Cada 1 de octubre el mundo celebra el Día Internacional de las Personas de Edad, instituido por la ONU en 1990 para visibilizar sus derechos y reconocer su contribución. El lema de este año —“La era de la longevidad: repensar los sistemas para una vida más larga”— no es casual: en 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más.
Matanzas no escapa a esa realidad. Según la ONEI, la provincia cerró 2025 con 596 807 habitantes, 4 553 nacimientos y 10 078 defunciones. Casi uno de cada cuatro matanceros tiene 60 años o más. Matanzas pierde población a un ritmo más acelerado que el resto del país.
Detrás de esas cifras hay rostros. Cada anciano tiene una historia que merece ser contada: por lo que fue, por lo que hizo, por lo que sigue siendo. Fueron maestros, mecánicos, enfermeras, choferes. Gente que sostuvo esta tierra, esta economía, y forjó la sociedad con sus manos. Hoy, muchas veces, sostienen la casa sin compañía.
El Código de las Familias, desde 2022, les da a los adultos mayores el derecho a decidir hoy sobre su mañana: quién los cuidará, qué tratamiento aceptarán, dónde vivirán. Eso recoge el artículo 426, que les permite dejar por escrito su voluntad ante notario.
La norma también reconoce a quienes cuidan sin obligación legal y abre la puerta al acogimiento familiar, para que ningún anciano termine en una institución si hay un hogar donde lo quieran. Y castiga con la pérdida de la herencia a quien los abandone. En resumen: la ley les devuelve la dignidad de decidir y la compañía de los suyos.
No todo es soledad. En el Reparto Reynold García, la Casa de Abuelos No. 3 “Héroes de Girón” demuestra que otra vejez es posible.




Allí, los ancianos hacen preparación física cada mañana. Se arreglan las uñas, se peinan, se miran al espejo. Cantan a coro, recitan décimas, debaten las noticias del día, consultan el diccionario. En los talleres de experiencia hablan del arte de cuidarse, de la nutrición, del estrés, de la ansiedad, de la depresión, de la autoestima.
También reciben visitas de artistas de la comunidad, que llegan con una guitarra o un poema. Y repiten un lema que no es adorno: “Mente y cuerpo sanos, abuelos ejercitados”.
Detrás de esa casa hay una red. La Empresa Flora y Fauna de Matanzas, Artex, entre otras instituciones, mantienen un vínculo estrecho con el barrio. Varios proyectos comunitarios del Consejo Popular Peñas Altas acompañan a los ancianos con actividades y gestos que no siempre salen en la prensa.
Pero hay otro apoyo que llega a cada barrio. Es el SAF, el Sistema de Atención a la Familia. En cada barrio hay un comedor que garantiza alimentación a quienes más lo necesitan: ancianos que viven solos, personas con discapacidad, gente que no tiene quien le cocine. No es solo un plato de comida. Es la certeza de que alguien los espera. Para muchos asistenciados, es el momento del día en que conversan, salen de la casa y se sienten parte de algo. Y para quienes no pueden trasladarse, la comida llega hasta la puerta.
Pero todo esto puede no ser suficiente. Cada día hay más vulnerabilidades, más problemas económicos por resolver, y el bloqueo sigue pesando sobre la vida cotidiana. Ninguna casa de abuelos, ningún comedor del SAF, puede tapar por sí solo esa realidad. La ley y las instituciones hacen su parte, pero la dignidad de los ancianos también depende de que entre todos encontremos soluciones a problemas que no se resuelven solo con voluntad.








Atender al adulto mayor no es solo cumplir con la ley. Es garantizar que puedan vivir con dignidad, que no les falte compañía, que ningún rincón de la provincia los olvide.
Que la alegría de nuestros ancianos no se apague nunca. Que sigan siendo, como siempre han sido, personas queridas y respetadas. Porque mientras ellos ríen, cantan y enseñan, Matanzas sigue teniendo memoria.
