosas, Trump y Vance le explicaron cuántos pares son tres botas a un Zelenski que evidentemente no entiende o no le importa la gravedad de la situación, que venía sobrecargado de confianza por el apoyo europeo y el «partido de la guerra», en una conversación grabada que es tan inusual como descarnadamente directa.

Aquí está el vídeo a vuestra disposición, con el momento de mayor tensión (aunque recomiendo verlo íntegramente). Hasta ese momento, la situación era cordial y amena, pero Zelenski intervino presionando demasiado a Trump, llamando «asesino y terrorista» a Putin, acusándolo de «secuestrar niños ucranianos», rodeándolo al dar por descontada la posición europea «a la que espera que Trump se sume» para «detener a Putin».

Sin embargo, la cosa estalló cuando Zelenski rechaza cómo el vicepresidente describe los errores de Biden para conducir los asuntos exteriores, e insinúa que durante su primer mandato, Trump no había hecho absolutamente nada para detener a Putin. Luego básicamente los amenaza de que si no derrotan a Putin, un día los tendrán frente a su puerta (“tienen un hermoso océano y no lo siente ahora, pero lo sentirá en el futuro”) .  

Demasiado atrevimiento para un dirigente que sin el apoyo estadounidense estaría en una cárcel de máxima seguridad en Siberia.

Zelenski cacareó en el gallinero equivocado y fue desplumado por los gallos vigilantes. El rostro de la embajadora Oksana Markarova, tomándose la cara con ganas de llorar, marcaba el destino de salida de este dirigente, al que se le dio vuelta por última vez el reloj de arena.

Zelenski no puede argumentar que no sabía donde se metía. Una semana atrás, Trump negó rotundamente la membresía de Ucrania en la OTAN y vaticinó “importantes transacciones de desarrollo económico que tendrán lugar entre Estados Unidos y Rusia” (lo colgué arriba, en un insert). Adicionalmente, encaró a Macron y le hizo una pregunta retórica “¿No cree Ud. que (la guerra) podría terminar en semanas?” y volvió a advertir sobre el riesgo de una “Tercera Guerra Mundial” (hablaré de eso al final).

Según el gran analista indio MK Bradhakumar, Trump trabaja para que en el año 2026, cuando se cumplan 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, pueda recibir a los líderes de Rusia y China en suelo estadounidense para celebrar el inicio de una nueva era tripartita, algo así como un Yalta 2.0. Las élites globalistas europeas no estarán invitadas, pues son “de otro palo” y tienen una visión compartimentada del mundo, bajo el instrumento bélico y el “orden basado el reglas”. Es por ello que Trump prefiere segmentar y buscar interlocutores nacionalistas en el Viejo Continente (como los AfD).

Tras la “domada”, Zelenski fue literalmente echado de la Casa Blanca, pues se negó a firmar un acuerdo por “tierras raras” y prefirió ampararse en Londres y Bruselas.

A propósito, se sospecha que no puede firmar ese acuerdo pretendido por Trump porque ¡los minerales ucranianos ya tienen dueño! ¿A que no adivinan quién es?

De todas maneras, un resentido Zelenski, eligió utilizar la insana ironía con metamensaje:

Zelenski prefirió el mensaje insidioso a asumir responsabilidades por su fracaso. En un tweet del 28 de febrero, sostuvo: «Gracias Estados Unidos, gracias por su apoyo, gracias por esta visita. Gracias @Potus, Congreso y pueblo estadounidense. Ucrania necesita una paz justa y duradera, y estamos trabajando exactamente en eso». La alusión a la “paz justa y duradera” hace referencia la Resolución de la Asamblea General de la ONU, impuesta por la UE, que Estados Unidos se negó a apoyar el 24/02/2025. A la vez, la insistencia en el “gracias” tiene que ver con el reclamo de JD Vance sobre su falta de agradecimiento.

Pero hoy, 2 de marzo, Zelenski develó quien es y siempre ha sido su handler (manipulador) en las sombras: Reino Unido. Y me empiezo a preguntar genuinamente si su show de irrespeto no fue algo realmente provocadoactoralmente diseñado, para re-posicionarse como una pobre víctimaque solamente lucha por «la libertad y contra los poderes fácticos».

Reunidos en Londres, los británicos acordaron con Kiev un nuevo préstamo de 2.000 millones de dólares para compras militares, incluidos misiles para sistemas de defensa antiaérea, y pudieron encolumnar en la metrópoli a toda la dirigencia globalista europea. Así, Europa aceptó boicotear el plan de paz y manifestar su faz imperialista en solitario.

