En el año de la alfabetización (1960), Fidel definió la tarea fundamental de la Revolución: preparar hombres, enseñar y educar. A su vez, valoró la necesidad de desarrollar una pedagogía científica.
Con improvisadas instalaciones por escuelas, los educadores —lejos de las ciudades y de sus familias— debían desafiar todas las dificultades: por camas utilizarían hamacas, sus familias serían las de los campesinos y los materiales escolares, solo los necesarios. En estas condiciones definió el concepto de escuela: “La escuela no es, por supuesto, el edificio; la escuela es esa comunión entre el maestro y los niños de cada lugar”.
Además, insistió en la importancia que poseían la experiencia histórica y la historia como ciencia, por sus funciones demostrativa y educativa, unido al desarrollo de una conciencia política para orientar la actividad del sujeto.
Consideró que la experiencia histórica era una “educadora eficaz” y una necesidad para la instrucción política de las masas, y que la historia representaba el devenir de los acontecimientos según leyes objetivas, el desarrollo del pensamiento, siguiendo un proceso dialéctico, y la acción en forma de lucha de clases que une la teoría con la praxis de la Revolución.
En sus discursos reflejó la complejidad y la vinculación de la historia como ciencia con los procesos políticos, sociales y económicos en el ámbito nacional e internacional.
Destacan sus valoraciones sobre el carácter científico que debe tener la educación, el papel de la observación y la práctica en la instrucción y la educación del sujeto, y la crítica a los métodos dogmáticos empleados en el aprendizaje durante la neocolonia, al respecto afirmó: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia […] hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando […] oportunidades a la inteligencia”.
A partir de su experiencia, destacó la importancia de la práctica, la observación, la instrucción y la educación, a través de asignaturas como Geografía, cuando dijo: “Lo que habíamos aprendido de memoria, naturalmente no tardaría en olvidarse; lo que habíamos aprendido mecánicamente, era lógico que fuese desapareciendo sin dejar huella alguna en nuestra mente. Y fue después, cuando tuvimos que recorrer zonas enteras de la isla, nada menos que en una lucha de vida o muerte, desconociendo por completo aquella geografía […] cuando tuvimos sobre la marcha que aprender lo que no se nos había enseñado de niños, y aprender de la única forma que puede aprenderse, que es mediante esa experiencia personal que se adquiere en el contacto directo con la naturaleza, y realmente la geografía es algo que no puede enseñarse en un aula […] y en fin, sobre el propio terreno es como pueden adquirirse conocimientos verdaderamente útiles, conocimientos verdaderamente profundos e inolvidables. Porque no hay comparación posible entre la idea que se trata de brindar a través de los textos y a través de las narraciones, y el concepto que se adquiere por la observación propia de los fenómenos de la naturaleza”.
La experiencia personal fue un factor que contribuyó a enriquecer su pensamiento educativo y a ofrecer análisis filosóficos generalizadores, como fuente orientadora para las transformaciones que se realizaron en la teoría y la praxis educativa en Cuba. Además, le permitió responder interrogantes epistemológicas y considerar que la Revolución es, en sí misma, un proceso de educación, entendida como instrucción, enseñanza, capacitación de técnicos y formación de profesionales.
Estableció nexos entre el papel del trabajo y la adquisición de los conocimientos, al expresar: “La pasión de saber hace que el hombre aprenda más rápidamente y aprenda con menos tiempo; la pasión de saber, la conciencia de la necesidad de saber, hace que los conocimientos se adquieran más rápidamente y, sobre todo, la vida, el trabajo práctico, los problemas diarios, constantemente nos estarán enseñando la necesidad de cada conocimiento”.
Al conversar con los estudiantes de la Universidad de Chile, en 1972, definió la educación cuando expresó: “¿Qué es educar? Es preparar al hombre desde que empieza a tener conciencia para cumplir sus más elementales deberes sociales, para producir los bienes materiales y los bienes espirituales que la sociedad necesita y a producirlos por igual, con la misma obligación para todos”.
Fidel insistió en el papel esencial de la labor ideológica con los jóvenes y explicó cómo se logra el triunfo de las ideas: “Pero ninguna idea triunfa así, fácilmente. Para que una idea triunfe hay que empezar a pensarla bien, hay que predicarla, hay que defenderla, hay que persuadir a mucha gente, y entonces al final la idea triunfa”.
Depositó en los jóvenes una infinita confianza, insistió en la importancia de educarlos para garantizar el futuro de la revolución, en la calidad, la superación y la formación del hombre nuevo como eje principal de la construcción de la nueva sociedad socialista; la “materia prima”, los mejores continuadores y conductores de la obra de la revolución.
También evaluó los cambios del currículo, el contenido de las asignaturas y su distribución en los subsistemas educacionales (en correspondencia con los principios de la educación).
Sus ideas sobre la necesidad de universalizar la educación lo motivaron a sugerir cambios curriculares, a sustituir los métodos de estudio y los libros de texto puramente teóricos por métodos y textos más prácticos, y a organizar y constituir equipos de estudio para investigar los problemas que presentaba la nación cubana.
Fundamentó la necesidad de desarrollar las ciencias que se ocupaban de la educación como vía para cumplir los objetivos propuestos. Fidel definió la necesidad de los cambios educativos como un proceso continuo de perfeccionamiento.
