Arnaldo Jiménez de la Cal y las páginas de Girón

Arnaldo Jiménez de la Cal fue por muchos años Historiador de la Ciudad de Matanzas. 

El primer encuentro que tuve con él fue telefónico. Yo comenzaba a trabajar en el Periódico Girón y Jiménez de la Cal, como le decíamos, era ya una personalidad consagrada de la cultura matancera. 

Había llamado para corregir una pifia histórica. Por desconocimiento confundí el nombre de un puente con el de un reparto. Lo hizo con tanta sutileza y elegancia que el regaño se convirtió en una verdadera clase de historia. Luego me habló de lo importante que era no publicar errores en la prensa, más en la impresa, por su trascendencia. 

Tiempo después lo conocí en persona y entablamos una relación profesional de unos cuantos años. Él aparecía por el pasillo de la Editora Girón, con su bastón en la mano y una sonrisa que a veces le costaba esbozar por el esfuerzo físico que hacía para llegar hasta mi oficina. 

Ya le pesaban los pies y la edad, pero no dejó de traer aquellos escritos sobre la historia de Matanzas que publicábamos en la página tres del Semanario una vez al mes, a veces más. 

La verdad es que nunca tuve quejas suyas. Puntual, cual inglés, entregaba sus cuartillas, a veces manuscritas porque no lidiaba con la tecnología. Juntos ajustábamos sus textos a las 60 líneas rigurosas de la sección, seleccionábamos las fotos y editábamos las cuartillas. 

A pesar de sus años y los pocos míos como jefa de información, siempre fue respetuoso con lo que podía sugerirle, periodísticamente hablando, y con el paso del tiempo me dio la confianza para “quitar y poner” lo que considerara, sin siquiera consultarlo. De él aprendí mucho, sobre todo de esta maravillosa urbe. 

Por su sección desfilaron personajes memorables de la historia yumurina, hechos poco conocidos y de interés para los matanceros, lugares cuya magia se pierde con el tiempo y solo es posible rescatar a través de sus tradiciones. Todos los textos de incalculable valor para las páginas de Girón.

Luego estrechamos más los vínculos, pues también militaba en el Núcleo del Partido de la Editora, del cual yo era secretaria. Casi nunca faltó a una cita partidista, ni siquiera cuando las fuerzas no le alcanzaban para subir hasta el salón de reuniones. Muchas veces estuve tentada de decirle que no fuera más, pero no lo hice por respeto.   

Era preocupado en extremo por la cotización, los temas que debatíamos. Las pocas veces que se ausentó, enseguida llamaba. Primero preguntaba por mis niños y luego se ponía al día con cuanto había acontecido. Ante todo, defendía la cortesía y las buenas costumbres. 

Es imposible hablar de Arnaldo Jiménez de la Cal y no hacerlo de su faceta como historiador de la ciudad yumurina, como investigador sagaz o del hecho de haber sido el primer Doctor en Ciencias Históricas de Matanzas. Sería injusto no mencionar su participación en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista como miembro del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y del Movimiento 26 de Julio.

Hijo Ilustre de Matanzas, también fue partícipe de la constitución de las Milicias Nacionales Revolucionarias y de la Campaña de Alfabetización. Reconocido por sus estudios y sobre la lucha contra bandidos en la provincia y por la escritura de una decena de libros. 

Miembro fundador de la filial matancera de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, Jiménez de la Cal fue precisamente eso, un hombre incansable, querido y admirado por su fructífera labor en la investigación y promoción de la historia local y la cultura nacional. Su fallecimiento es un duro golpe para esta tierra, también para la prensa matancera que lo recuerda con cariño.  

Hoy descansa en el Rio Yumurí, cual hijo pródigo de sus aguas.  

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Sobre el autor: Jessica Acevedo Alfonso

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