TDAH: Detrás de la distracción

Octubre es el Mes de Concienciación sobre el TDAH, un período dedicado a crear conciencia, combatir el estigma y celebrar las fortalezas únicas que a menudo acompañan a un cerebro neurodivergente. Colocación protagonista

Octubre es el Mes de Concienciación sobre el TDAH, un período dedicado a crear conciencia, combatir el estigma y celebrar las fortalezas únicas que a menudo acompañan a un cerebro neurodivergente.

“A veces tengo tantas cosas en la cabeza que no puedo hacer todas a la vez”. Es la primera frase de una joven de sonrisa nerviosa que prefiere no revelar su nombre, pero sí hablar de lo que durante años fue motivo de vergüenza y frustración; y que hoy comprende mejor. Para ella, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no es un pretexto, sino una condición que ha marcado su forma de estudiar, trabajar y relacionarse con el mundo.

Desde temprana edad, aprendió que estudiar no era tan sencillo como parecía. Leer un mismo párrafo varias veces y no entenderlo, olvidar materiales, dejar tareas a medias y hasta perder la noción del tiempo formaban parte de su rutina.

“Yo quería concentrarme, pero la mente se me iba por otro lado —recuerda—. Y después venían los reclamos; que era desordenada, que no me esforzaba. Eso me dolía más que el propio hecho de no estar haciéndolo bien. Era como que no me entendían”.

Hoy comprende mejor aquellas experiencias. Detrás de aquellas etiquetas que recibió, había dificultades que merecían ser escuchadas y evaluadas, no juzgadas. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que puede manifestarse mediante síntomas persistentes de inatención, hiperactividad e impulsividad, capaces de afectar la vida académica, social y cotidiana de la persona.

MÁS ALLÁ DE LA CONDUCTA

Lena Alonso Triana, psicóloga, doctora en ciencias y profesora titular de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, explica que los síntomas del trastorno deben haber comenzado antes de los 12 años de edad y afectado de forma clara el rendimiento académico y social de la persona.

“Los síntomas deben persistir durante al menos seis meses y manifestarse en dos o tres entornos, por ejemplo, en la casa, en la escuela y en la comunidad. No puede ser que el niño se comporte de una manera en la casa y de otra cuando llega a la escuela. Tiene que haber una sintonía en el comportamiento en todos los lugares donde el niño habita”, comenta.

Octubre es el Mes de Concienciación sobre el TDAH, un período dedicado a crear conciencia, combatir el estigma y celebrar las fortalezas únicas que a menudo acompañan a un cerebro neurodivergente.

Entre las manifestaciones más frecuentes está la dificultad para concentrarse, seguir instrucciones, organizar tareas o recordar objetos y la hiperactividad e impulsividad, que se expresa en movimientos constantes, dificultad para permanecer sentado, hablar en exceso, interrumpir o responder antes de que terminen las preguntas.

Alonso Triana explicó, además, que existen distintas presentaciones del trastorno. Una predominantemente inatenta, otra con predominio de hiperactividad e impulsividad, y una combinada, que reúne manifestaciones de ambas.

Estudios muestran que existe un importante componente hereditario en el TDAH, aunque también pueden influir factores ambientales como el bajo peso al nacer o la exposición prenatal a sustancias tóxicas. Estos elementos afectan el desarrollo de circuitos cerebrales vinculados con la atención, el autocontrol y las funciones ejecutivas.

Además, esta afección rara vez aparece sola. Con frecuencia coexiste con ansiedad, depresión, trastornos del aprendizaje o conductas desafiantes, lo cual exige una evaluación y estrategias personalizadas.

LA INCOMPRENSIÓN

Cuando las dificultades para concentrarse, organizarse y controlar los impulsos se interpretan como indisciplina o falta de voluntad, la incomprensión puede convertirse en una carga añadida para quienes viven con esta condición.

“Algunos de los síntomas pueden parecer problemas de crianza, rebeldía o falta de límites”, comenta la psicóloga Diadenis Yamilé Romero Morales. Es uno de los prejuicios que retrasan la identificación del trastorno y la búsqueda de ayuda especializada.

En consecuencia, la doctora señala que crecer escuchando expresiones como “tú eres desordenada” o “no te esfuerzas” pueden contribuir a que la persona construya una imagen negativa de sí misma. La baja autoestima y las dificultades emocionales figuran entre las repercusiones que acompañan a quienes no reciben una evaluación y un apoyo adecuados.

El impacto también se extiende a las relaciones familiares y sociales. “En el ámbito escolar suelen tener un bajo rendimiento académico. Cuando llegan a la adolescencia, pueden asumir conductas de riesgo, tener dificultades para establecer relaciones interpersonales o establecer relaciones interpersonales complicadas. En la adultez, con frecuencia presentan problemas en el ambiente laboral”, explica Romero Morales.

Octubre es el Mes de Concienciación sobre el TDAH, un período dedicado a crear conciencia, combatir el estigma y celebrar las fortalezas únicas que a menudo acompañan a un cerebro neurodivergente.

Comprender el TDAH requiere, por tanto, mirar más allá de las conductas que son visibles y evitar que las dificultades se conviertan en juicios sobre el carácter o esfuerzo de quien las experimenta. La orientación familiar, como explica Alonso Triana, no busca culpabilizar a los padres, sino ayudarlos a comprender el trastorno y encontrar herramientas para acompañar a sus hijos.

