La danza, Isadora y los danzantes

Tertulia por el Día de la Danza

Tertulia en el Día de la Danza

«Si pudiera decirle lo que se siente, no valdría la pena bailarlo», escribe Isadora Duncan en su autobiografía Mi vida, palabras que se resguardan en la Pared de las Frases, del Patio Vagos Rumores de la Casa de la Memoria Escénica, como homenaje a los que han escrito con su obra la historia de la danza cubana, y fundamentalmente de la matancera, desde sus propuestas artísticas o su importante labor pedagógica, dentro de sus agrupaciones, en escuelas o en innumerables talleres para niños, adolescentes o jóvenes. 

Hay que pensar sobre la incidencia de la danza en las presentaciones de los colectivos teatrales y el aporte coreográfico en obras que nos habitan la memoria y que hemos visto en escenarios locales, signados por las búsquedas, la mixtura de lenguajes y tendencias, con un valor trascendente que se inscribe entre lo mejor del legado danzario, así como de bailarines que han interpretado con pasión y talento esas coreografías, que todavía podemos ver en escena, en videos o captadas en imágenes de los mejores fotógrafos que tenemos.

Esta labor ha estado presente en las tablas yumurinas, influyendo en sus resultados, como son los casos del propio René Fernández Santana; Ángel Luis Serviá, uno de los fundadores de Espiral; o Nora Chiquita Hernández en Papalote, desde la década del 80; o Liliam Padrón, que aparece en el Manifiesto estético del 2000; o Yadiel Durán, que también ha actuado en varias ocasiones con Teatro de Las Estaciones. 

Kenia Carrazana, Heysi González, Liliam Padrón, o de nuevo Serviá, han colaborado con Teatro El Mirón Cubano en algunas de sus puestas. No están  todos los nombres, pero esa mezcla de lo danzario y lo teatral ha sido una constante en nuestra escena. 

Compañía Danza Espiral

Lo cierto es que, reflexionando sobre lo que Isadora Duncan dice acerca del acto de danzar, y la imposibilidad de describir lo que se experimenta, responde al interés de muchos detraducir las expresiones artísticas, especialmente la danza. ¿Se explica o se siente? ¿Te martirizas con signos a veces indescifrables o te dejas llevar por las sensaciones que producen los movimientos y gestos, que constituyen un poema, construido con imágenes potentes, hermosas, dramáticas, que reinventan en la imaginación múltiples caminos? 

La danza es un viaje de la luz, como lo es leer poesía. Produce sensaciones que convierten el espacio en un acto de belleza efímera y de emociones que nos sumergen en conflictos, épocas, atmósferas, reinvenciones de universos. No se explica, se vive. Es un complejo tejido de sensaciones que nos hablan, mientras los cuerpos de los danzantes dialogan con nosotros. 

Existe una energía especial en los cuerpos que recrean emociones para un receptor, que se posee de la fuerza dramática y lírica que surge en el escenario. 

Cuando cada mañana leo las palabras de Isadora en las tablillas en barro, que dialogan con otras reflexiones de creadores de otras manifestaciones de las artes escénicas, en un entorno que emana la espiritualidad de la naturaleza —las plantas— y las propias del ser humano, viajo a esa afirmación poética de la bailarina, coreógrafa y teórica, y pienso en cómo su vida es un homenaje a la danza como arte. 

Un homenaje a los que cada 29 de abril celebran el Día Internacional de la Danza y siempre, sobre la escena, despiertan las metáforas de la existencia.


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Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

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