Más transporte… ¿para todos?

Matanzas en Movimiento: Una Mirada al Transporte Público en la Provincia. Fotos: Raúl Navarro
Más transporte… ¿para todos?

Hay una imagen nueva en el paisaje del Viaducto que cuesta explicar a primera vista. En su paradero intermunicipal, durante mucho tiempo, la escena fue casi siempre la misma: gente esperando y esperando, mirando hacia la calle con una mezcla de resignación y esperanza. La parada estaba llena porque las guaguas no llegaban. El problema parecía tener una solución bastante elemental: poner guaguas a circular.

Ahora hay guaguas. Muchas.

Alrededor del Viaducto se les puede ver parqueadas, esperando su turno. La armazón está ahí. Los motores están ahí. Las capacidades están ahí. Lo que falta es algo que durante años parecía ser lo más sencillo de conseguir cuando apareciera el transporte: pasajeros.

La paradoja tiene una explicación matemática. Una guagua que antes podía costar 10 pesos ahora cobra 700. Para quien recibe un salario en pesos cubanos y tiene que repartirlo entre comida, medicamentos y todo lo demás que cuesta vivir, la cuenta del viaje deja de ser una cuenta de transporte. Se convierte en una decisión.

¿Voy? ¿Puedo permitírmelo? ¿Y si tengo que regresar?

La respuesta de mucha gente parece estar ocurriendo en silencio: quedarse.

La crisis del combustible ha colocado a Cuba ante una situación extraordinaria. Las restricciones estadounidenses sobre el suministro de petróleo a la Isla han agravado una escasez que ya venía golpeando al transporte. En ese escenario, abrir el parque automotor estatal a formas de gestión privadas podía parecer una salida razonable. De hecho, el arrendamiento de vehículos estatales a actores no estatales llevaba años desarrollándose de forma gradual y había permitido devolver a las calles medios que permanecían inmovilizados.

La experiencia matancera está mostrando ahora el otro lado de esa solución: el transporte aparece; el pasajero desaparece.

Ama al ómnibus salvaje

En cualquier manual elemental de economía, el aumento de la oferta suele ejercer presión sobre los precios. Aquí esa relación se ha roto delante de nuestros ojos. Han aparecido más vehículos y, sin embargo, el pasaje sigue siendo demasiado caro para una parte considerable de quienes necesitan utilizarlos. La consecuencia se ve mejor desde una acera que desde una gráfica: una fila de vehículos esperando clientes y, a pocos metros, personas esperando poder viajar.

Los triciclos cuentan una historia parecida.

En Matanzas se han multiplicado hasta convertirse en parte inseparable del paisaje urbano. Calle América, Contreras, Milanés y otros puntos de la ciudad muestran cada vez más estos vehículos, eléctricos o de combustión, convertidos en una suerte de transporte colectivo privado que creció a toda velocidad durante el deterioro del servicio estatal. Sin embargo, la realidad ha tomado otros rumbos: largas filas de triciclos esperando pasajeros mientras personas aguardan cerca sin poder asumir el precio del viaje.

Durante años el problema fue encontrar un triciclo. Ahora el problema es encontrar a alguien que pueda pagar el triciclo.

La oferta se ha multiplicado. Las piqueras improvisadas se extienden por las calles, ocupan espacios, dificultan la visibilidad en algunos puntos y convierten determinados tramos en estacionamientos de vehículos que, paradójicamente, pueden pasar largos períodos esperando precisamente aquello para lo que fueron puestos a trabajar: pasajeros.

En junio, las autoridades matanceras llegaron a acordar tarifas específicas para algunas rutas de triciclos: 250 pesos entre el Preuniversitario y Peñas Altas, 125 hasta la Terminal o Versalles y 150 hasta el Hospital Faustino Pérez. Son cifras que ayudan a entender el problema mejor que cualquier declaración. Si trasladarse a diario, ida y vuelta, puede costar una parte considerable de lo que un trabajador obtiene en un mes, cada desplazamiento empieza a competir directamente con otras necesidades.

