“Malo que fuera homosexual”

Homofobia: "Malo que fuera Homosexual". Imagen tomada del perfil de Freepik en Pinterest

Homofobia: rechazo al homosexual. Imagen tomada del perfil de Freepik en Pinterest.

Ella conversa con su esposo, para mediar entre él y su hijo. Trata de calmarlo, pone la mano sobre su espalda y le dice “Yo sé que el niño es un mala cabeza, pero es nuestro hijo, y mira el lado bueno, ¡al menos no es homosexual!”.

La orientación sexual designa la capacidad individual de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente, del mismo o de más de uno; así como mantener relaciones íntimas y sexuales con ellas. Razones de sobra valen para constatar que dicho término dista de incidir en la formación de valores, así como en la capacidad intelectual del individuo.

Aludir constantemente a la superioridad biológica y moral de los comportamientos heterosexuales forma parte de una estrategia política de construcción de la normalidad sexual. En este contexto, la heterosexualidad aparece como el patrón según el cual todas las demás sexualidades han de evaluarse.

Se coloca a la heterosexualidad monogámica como ideal sexual y afectivo. Las otras variantes aparecen, en el mejor de los casos, como incompletas, accidentales y perversas; y en el peor, como patológicas, criminales, inmorales y destructoras de la civilización, criterio aún no erradicado totalmente.

La homofobia, la transfobia y la bifobia expresan el miedo y la aversión irracionales a la homosexualidad y a la comunidad LGBT, fundados en prejuicios y síntomas, ante todo, del patriarcado.

En la mayoría de las sociedades la cultura patriarcal es dominante, y abarca todas las esferas de la vida. Su dominio está sustentado en principios de violencia (física, verbal, psicológica), que se proyecta contra todo aquello que no quepa en el esquema, como por ejemplo, la libertad sexual: de ahí la homofobia.

Y es que la idea de que las personas sean libres de expresar sus relaciones físico-espirituales fuera del “molde tradicional” impuesto, evidentemente les resta autoridad a los modelos patriarcales más enraizados.

Se trata de un tema también lleno de tabúes. Los homofóbicos no distinguen entre masculinidad, feminidad y orientación sexual. El gay a menudo no es considerado hombre, por el gusto que manifiesta, e incluso se piensa que no puede poseer rangos de lo que entendemos por masculinidad. Por su parte, de las lesbianas muchas veces se opina que su “condición” se debe a la falta de una figura masculina que las complazca.

La homofobia está tan enraizada que en muchas personas existe un homófobo soterrado, que se ignora mientras el homosexual es amigo o vecino; pero despierta inmediatamente si la “condición” es la de un hijo o familiar.

Es común escuchar en diversas situaciones a los parientes, sobre todo los más cercanos, como la madre antes referida, comentar: “Al menos no es homosexual”. Como si se tratase de alguna enfermedad terrible y sin cura.

Aunque la Cuba actual destaque en el ámbito internacional por abordar los derechos relacionados con la diversidad sexual; aunque el nuevo Código de las Familias, basado en el amor y el respeto, modifique y amplíe la definición de matrimonio con sus subsecuentes derechos, mucho queda por hacer en este sentido. Mientras los resabios de la intolerancia persistan, todo esfuerzo es poco.


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Sobre el autor: Lisandra Verdecia

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