Los fotógrafos de Contreras 41

Matanzas siempre ha sido una ciudad de fotógrafos. Contreras fue la calle donde estuvo ubicado el estudio más concurrido de la ciudad.

Matanzas siempre ha sido una ciudad de fotógrafos. Muestra de ello es el hecho de que fuera esta la segunda villa del país –después de La Habana, por supuesto– que más estudios fotográficos vio nacer entre sus calles a lo largo del siglo XIX. Arterias como Río, Daoiz, Gelabert (actual Milanés), y especialmente Medio y Contreras, se llenaron casi de inmediato de las maravillas que tanta fascinación causaron por aquellos años.

Contreras fue la calle donde estuvo ubicado durante poco más de 50 años el estudio más concurrido de la ciudad, devenido además en uno de los mejores establecimientos de su género en el país: la galería de Contreras 41, local por el que pasaron un total de seis fotógrafos, quienes dejaron una profunda huella en la memoria documental de Matanzas. Hoy nos acercamos a la labor de tres de ellos.

LA CALLE DE LOS FOTÓGRAFOS MATANCEROS

En una nota publicada el 5 de abril de 1840, el periódico Noticioso y Lucero, de La Habana, anunciaba la reciente obtención de la primera fotografía realizada en Cuba: un daguerrotipo de la Plaza de Armas, captado por el hijo del entonces Capitán General de la Isla, quien acababa de importar los equipos necesarios desde París. No había pasado ni siquiera un año desde que François Arago presentara el novedoso invento de su amigo Louis Jacques Daguerre ante la Cámara de Diputados francesa.

Pero ahí no terminan las primacías para la mayor de las Antillas. El 3 de enero de 1841 Cuba se convirtió en el primer país de Hispanoamérica, y segundo a nivel mundial, en inaugurar un estudio fotográfico –galería, como se les denominaba por aquel entonces–. El título se lo debemos al daguerrotipista estadounidense George Washington Halsey, quien abrió aquel día su gabinete de Obispo 26. En honor a semejante acontecimiento, cada 3 de enero se celebra el Día del Fotógrafo Iberoamericano.

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Este sería el punto a partir del cual, poco a poco, La Habana se fue llenando de galerías, en las que los cubanos de la época comenzaron a inmortalizar sus rostros a través de la técnica del daguerrotipo. Fueron muchos los establecimientos que se inauguraron, pero resaltan por su importancia los que abrieron sus puertas a lo largo de la concurrida avenida O’Reilly, rebautizada a partir de entonces como «la calle de los fotógrafos».

Vista exterior de uno de los tantos estudios fotográficos de la calle O’Reilly.

De todas las galerías inauguradas en la popular arteria habanera destacan dos, no tanto por su jerarquía como por las curiosas anécdotas que protagonizaron sus propietarios: la del norteamericano Samuel Alejandro Cohner (O’Reilly 62), quien fuera asesinado por el cuerpo de voluntarios al negarse a gritar «Viva España»; y la del catalán Esteban Mestre (O’Reilly 63), autor de la primera fotografía conocida del entonces niño José Julián Martí Pérez.

Pero La Habana no fue la única ciudad de Cuba con un desarrollo cabal en términos de fotografía. Los daguerrotipos llegaron a Matanzas durante los meses iniciales de 1841, y no pasó mucho tiempo antes de que vieran la luz los primeros estudios. Con el paso de los años, estos se multiplicaron de una forma tal que en la calle Contreras, por ejemplo, una rápida búsqueda bibliográfica indica la presencia de al menos 10 galerías entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, lo que la convierte sin lugar a dudas en la calle de los fotógrafos matanceros.

Se puede hacer referencia, en sentido general y solo por mencionar algunos casos, a los estudios de Mesones y Otero (Contreras 74), Narciso Mestre (Contreras 94), Federico Rodríguez (Contreras 25), y el gabinete de Medio 63 (nombrado indistintamente como Ricla, Medio o Independencia 63, debido a los numerosos cambios de nomenclatura que sufrió dicha calle con el paso del tiempo), ocupado a través de los años por Domingo Belén Sicre, la dupla de Mella y Menéndez, y una sucursal del estudio habanero Otero y Colominas.

Resulta interesante también el caso del estudio de Contreras 20, inaugurado por Lanet y Dedin en 1865, al que el periódico matancero La Aurora del Yumurí le dedicó numerosas notas, anuncios y reseñas; en una de las cuales se puede leer lo siguiente:

«(…) sería una ingratitud por nuestra parte si no les diésemos las gracias públicamente por su obsequio, y si no recomendásemos eficazmente á [sic] nuestras bellas suscritoras [sic] y feos suscritores [sic] el escelente [sic] establecimiento fotográfico de los Sres. Lanet y Dedin (…)».

Aunque, eso sí, no podría hablarse de la historia de la fotografía en Matanzas sin hacer referencia a su galería insignia; local que acaparó las miradas de varios cientos de yumurinos durante los años en que este estuvo abierto al público: el estudio de Contreras 41.

JULIO H. NORMAND: EL PRIMER FOTÓGRAFO DE CONTRERAS 41

Los primeros indicios de la existencia del estudio de Contreras 41 datan del año 1861, cuando el periódico local se llenó de anuncios que daban a conocer las ofertas del fotógrafo Julio H. Normand, quien instituyó en la calle Contreras, entre Jovellanos y Ayuntamiento, «un establecimiento fotográfico que no tiene que envidiar nada á [sic] los mejores del extranjero [sic]», como afirmara una reseña publicada en La Aurora del Yumurí.

Sin embargo, la apertura del local podría remontarse hasta el año 1859, e incluso desde antes, pues en una nota dada a conocer durante el mismo 1861 se anuncia que Normand había «vuelto á [sic] abrir» su galería de Contreras 41, luego de finalizado su contrato con el también fotógrafo Federico Rodríguez, en el que había prometido no trabajar por un espacio de dos años. Las vicisitudes alrededor de dicho pacto aún están por definirse.

Normand también fue famoso por su colaboración con excelentes pintores, como es el caso de Ferenc Mejaski, artista húngaro cuya vida y obra, desarrollada principalmente en Matanzas, merece de por sí sola un trabajo en profundidad.

Mejaski trabajó durante algún tiempo en el propio estudio de Contreras 41, aplicando iluminaciones (técnica con la que se colorizaban las fotografías durante el siglo XIX), para luego trasladarse hacia los altos de La Diana, antiguo establecimiento cuya ubicación exacta se desconoce aún, exceptuando que se encontraba en alguno de los laterales de la Plaza de Armas, actual Parque de la Libertad.

Julio H. Normand estuvo al frente de Contreras 41 durante aproximadamente 10 años, período en el que transitaron frente a su cámara cientos de figuras matanceras de la época. Muy pocos de sus retratos han logrado llegar hasta nuestros días, y los que lo consiguieron se conservan en el museo provincial Palacio de Junco.

Tres fotografías tomadas por Julio H. Normand durante su estancia en Contreras 41.

LOS MISTERIOS DE JOSÉ CARBONELL

En su artículo «Calixto Ruiz de Castro: los rostros múltiples de una ciudad», las investigadoras Mireya Cabrera Galán y Deykis García Mesa aseguran que, luego de la partida de Julio H. Normand, llegó a Contreras 41 el fotógrafo Felipe G. Sicre Bottino, del cual se conoce muy poco. Pero no es a él a quien haremos referencia, sino a su sucesor, José Carbonell, de quien tampoco se poseen muchos datos, pero cuyos misterios resultan en extremo atractivos.

Cabrera Galán y García Mesa no definen en su trabajo la fecha de llegada de Carbonell a Contreras 41, cuestión que al parecer se desconoce, aunque sí se sabe que su relevo como propietario del estudio llegó de manos de Narciso Arteaga, en 1883.

Sin embargo, durante la realización de este trabajo, y analizando una de las tantas fotografías coloniales que se conservan en el museo provincial Palacio de Junco, se pudo descubrir la fecha en que fue tomada una de sus instantáneas, lo que lo sitúa al menos durante ese año en la galería matancera.

La imagen en cuestión es la siguiente:

Pero lo interesante no está en el contenido de la foto, sino en su dorso, en el que se puede observar, casi transparente debido al paso del tiempo, el cuño con el que José Carbonell firmaba sus instantáneas, acompañado de una dedicatoria, probablemente redactada por el cliente.

«A mi respetable y querida amiga Guada[lupe]

Mat 4 de atgosto [sic] de 1880».

Otro dato relevante sobre José Carbonell es que también administró galerías en Medio 93 y San Francisco, una calle cienfueguera, aunque se desconoce si su paso por estas fue anterior o posterior a su estancia en Contreras 41. Al igual que Julio H. Normand, pocas de sus instantáneas han llegado hasta nuestros días, la mayoría de ellas retratos infanto-juveniles.

Tres fotografías tomadas por José Carbonell durante su paso por Contreras 41.

«NI UN FOTÓGRAFO CUAL CASTRO, NI UN VALLE DEL YUMURÍ»

Calixto Ruiz de Castro, retratado en Camagüey el 5 de junio de 1908.

Las palabras que dan título al presente epígrafe pertenecen a un poema publicado en La Aurora del Yumurí hacia el año 1886, donde se posiciona a Matanzas jerárquicamente por encima de Madrid, alegando que esa ciudad no contaba con un fotógrafo de la talla de Calixto Ruiz de Castro, último y más aclamado de los propietarios de Contreras 41, cuya obra por suerte ha llegado casi en su totalidad hasta nuestros días.

Según Cabrera Galán y García Mesa, Ruiz de Castro nació en Cádiz, España, y se tienen noticias de su presencia en Matanzas a partir del año 1881, cuando obtuvo medalla de oro en la Exposición Universal que el Ateneo, con apoyo del cabildo, organizara aquel año en la ciudad.

Sin embargo, no es hasta finales de 1884 que Calixto llega a la galería de Contreras 41, en la que se estableció por más de 30 años, todo un récord para el ya célebre estudio yumurino. Luego de algún tiempo realizando solo retratos, Ruiz de Castro se especializó en la confección de postales que incluían, además de la instantánea, dibujos alegóricos a la ciudad, plus que lo colocó en la cima de la demanda por aquellos años.

Sin embargo, el retrato más relevante de la prolífica obra de Ruiz de Castro sería el que le realizara al prócer matancero Gerardo Domenech Gener, sentado sobre la silla de ruedas a la que lo redujo la guerra del 95, instantánea tomada durante su etapa como fotorreportero de la revista El Fígaro.

El negocio de Calixto Ruiz de Castro, que con el paso del tiempo adquirió un carácter familiar, estuvo vigente en Contreras 41 hasta aproximadamente 1916, fecha a partir de la cual se desconoce el destino del inmueble. Matanzas continuó siendo una ciudad de fotógrafos, tradición que se mantiene hasta nuestros días, con un gremio que participa activamente en la construcción de la memoria documental de su localidad.

Esfuerzos actuales, como es el caso de la inauguración de un evento genuinamente matancero como Fotonoviembre, y la lucha por la construcción de una fototeca local, constituyen homenajes dignos a una ciudad que posee una historia fecunda en lo que al arte del lente se refiere. Historia impulsada, en gran parte, por los fotógrafos de Contreras 41.

Nota: Este trabajo no podría haber sido realizado sin la ayuda de la especialista Mireya Cabrera Galán, quien colaboró con datos que pertenecen incluso a algunas investigaciones inéditas, y proporcionó además la mayor parte de las fotografías que acompañan al texto.

(Por: Humberto Fuentes)

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