De izquierda a derecha, los dirigentes globalistas que bregan por la continuación de la guerra: arriba, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, Dick Schoof, primer ministro de los Países Bajos, Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia, Olaf Scholz, canciller de Alemania, Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega, Petr Fiala, primer ministro de Chequia, Hakan Fidan, ministro de Exteriores de Turquía; en la fila media, Pedro Sánchez, presidente de España, Mette Frederikssen, primera ministro de Dinamarca, Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, Antonio Costa, presidente de Consejo Europeo, Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, Giorgia Meloni, primera ministro de Italia e Ilie Bolojan, presidente de Rumania. Debajo, Alexander Stubb, presidente de Finlandia, Emmanuel Macron, presidente de Francia, Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, Volodimir Zelenski, presidente de mandato cumplido de Ucrania y Donald Tusk, primer ministro de Polonia. Ni Robert Fico (Eslovaquia) ni Viktor Orbán (Hungría) eligieron estar allí. Recep Tayyip Erdoğan (Turquía) envió a un funcionario menor.

Sin embargo, esto podría ser el principio de su autodestrucción… y no me refiero, por supuesto, a los Oreshnik rusos, sino a que su soberbia no se condice con su invulnerabilidad. Entiéndase, la economía de Europa no tiene cataforesis. No hay país europeos que no sufra inflación, recortes sociales y crisis energética, además de problemas de competitividad. España le ha regalado 1.000 millones de euros a Kiev y no puede gestionar un plan de emergencias contra lluvias torrenciales [ver «No mires arriba»]. ¿Hasta cuándo van a seguir deteriorando la vida de sus ciudadanos para financiar la destrucción y concentrar el robo capitalista con la excusa de la “defensa”?

Las poéticas palabras de Ursula von der Leyen, que expresó “tu dignidad honra la valentía del pueblo ucraniano. Sé fuerte, sé valiente, no temas. Nunca estás solo, querido presidente Zelenski. Continuaremos trabajando contigo por una paz justa y duradera” se topa con un límite importante, que es el inmenso aporte estadounidense a la OTAN.

Estados Unidos aportaba ya en 2022 más del 3% de su propio PIB a la OTAN. Solamente Grecia, aunque para balancear a Turquía, era capaz de hacer ese sacrificio.

El peso presupuestario de Estados Unidos en la OTAN es más que evidente: son responsables de casi un 70%. Y eso, por no hablar de que la mayor parte de los sistemas occidentales son de producción estadounidense. Aunque canadienses y europeos se expriman los bolsillos, difícilmente puedan compensar tamaña magnitud.

Esto significa que, más allá de los gestos, Europa no puede técnicamente continuar en solitario la guerra en Ucrania ante la apisonadora rusa. Más bien parece ser un llamado desesperado a que los incluyan en el próximo tratado que dé fin a la guerra y, peor aún, en la arquitectura de la seguridad europea resultante.

Es, en definitiva, un llamado desesperado a frustrar especialmente el plan de Trump —poniendo piedras en los zapatos—, de reducir el presupuesto de defensa norteamericano y alejar sus bases y sus tropas lo más posible de las fronteras rusas (idealmente, como sugirió diabólicamente Zelenski, del “otro lado del océano”) y mantener relaciones pacíficas y ¡de cooperación económica! con Rusia.

Lo que está montando Reino Unido y sus caniches europeos es un show de autopercepción pues se creen más importantes de lo que realmente son. Por otro lado, es casi el efecto psicológico de contrastar la verdad de que Rusia ha ganado la guerra. Sin el acceso al gas y petróleo rusos, o al GNL estadounidense, Europa no tiene energía suficiente para mantener sus niveles de actividad. Sin el abultado presupuesto de Washington, la OTAN quedaría out of service.

Sin el apoyo técnico del Complejo Militar-Industrial estadounidense, no podrían remontar vuelo sus aviones. Y el Banco Central Europeo quedaría inoperativo si algo le sucediera al cordón umbilical financiero que lo une a la Reserva Federal. Todo ello por no hablar de las bases permanentes de la USAF, el US Army e incluso las navales, verdadera «garantía» de la defensa continental. Claramente, es una forma de llamar la atención y a la vez un grito desesperado [ver: «La Colmena Occidental está enloquecida» donde anticipaba esta reacción]

Si tan resueltos son esos dirigentes de la foto, que confunden volumen con fuerza: ¿Por qué entonces ningún ejército europeo, a pesar de los constantes amagos, se anima a dar un paso al frente en honor a la “solidaridad con Ucrania”? ¿Serán los franceses, que se retiran del Sahel ante el humilde ejército de Níger, los encargados de liderar?

Se vienen, a mi humilde entender, una serie de cachetazos desde la Casa Blanca, individualmente, en materia tarifaria y de otro tipo (tenemos una pista en el flujo cortado de la USAID). Algunos dirigentes podrían estar en la mira, como Meloni (única invitada a la asunción de Trump) o Tusk (quien depende de las dádivas de Washington), cuya presencia en Londres podría haber caído especialmente mal.

Por otra parte, Trump esta vez habló con palabras, pero puede mostrar modos aun menos sutiles para presionar a Ucrania a firmar su codiciado contrato por tierras raras (las mismas con las que se hacen semiconductores y microchips)… como por ejemplo, utilizar sus servicios secretos o retirar su red de inteligencia, que dejaría “ciego y sordo” al aparato militar ucraniano. Ah… casi me olvidaba… ¿ya adivinaron quiénes tienen esos preciosos minerales como garantía de su apoyo? Les daré una pista: dime a quien invocas y te diré a quien le vendiste el alma.

