Caudales de un Humedal: Un insecto sagrado para los Mayas en la Ciénaga de Zapata

En la espesura del bosque, allí donde el hombre apenas ha perturbado la tranquilidad del medio, en el tronco de lo que fuera un gigante árbol, ya casi al desaparecer por el paso del tiempo y la acción de varios organismos descomponedores, habita un insecto muy peculiar que tiene un rol importantísimo en los ecosistemas al contribuir a la polinización de las plantas: la Abeja Maya o como comúnmente se le conoce en Cuba la Abeja de la Tierra.

Como todas las abejas, estas pequeñas viven en colonias y construyen sus colmenas en oquedades siendo los árboles, tanto vivos como muertos de su preferencia. Algo notablemente sorprendente es que carecen de aguijón, o sea no pican, lo que las hace vulnerables ante algunas personas que inescrupulosamente derriban los árboles para beneficiarse de la apetecida miel que producen sin importarle tan siquiera que ello conlleve a la muerte de estas. Aun pudiendo beneficiarse sin necesidad de eliminarlas, el animal más peligroso sobre la faz de la tierra pone al borde de la extinción a numerosos organismos que son el sostén de la vida misma.

Se cree llegaron a Cuba desde Yucatán durante el período de conquista y colonización cuando el flujo comercial se incentivó en la región, aunque algunos investigadores defienden la hipótesis de la introducción en la etapa precolombina por grupos que llegaron desde esta zona continental a la isla. Ya la civilización Maya poseía un profundo conocimiento a la llegada de los conquistadores, de hecho, esta había sido domesticada y venerada hasta tal punto que se realizaban entre cuatro y seis ceremonias al año en su honor. Después de la llegada de los españoles otras abejas como las del género Apis acapararon la atención de numerosos productores que hasta nuestros días las prefieren por los grandes volúmenes de miel que producen a diferencia de esta, sin embargo, la miel de la Mellipona beecheii Bennett, nombre científico de la especie, es muy apreciada dado sus propiedades medicinales.

Aunque ha sido tradición en el humedal que algunas familias tengan en sus casas troncos de árboles con estas abejas para su propio beneficio, es importante aclarar que el simple hecho de cortar el árbol donde habitan es como matar directa o indirectamente a la colonia, puesto que esos mismos árboles son su recurso alimenticio y además forman parte del ecosistema que les da abrigo. Si este es modificado lógico que migrarán hacia otros sitios que reúnan las condiciones para su proliferación y con ello el bosque perdería a este polinizador por excelencia, así poco a poco se perdería el reemplazo de la vegetación y esta desaparecería, afectando a las comunidades cercanas.

Felizmente en los últimos tiempos, gracias a numerosas personas e instituciones se ha ganado más en el conocimiento de la biología especie y con ello se ha incentivado la crianza responsable de estas sin necesidad de fragmentar o destruir su hábitat. Para ello se recomiendan utilizar métodos menos agresivos como la colecta con materiales que forman parte de residuos de otras colmenas. La técnica no es muy compleja, aunque se recomienda buscar información al respecto. Ya algunas familias en el gran humedal crean sus Meliponarios y comienzan a ver los frutos de esta noble crianza como un hobbie.

Esperemos en un futuro no muy lejano algunos de ellos emprendan negocios familiares, al amparo de la ley cubana, para que la salud de los bosques donde coexisten tantos seres vivos no se vea afectada y así el hombre pueda hacer un uso sostenible de estos recursos, como lo hacen los actuales Mayas de la Península de Yucatán.

(Por: Lic. Yoandy Bonachea Luis)

Lea también:



Recomendado para usted

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *