Teatro para niños y jóvenes: hacer la vida

Teatro Papalote. Foto- Sergio Jesús Martínez

El teatro que hacemos para niños y jóvenes no puede perder el carácter sensible del alma acompañado de la solidaridad humana, aseguró René Fernández Santana, director de Teatro Papalote y eterno soñador a sus casi ocho décadas de vida.

Los infantes son seres creadores y su inquieto sentido de la fantasía debe ser prioridad del arte, enfatizó el formador de generaciones de gestores culturales y Premio Nacional de Teatro.

La ciudad de Matanzas, escenario del nacimiento de importantes movimientos culturales, sumó a la historia de la nación caribeña una sólida tradición del arte teatral y titiritero para niños y jóvenes con la fundación en los años 60 del Guiñol Matancero, hoy conocido como Teatro Papalote.

Honrar y servir a la infancia y a la juventud es hacer la vida, asumir en estos tiempos con más voluntad y conciencia el compromiso de ser mejores, proteger nuestras conquistas  ante duras realidades de carencias y pérdida de valores, son ideas que resaltó el también Maestro de Juventudes.

Sobre las tablas o desde las plazas, parques, comunidades o escuelas, en este occidental territorio cubano las generaciones crecen con los textos de Dora Alonso, las actuaciones de Teatro de Las Estaciones, Papalote e incluso, otras compañías que si bien no están dirigidas puramente a un público infantil, incorporan en algunas de sus obras el protagonismo de los pequeños.

Convertir a los más pequeños en personajes fundamentales de los espacios dramáticos, abordar los conflictos más cruciales que pueden tener en la sociedad, siempre desde un acto poético y transformador, marcaron la conexión del teatro para niños de Matanzas con Cuba y el mundo, comentó Ulises Rodríguez Febles, director de la Casa de la Memoria Escénica.    

Cuando se trabaja para niños primero se tiene que saber de teatro, de la especialidad, para qué funciona una música, un movimiento, un texto, una imagen plástica, pero igualmente hay que conocer cómo se mueven las infancias porque el planeta evoluciona a una velocidad acelerada, señaló Rubén Darío Salazar, director de “Las Estaciones”.


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Frente a todos los inventos creados para entretener a la infancia, debemos competir y trabajar por seguir como una alternativa artística y sobre todo estimular una cultura de paz, en estos tiempos en que hacer la guerra tiene un sentido casi “normal”, precisó el también Premio Nacional de Teatro 2020.

Agregó Salazar que la creación para niñas y niños representa un arte de inteligencia, compromiso y coherencia, muy al pendiente de lo que se oye y se ve para que sus obras sean realmente edificantes y no que los haga sentir nulos, seres que solo repiten lo que escuchan.

A decir de Fernández Santana el teatro debe alimentar mucho más las ideas, intereses y realidades de los pequeños espectadores para motivarlos y convocarlos a emprender aventuras; “debemos enfrentar y enriquecer nuestra escena del desarrollo tecnológico y digital, la vida actual nos pide esa acción”, afirmó.

Celebrar este 20 de marzo, Día Mundial del Teatro para niños y jóvenes, es un llamado a reinventar los horizontes, para disfrutar de las risas, de los gestos, de los palpitantes aplausos, enfatizó René: «A los que saben querer debemos escucharlos, son seres creadores.» (Por Laura de la C. González Trujillo)

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Sobre el autor: Agencia Cubana de Noticias

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