Marleny: una relación de más de media vida

Marleny Delgado Machado era solo una adolescente cuando inició su vida laboral, a mediados de la década del 80, en el Hospital Pediátrico Provincial “Eliseo Noel Caamaño” de Matanzas.

Sus pasillos y salas los conoce mejor que a las palmas de sus manos. Sabe al dedillo de rutinas médicas, sacrificios, desvelos, casos complicados, almas rescatadas de la muerte, y es que casi cuatro décadas en la institución asistencial albergan mucha historia para contar.

 “Soy de un pueblo de Unión de Reyes. Cogí la enfermería con un noveno grado, en aquel entonces era técnico medio con un perfil pediátrico. Tenía 17 años cuando inicié en la sala de terapia intensiva, soy fundadora de ese servicio”.


Escuche aquí sobre sus inicios en la medicina:


No es fácil para esta matancera contar su historia, aunque sea admirable. Quien le ve temblar ante un micrófono no imagina su temple, forjado tras más de treinta años de arduo quehacer en una de las salas más complejas de la institución asistencial.

Marleny en sus inicios en el Pediátrico

“Trabajé los tres primeros años de Técnico Medio, hice un post-básico de Terapia Intensiva con un perfil polivalente, donde estuve en todos los hospitales de la provincia. Después hice la Licenciatura por un promedio de tres años, y más tarde en el 99 empecé a hacer la especialidad, la residencia de Terapia Intensiva de Emergencia.”

Marleny en la sala de terapia intensiva

Sus nervios andan a flor de piel, y por momentos parece olvidar el camino labrado. “Esto de las entrevistas me pone tensa”, y continúa: “Pero no puedo dejar de mencionar lo que fue para mí Orlando López Torres, el profesor de las terapias intensivas pediátricas y fundador de la terapia de esta provincia”.

El tono cambia cuando se refiere a su profe. Sus colegas lo saben. De hecho, a alguno que a otro se le escapó una sonrisa cuando ella lo mencionó, porque saben que es su referencia obligatoria. «Nos formó a su manera, con el sentido de pertenencia, con la humanidad y sencillez». Y la voz se entrecorta, porque su admiración por quien le enseñó a amar a su trabajo es demasiado grande.

Desde hace unos años Marleny no labora directamente en la sala de terapia. Su función es otra, lo que no significa que sus responsabilidades mengüen. “Me solicitaron por parte de la Dirección Provincial de Salud que viniera a la Subdirección de Enfermería del Hospital y bueno, ahí estoy”. Cada jornada la consagrada profesional de la salud chequea que todo funcione como reloj. “Soy subjefa de enfermería del hospital, miro todo lo relacionado con la asistencia de este personal de salud”.

Pero las actuales responsabilidades no la alejan de lo que más le apasiona: “Trabajar con niños es lo mejor que hay”. Aunque pudo laborar en otros hospitales, e incluso cumplió misiones en Venezuela y Guatemala, anheló siempre su regreso siempre al lado de los infantes en este centro.

“Desgraciadamente muchos niños vi fallecer, pero también vi muchos logros, millones de anécdotas tristes, y otras felices de muchos que salieron y nos vienen a ver ya con 20, 30 y pico de años”.

Las paredes de la institución médica han visto a Marleny crecer en todos los aspectos. Apenas era una adolescente cuando inició su vida laboral, y hoy ya acumula 38 años de experiencia, en los que sobran las satisfacciones.

“Pienso que falta mucho por lograr, porque todavía falta para jubilarme. Tengo 55 años, mira tú cuánto me falta. Pero ver tantas vidas salvadas, haber sido parte de este colectivo, que ahora usted ve que es joven… Y principalmente en la terapia intensiva haber sido parte de un colectivo que hizo tanto en esta provincia, y sobre todo ser la alumna de Orlando López Torres…”. Fue tan desmedido el amor que le inculcó el maestro que “todos los días de esta vida yo voy a terapia. Todos los días trato de estar ahí, porque lo extraño”.

Y allí continúa, entre los pasillos y salas que conoce mejor que a las palmas de sus manos. Atareada entre rutinas médicas, sacrificios, y casos complicados. Chequeando de cerca la terapia a la que le dedicó más de treinta años. Abnegada al trabajo al que le ha entregado más de la mitad de su vida.

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