La Luna sobre Matanzas y un bolero

“Cuando la tarde muere/ Las olas juegan con el litoral/ Y sobre el horizonte surge la luna/ Como princesa de cristal”

Suena Luna sobre Matanzas, ese viejo bolero de la Sonora Matancera, como deben oírse los boleros, como si te vibraran al oído, como si te susurraran verdades perdidas en los recovecos de la noche, como si pudieras vaticinar tu futuro en las formas que toma el ron desparramado en las barras de los bares. Hoy no toca bar. Estamos a fin de mes y, para hidratarse, toca agüita, que te lo agradece el cuerpo y el Fondo Monetario Internacional. 

Hoy estás sentado en el balcón de tu casa mientras oyes una canción en tu móvil y piensas que, de todas las clases de amores, el peor es enamorarse de una ciudad, porque ellas, rencorosas y atrayentes, femme fatale, niña caprichosa, señora de las gatas “ojiamarillas” que reinan en las azoteas, no te sueltan.

Fotos Raúl Navarro/De Archivo

“Luna sobre Matanzas/ Milenaria y coqueta/ Que bañas con la plana/ San Juan y Yumurí”. 

Sobre ti la Luna, muchacha de las mareas, arete plateado comprado en los bazares de la Calle Medio, le otorga a la noche un brillo mortecino, como cuando te piden que apagues las luces y dejes una pequeña lamparita encendida, porque estar desnuda ante ti la apena. A la ciudad, esta noche, le apena su propia desnudez, pero coqueta y milenaria no puede resistirse a que, aunque sea de reojo, la contemples en su gloria blanquecina. 

Allá arriba, en lo alto, es bella, pero la has visto aquí abajo en el plano de los hombres que llegan tarde a su destino, los cansados, los viciosos, los vividores, y nada cambia. Cuando ella toma cierta posición en el cielo entonces se refleja en las aguas plácidas del Yumurí o del San Juan, y su imagen vibra con la corriente de los ríos y te recuerda a los boleros que también te vibran en el alma. 

Recuerdas la historia de Li Po, un poeta chino que borracho se lanzó de una barcaza para intentar abrazarla, como la conquista de la belleza definitiva, y murió ahogado. Y también esa metáfora recurrente, que te viene a la cabeza una y otra vez, de que los ríos son como una sagrada serpiente india y el reflejo de la luna en su cabeza es una piedra preciosa, el tercer ojo de la naturaleza. 

“Luna sobre Matanzas/ Hechicera y repleta/ De cantos y leyendas/ Con sabor guaraní”

“Majestuosa princesa/ Es tu paso inquietante/ Pareces un turbante/ De diamante y marfil”

La canción avanza y desciende el pomo de agua que tomas como si fuera Habana Club Añejo 7 años, con bastante imaginación, y tú poco a poco te adentras más en ti, en pensamientos buzos, en ideas como medusas luminiscentes en el fondo del océano. Pienso que esa luna lunera, majestuosa princesa, noctámbula y parrandera, con su vientre de plata, ilumina la bahía, otra señora que en su vientre guarda la plata la de la flota hundida por Piet Hein y que de tan profundo aún no se ha podido encontrar. Es la plata que encara a la plata.   

¿Cuántas historias te guardarás para ti y que prefieres no contar? Siempre hubo y habrá quien la contemple y se deje llevar por su encanto, desde indias con sus hermosos pezones ocres que no conocían el miedo del todo antes que llegaran los dioses a caballo y con arcabuces que lanzaban estrellas fulminantes, hasta bardos que nos hablaron de la necesidad de la fuga como las tórtolas, como alguien que vendrá después de mí cuando la tierra me acoja. 

No puedo dejar de reflexionar que a todos ellos estoy unido, como si el ejercicio de someterse al imperio lunar rompiera el tiempo, pero no el espacio, porque todos compartimos el mismo lugar: Matanzas.  

“Sobre el cielo cubano/ Brillarán otras lunas/ Pero nunca ninguna/ Me gustó como tú” 

En los últimos meses de vez en cuando, la señora oronda como quien saca sus mejores galas para una función en el Sauto ha querido regalarnos su esplendor: redonda, incandescente y maravillosa. 

Nosotros, los pequeños, estaremos siempre a sus pies. La canción acaba, pero la Luna sigue ahí. Los árabes creían que su luz podía causar la locura, pero la locura a veces no es más que las cavilaciones de un tipo que bebe agua y cree que es Habana Club Añejo 7 años y escucha un viejo bolero.


Escuche además esta versión del emblemático bolero:

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