(No tengo duda que Trump lo sabía. Putin también, que por eso ofreció un joint venture para explotar conjuntamente sus propias tierras raras)

“Dios los cría y el viento los amontona” dice una voz popular.

En 2022, fue otro “amigo” quien evitó llegar a una paz consensuada.

Ahora bien… es importante sacar algunas aristas en otra dirección: el régimen banderista está en «modo desesperado» e intentará elevar el nivel de riesgo al máximo posible, para así involucrar a Europa primero, y por propiedad transitiva, a Estados Unidos, en virtud del Artículo 5º del estatuto de la OTAN. ¿Recuerdan que Donald Trump le dijo a Zelenski que estaba jugando con una Tercera Guerra Mundial? (lo cité arriba). Bueno. Ya intentó atacar el gasoducto TurkStream el mismísimo 28 de febrero (mientras el comediante estaba en Washington), ya efectivamente atacaron el CPC. ¿reiniciarán los planes de un ataque [de falsa bandera] radiactivo, una bomba-sucia o incluso un nuevo intento de retoma de la central nuclear de Zaporozhie?

¿Recuerdan cuando Zelenski dijo que deseaba construir «la OTAN en Ucrania»? (lo hizo en la Cumbre Support Ukraine sostenida en Kiev este 24 de febrero, ante 40 políticos europeos)

Volodimir Zelenski asegura que traerá “la OTAN a Ucrania” si es que la OTAN le niega la membresía.

Bueno, esa parece ser la táctica. Forzar el ingreso de “tropas de mantenimiento de paz” europeas, preferentemente anglofrancesas, en fin, atlantistas, a ocupar territorio ucraniano y construir apenas después algún tipo de chispazo que las haga confrontar directamente con los rusos para activar al mastodonte americano. A ese nivel de enajenación cerebral llega la cosa. Convertir a Ucrania en un miembro de facto de la OTAN, con sus propias realidades sobre el terreno.

Ese fue, justamente, el principal punto de rechazo de Donald Trump ante Macron y Starmer, hoy por hoy, el núcleo duro del elitismo financierista-globalista, que brega por volver a tomar las riendas del hegemonismo occidental.

(Por: Christian Cirilli/Tomado de su blog La Visión)


  1. Es una expresión gauchesca que significa que no vale la pena desperdiciar tiempo o dinero en actividades u objetos insignificantes, inútiles o desventajosos. Los chimangos son aves rapaces pequeñas, como los halcones. Desperdiciar un tiro en ese ave, cuando puede aplicarse a un venado o a una liebre, es un acto fútil. ↩︎
  2. Paradójicamente, durante la dominación polaca de Ucrania, ésta se vio obligada a una polonización forzosa. Después de la PGM, el renacido estado polaco reprimió a la naciente República Nacional de Ucrania Occidental durante la guerra polaco-ucraniana de 1918-19. Roman Dmowski (ministro de asuntos exteriores) y Stanisław Grabski (ministro de religión y educación) promovieron la imposición de los valores polacos (la lengua polaca y la iglesia católica) a las minorías para alcanzar la asimilación nacional que los haría polacos en la siguiente generación. ↩︎
  3. A pesar de las apariencias, el Consejo de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea ‎no es un súper gobierno sino una caja de resonancia de las decisiones de la OTAN. ‎Esas decisiones se toman en el Consejo del Atlántico Norte, controlado por Estados Unidos ‎y Reino Unido, se transmiten a la Comisión Europea y al Parlamento ‎Europeo y son en definitiva ratificadas por el Consejo Europeo. ‎ ↩︎
  4. El 6 de febrero de 2014, tras el Golpe del Euromaidán, la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland reveló la impaciencia unilateralista de su país cuando espetó por teléfono al embajador en Kiev, Geoffrey Pyatt: “Fuck the EU!”. Nuland expresaba así su frustración con la UE por su manejo liviano de la crisis en Ucrania durante las protestas y la destitución de Víktor Yanukóvich. La filtración generó un escándalo diplomático, ya que mostraba la influencia de Estados Unidos en la política ucraniana y sus desacuerdos con la UE —ya entonces supeditada— sobre cómo gestionar la transición del gobierno en Kiev. ↩︎
  5. El New START, o Strategic Arms Reduction Treaty III, es un acuerdo firmado por el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente ruso Dmitri Medvédev el 8 de abril de 2010 en Praga, y ratificado por ambos países en diciembre de 2010 y enero de 2011, por el cual ambos países se comprometieron a reducir su arsenal atómico en dos tercios, lo que suponía limitar a 1.550 ojivas el arsenal de cada una de las partes y a 800 lanzaderas de misiles intercontinentales balísticos no desplegados (ICBM), lanzaderas submarinas para misiles balísticos (SLBM) y bombarderos pesados equipados con armamento nuclear. Este nuevo tratado también limitó el número de ICBM, SLBM y bombarderos desplegados u operativos reduciéndolo a 700 unidades operativas. ↩︎

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