Crónica de domingo: En esta cena de fin de año me faltas tú

En esta mesa me falta mucha gente. Hoy no hubo que buscar las sillas y la mesita del jardín porque las del juego de comedor alcanzaron. Pienso en La última cena, el cuadro de DaVinci, y me percato de que ando corto de apóstoles; como si de la pintura se desdibujaran de a poco los comensales y quedara yo en el centro, solo, que alzo una copa por ti. 

Al frente mío no se encuentra, como en otras ocasiones, el tío todo colorado que no sabemos si ese rojo en su rostro se debe a las 15 cervezas que bebió desde las nueve de la mañana, o por el calor residual de la parrilla con el pedazo de pernil que cuidó todo el día como si fuera un rito sagrado. Lo libaba con mojo y a cada rato clavaba el cuchillo para que la carne se cocinara por dentro y, cuando pasabas por su lado, como un moscón, arrancaba un pedazo de pellejo compacto y grasoso para que hicieras boca.  

Él no se halla entre nosotros. Diré que la vida se lo llevó, no la muerte, como sucede con tanta gente que nos parece injusto que se vaya. Por ellos también celebraremos. Por ellos nos repletaremos hasta que la barriga presione tanto la camisa que creas que los botones pueden convertirse en balas. Por ellos cantaremos karaoke todo desafinados y bien escandalosos para que llegue allá arriba y San Pedro deba taparse los oídos, pero los que nos dejaron harán el coro como otras tantas veces.

Al otro lado de la mesa, frente a la bandeja con la ensalada, quizá  no veamos, como resultaba habitual, a la sobrina que vive en otra provincia, pero que siempre se aparecía por estas fechas y le decíamos en bonche que “de madre viajar kilómetros y kilómetros para pegar la gorra”. Este año no consiguió pasaje; la escasez de combustible, ustedes saben. Entonces, me doy cuenta de que este no es el mismo país de hace cinco o 10 años atrás. 

Tal vez en este 2023 el pernil que el tío preparaba como un ritual se haya reducido a unos bistecs, porque, aunque por la bodega repartieron carne, hay que distribuir y avizorar, pues no sabemos qué se avecina. A lo mejor ya el congelador no estará repleto de cervezas con ese sudor frío que recorre la botella cuando sabes que están que parten, pero igual brindaremos con el ron Cajío o cualquier otra marca de “chispa de tren” o agua o refresco Zuko.

Al final, lo que vale es que estamos aquí con ganas de celebrar, porque nos lo merecemos, porque permanecemos en el reino de este mundo, un poco magullados de tantos golpes, con penas y glorias y un apagón ocasional. Sin embargo, a nosotros, los que permanecemos, nos toca recordar a los que no, porque ellos no se irán del todo mientras se mantengan en la memoria, y por eso hay que armar barullo. Además, no festejamos solo por los que no están, sino también por ti y por mí, que todo no puede ser la cola porque en el puntico llegó el aceite, o cálculos aritméticos para poder llegar a fin de mes. 

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Aquí, a mi lado derecho, debería estar ese primo al que siempre le quitaba las chicharritas del plato, aunque no hubiera tocado aún las mías. Era solo joder por el placer de joder. Él anda ahora en otras tierras y nos envió fotos de las uvas, el turrón y la sidra que compró. No quisimos decirle que podíamos prescindir de las 12 uvas para concluir los 12 meses del 2024, e incluso de los 12 apóstoles, pero de él no. A él lo necesitábamos aquí, en una de las sillas del jardín.

A mi izquierda deberías estar tú, que me regañabas, porque como más con los ojos que con la boca, y me advertías que esa era la última cerveza y yo que sí y ambos sabíamos que no. Supongo que tú y yo mucho podemos cambiar en 365 días, así como una Isla que todos los años parece que brota de nuevo de las aguas, como si nos ahogáramos, pero no, seguimos ahí. 

En vez de dejarnos vencer por las lejanías, las geográficas y las celestes, uniremos todas las mesas, de la misma manera en que traíamos la del jardín porque todos no cabíamos, y esa noche resulta imperdonable no comer juntos. No importa si están en otra nación, en otro plano de la realidad, en otra provincia; todos ellos se encuentran junto a ti, junto a mí. Si lo concebimos así, no nos sentiremos faltos de apóstoles y esta no será la última cena; pero igual levantaré mi copa por ti. ¡Feliz fin de año! 

(Ilustración: Carlos Daniel Hernández)

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4 Comments

  1. En esta cena… bueno, Guille… hay quienes ni cena tienen… la verdad. Pero en la cena de los que la podemos… faltan sillas… demasiadas. Y quienes faltan en esas sillas son a la vez quienes nos ayudan a tener cena. Cuba es un país de fuertes contrastes… y lo será más en 2024, no para bien. Buena crónica y triste, porque triste anda Cuba aunque muchos no lo quieran ver.. Sigue escribiendo para quienes necesitan que en nuestros medios se hable de sus tristezas

  2. En esta mesa me falta la alegría de años anteriores porque ahora me faltan tíos, amigos, carne de puerco, cervezas, etc. etc. porque hoy todo está perdido, escazo, difícil y con mi jubilación no me alcanzó para preparar una cena digna como años anteriores. Veo decrecer mis posibilidades año tras año y siempre termino el último mes con la esperanza que el próximo año sea mejor que el que termina, pero siempre es el mismo cuento cada próximo año es peor que el anterior ( y no soy pesimista, al contrario soy muy realista ) porque lejos de mejorar mi situación de salud y económica, cada vez me resulta peor.
    No sé de cuantas personas será parecida mi situación, pero estoy seguro que son bastantes !!!!

  3. Me cayó una basurita en el ojo, y como a mí, a la media Cuba que anda de trotamundos en cualquier geografía.
    Que el 2024 nos lleve hacia la prosperidad que este pueblo merece, porque se la ha ganado.
    ¡Feliz año nuevo Guillermo!

  4. Ñoo me tocaron el corazón, es duro como veo a mis amigos y familia partir y sin poder hacer nada para retenerlos. Ya no me quedan muchos, espero que algun dia podamos volver a tener esa mesa llena de amigos y familia como antes. Y poder tener ese pernil o paleta asada. Como antes. Feliz año nuevo.

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