Para esta chica, aquellas palabras que escuchaba de “desordenada” o “sin esfuerzo” calaron en su interior. Crecer sin comprender por qué le costaba concentrarse, realizar ordenadamente sus tareas o controlar ciertas emociones hizo que, durante la mayor parte de su vida, se autocuestionara.

“Cuando eres niña y todos te dicen que es por ti, pues terminas creyéndotelo y no te lo tomas bien. Empecé a avergonzarme de preguntar, de equivocarme o pedir ayuda”, recuerda.

La incomprensión a la que estuvo sometida durante mucho tiempo no eliminó sus dificultades, las hizo más pesadas. Sin embargo, entender que detrás de su forma de atender, organizar y reaccionar había una explicación, le permitió dejar de culparse por cada tropiezo.

CUANDO EL DIAGNÓSTICO LLEGA TARDE

No siempre es posible detectar el TDAH en edades tempranas. En ocasiones, las dificultades para mantener la atención, organizar las actividades o regular los impulsos permanecen sin explicación, mientras quienes las experimentan intentan adaptarse a las exigencias de su entorno.

Alonso Triana explica que durante mucho tiempo este trastorno fue considerado una condición exclusiva de la infancia, bajo la creencia de que desaparecía al llegar a la adolescencia. No obstante, señala que puede persistir en la adultez en más de la mitad de los casos.

Según la especialista, algunas personas desarrollan estrategias para compensar sus dificultades o disimularlas. Durante la etapa escolar, las rutinas y la estructura del entorno pueden ayudarles a sobrellevarlas; pero al ingresar a la universidad, asumir responsabilidades laborales o formar una familia, las nuevas exigencias llegan a superar esos mecanismos de adaptación.

En el caso de las niñas y mujeres, el reconocimiento del trastorno puede ser más complejo. Las manifestaciones predominantemente inatentas suelen pasar desapercibidas frente a comportamientos más visibles, como la hiperactividad. Así, algunas personas pueden llegar a la adultez sin un diagnóstico, mientras sus dificultades se atribuyen a otras causas. 

Otros síntomas pueden confundirse con otras condiciones. La psicóloga Diadenis Yamilé Romero Morales explica que el TDAH puede presentar síntomas similares a los observados en los trastornos de ansiedad, depresión, aprendizaje o conducta, por lo que resulta imprescindible una evaluación clínica especializada.

El reconocimiento de estas señales a tiempo permite un mejor manejo para la persona y la valoración de los apoyos que necesita. La ausencia de un diagnóstico no significa que las dificultades no existan. En ocasiones, significa que todavía no se ha encontrado una explicación adecuada.

El diagnóstico no elimina automáticamente los impedimentos asociados al TDAH. Sin embargo, ayuda a comprenderlos y encontrar herramientas para ello. Se deben tener en cuenta las necesidades de cada persona y se puede combinar, según el caso, atención psicológica, orientación familiar y apoyos educativos.

Alonso Triana destaca la importancia de que las familias comprendan las características del trastorno y cuenten con mecanismos para acompañar a quienes lo presentan. Establecer rutinas, ofrecer instrucciones claras y dividir tareas en pasos más pequeños ayuda a facilitar la organización y el cumplimiento de las actividades cotidianas.

En el ámbito educativo, el Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO) constituye una organización de referencia para las familias que necesitan orientación ante dificultades relacionadas con el aprendizaje y el desarrollo infantil. Su presencia forma parte de los recursos a los que pueden acudir quienes buscan acompañamiento para comprender las necesidades educativas de sus niños y adolescentes. 

Desde el entorno familiar y escolar, el acompañamiento también implica reconocer los esfuerzos, reforzar avances y evitar comparaciones o señalamientos que puedan afectar la autoestima. No se trata de pensar que no tiene ganas, sino identificar qué apoyos necesita esa persona para afrontar los retos de su día a día.

Romero Morales señala la importancia de la formación de los padres en estrategias de manejo conductual y de la aplicación de recursos que faciliten el aprendizaje. En determinados casos, el tratamiento puede incluir medicación, de acuerdo con una valoración profesional individualizada.

“La familia juega un papel vital, enorme, pero precisan saber que no son terapeutas y no tienen que poder con todo solos. Que pongan límites claros, cariñosos; que den instrucciones breves, concretas, que anticipen cambios, que usen rutinas visuales, que fragmenten tareas, que refuercen el esfuerzo, no solo el resultado. Validemos lo que sienten, protejámoslos del estigma y cuidemos también su propio bienestar. Una familia informada, paciente, apoyada, puede marcar la diferencia”, añade.

Entender el trastorno por déficit de atención e hiperactividad implica mirar más allá de las conductas. Detrás de ellas puede haber una condición del neurodesarrollo que requiere evaluación y atención especializada.

La identificación oportuna, el acompañamiento profesional y la comprensión del entorno contribuyen al bienestar de quienes viven con TDAH. Sin embargo, para avanzar en esa dirección, también es necesario ir más allá de los prejuicios que convierten los obstáculos en motivo de señalamientos y reconocer que cada persona requiere apoyos acordes con sus circunstancias. No siempre es cuestión de esforzarse más, como tantas veces se les exige a quienes tienen dificultades para hacerlo. A veces, el primer paso consiste en dejar de juzgar y comenzar a comprender. (Por: Fabianny Rodríguez Domínguez y Yohanka Rodríguez Rodríguez, estudiantes de Periodismo/Edición web: Miguel Márquez Díaz)


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