Y entonces ocurre algo curioso: el transporte deja de transportar. Puede haber diez triciclos esperando y ninguno llevarte. Puede haber veinte guaguas alrededor del Viaducto y tú seguir a pie. La ciudad se llena de vehículos mientras una parte de sus habitantes se vuelve más inmóvil.

Ahí está, quizás, el verdadero problema que Matanzas tiene delante. Recuperar medios de transporte era imprescindible. Conseguir que circularan también. Pero hacerlos circular dentro de una economía donde los ingresos de buena parte de la población no acompañan los precios crea una segunda frontera, mucho más difícil de ver.

El mercado encuentra pasajeros hasta cierto punto. Después aparecen las guaguas vacías, los triciclos esperando y las personas que cancelan una visita, llegan tarde al trabajo, posponen una diligencia o sencillamente deciden quedarse en casa.

La paradoja del Viaducto merece ser mirada con atención porque resume una transformación mayor de la ciudad. Durante años, el ciudadano matancero aprendió a vivir con la ausencia del transporte. Ahora tiene que aprender a vivir con su presencia inaccesible.

Y quizá esa sea una de las imágenes más extrañas que haya dejado esta crisis: una parada que por fin tiene guaguas. Una parada donde, después de tanto tiempo esperando este momento, ahora falta gente que pueda subirse a ellas. Matanzas logró poner ruedas en la calle. Todavía falta conseguir que esas ruedas vuelvan a estar al alcance de quienes caminan por ella.

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Sobre el autor: Humberto Fuentes Rodríguez

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Matanzas en el año 2024. Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Jefe de la Sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz en Matanzas. Escritor, fotógrafo, trovador y guionista.

5 Comments

  1. La publicación muy buena, pero no da ninguna solución posible, alguna idea, iniciativa, recomendación, lo publicado lo sabemos todos, ahora falta buscar algo que alivie el sufrimiento. Qué puede ser?
    1 Competencia, inyeccion del estado con medios de transporte.
    2 Patrocinar otros medios de transporte que quieran dar viajes por menos precio.
    3 Poner a circular vehículos eléctricos, que puedan recorrer esa distancia, estos cobrarían menos.
    4 otras ideas que puedan surgir en pos de terminar con la pesadilla

  2. En cubita la bonita nada concuerda somos hijos huérfanos, sin amparo filial, tomar medicamentos, alimentarse, asearse, hasta respirar se ha convertido en un lujo inaccesible para la inmensa mayoría.

  3. En el escrito se hace una diferencia entre transporte estatal y transporte privado. La diferencia no está en el tip de propiedad. La diferencia está en que el transporte estatal ha estado siempre altamente subsidiado y el particular no lo está.
    Nunca los vaivenes del precio del petróleo en el mercado mundial lo vimos reflejado en nuestro bolsillo, ahora sí.
    Recuerdo que en la década del 50 y en los 60 tres autos particulares hacian cola en Guanábana para llevar pasaje a Matanzas y daban muy pocos viajes. Había pasaje bastante, Pero pocos teníanblos 20 centavos que costaba el pasaje.
    Desde la esquina de Ayuntamiento y Milanés había siempre una cola de máquinas de alquiler para ir a Limonar que llegaba a la calle del Medio.
    En la medida que los servicios y los productos dejen de ser subsidiados, las generaciones más jóvenes tendrán que adaptarse, porque así es el mundo actual. Vemos fotos de comercios llenos en otros países, Pero FAO declara que 700 millones de personas padecen hambre.
    Considero que la economía actual no nos llevará a un capitalismo despiadado si sabemos controlarlo, Pero no será el socialismo que hemos tenido por decenas de años

  4. Todo se convierte en un problema el arrendamiento era necesario y esperado por la población, pero que no se esperaba o si eran esos precios los que arrendaron eso vehículos no son de Marte son de aquí y saben de la situación que se vive aquí no en Marte entonces ponen precios inalcanzable, yo se del precio del combustible y los eléctricos que los hay que tienen paneles solares por techo no me digan que tienen que pagar esa fuente inagotable de energía y aún así te cobran un ojo de la cara.

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