Perros, los rostros de la lealtad: un día para mirarlos a los ojos

Perros, los rostros de la lealtad: un día para mirarlos a los ojos

Miran sin prejuicios, ladran con sinceridad y mueven la cola sin dobleces. En Cuba, los perros no ocupan un rincón de la casa: ocupan un rincón del alma. Forman parte de la familia, tienen un lugar en la mesa y un nombre al cual responder. Mila, Luna, Gina, Pinto, Noah, Pirita, Rocky… nombres que nacen del cariño o la adversidad y se quedan para siempre.

Los perros nos esperan en la puerta y nos sienten llegar al mínimo sonido, celebrando nuestra llegada como una fiesta. Nos lamen las lágrimas sin preguntar; su amor es incondicional.

Todos tienen una historia que contar. Sus gustos, sus «perretas» son testigos de la vida cotidiana, compañeros de batallas y de siestas compartidas.

Pero también hay perros que van más allá del hogar. Son los que trabajan codo a pata con nuestros rescatistas, esos héroes de cuatro patas que olfatean entre los escombros, que buscan vida donde parece que no la hay, que se adentran donde el hombre a veces no puede llegar. No llevan capa, llevan un arnés y una misión: salvar vidas. Son entrenados, valientes y, sobre todo, leales hasta el último ladrido.

Cuidarlos requiere amor y constancia. Caricias, agua limpia, comida, la sombra en los días de calor y hasta su abrigo en los días de más frío. También implica responsabilidad: vacunarlos, desparasitarlos y llevarlos al veterinario cuando lo necesitan. Son gestos pequeños que para ellos significan el mundo entero.

En muchos hogares cubanos, el perro es ese familiar que no habla pero lo entiende y lo dice todo. Se sienta a nuestro lado en las buenas y en las malas, sin pedir explicaciones. Se ha ganado un lugar en la mesa (aunque sea debajo de ella) y en la cama (aunque ocupe más espacio del que debería). Tratarlos como a una persona más no es exageración: es reconocer que su amor no tiene condiciones.

Pero no todos tienen esa suerte. En las calles de nuestras ciudades aún deambulan muchos que esperan una caricia o un plato de comida. Hoy, en su día mundial, hagamos una pausa y miremos a su alrededor. Adoptar, esterilizar y respetar no es un acto de héroe: es un acto de humanidad.

Porque ellos nos dan todo sin pedir nada. Solo un poco de amor, un poco de tiempo y un lugar seguro al que llamar hogar. Celebremos hoy a los perros de Cuba y del mundo: los de raza, los callejeros, los rescatistas, los viejos y los cachorros. Todos merecen un final feliz. Y nosotros, la dicha de tenerlos.
Tienes perro? Cómo se llama?

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Sobre el autor: Izet Morales Rodríguez

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