La persistencia de los que luchan

En Cuba, el servicio de hemodiálisis constituye una prioridad. Matanzas cuenta con 3 centros de este tipo, entre ellos, el hospital provincial Faustino Pérez.

José Ángel Dávila Martell posee la extraña habilidad de hablar con los ojos. Lo sabes desde el segundo mismo en que lo saludas por primera vez. ¿Cómo estás?, le preguntas a modo de introducción, y no hay necesidad de que exprese palabra alguna, porque con su mirada basta para que se te haga un nudo en la garganta. El tono amarillento y cansado de sus ojos lo dice todo. Verdades como templos —o esquirlas— que impactan contra el pecho, lo atraviesan y hacen añicos.

Su historia es bastante triste. Los riñones dejaron de funcionarle hace ya veintidós años. Sin embargo, ahí está. Observando el mundo desde su silla de ruedas en el pasillo de Nefrología del Hospital Provincial Faustino Pérez de Matanzas.

Tres veces a la semana se levanta un poco antes de lo acostumbrado, y sale de su casa a luchar. Qué bello el significado de esa palabra en este caso, ¿verdad? Luchar: trabajar con mucho esfuerzo para vencer un obstáculo y conseguir un objetivo determinado. El diccionario no se equivoca, porque hay distintos tipos de lucha, pero todos convergen en la misma definición. Hay quien lo hace por su país, por su familia, por sus ideales o, simplemente, por dinero. Y el cubano es un experto en ese arte, eso queda claro. Lucha tu yuca, taíno, lucha tu yuca”, decía Ray Fernández.

Para José Ángel es diferente, porque él lucha por su vida. El obstáculo a vencer: la Insuficiencia Renal Crónica (IRC). El objetivo: sobrevivir un día, una semana, un año más… Es el paciente más longevo que posee el servicio de Hemodiálisis en la provincia de Matanzas. «Cumplo veintidós años en noviembre de 2022 asegura, si es que llego allá, porque todavía no sabemos si voy a llegar».

La IRC es la última etapa de la Enfermedad Renal Crónica (ERC), y se declara cuando los riñones ya no pueden atender las necesidades del cuerpo por más tiempo. La hemodiálisis es una terapia de sustitución renal, que tiene como finalidad suplir parcialmente la función de los riñones humanos al filtrar las toxinas y el agua de la sangre. Existen otros procedimientos como la Diálisis Peritoneal Domiciliaria (DPD), en que el paciente recibe los insumos necesarios para realizar la intervención dialítica en su propia casa; sin embargo, se efectúa poco y en casos muy específicos, debido al alto costo monetario que conlleva y el peligro que traen consigo las prácticas autosuficientes para la vida del enfermo.  El tratamiento dialítico no es una cura para la IRC, pero puede ayudar a que la persona se sienta mejor y viva más tiempo.

En la hemodiálisis, la sangre se extrae del cuerpo mediante un catéter y es bombeada a través de tubos blandos hacia un equipo que posee un filtro especial llamado dializador, conocido también como «riñón artificial». El dializador deja pasar los desechos y retiene las sustancias que necesita el organismo. El contenido dañino es transportado hacia un líquido de limpieza dentro del equipo, y luego la sangre limpia vuelve a fluir hacia el paciente. En promedio, el proceso completo dura unas cuatro horas, y se recomienda realizarlo, como mínimo, tres veces a la semana.

En Cuba, el servicio de hemodiálisis es gratuito y constituye una prioridad dentro de las políticas de Salud Pública. En Matanzas existen tres centros de este tipo, entre ellos, el hospital provincial Faustino Pérez, donde los nefrólogos dedican extensas jornadas de trabajo para lograr la supervivencia de sus pacientes.

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Cuando las doctoras Vionaylda y Vivian regresan a sus casas, luego de un día cualquiera de trabajo, confiesan que no son capaces de estar más de una hora sin realizar una llamada al hospital para averiguar por sus pacientes. “¿Por fin a Julio se le puso esto?¿Fueron a ver al de la cama 14?”, preguntan con el corazón pendiendo de un hilo. La relación entre los pacientes y los especialistas del servicio de Hemodiálisis no hace más que crecer de un día para otro. “Nosotros somos la luz de su esperanza”, comenta Vionaylda.

Para la Dra. Vionaylda Ordoñez Pérez, jefa del servicio de Hemodiálisis con veinte años de experiencia en la especialidad de Nefrología, la ERC y la IRC constituyen un tema muy sensible, y el personal de Salud representa el principal sostén de los convalecientes. “Nos depositan su confianza, hasta para tomar decisiones importantes en sus vidas. Lo consultan todo con nosotros: los medicamentos, la comida, los viajes… Ellos son nuestra familia”, declara.

“Quienes padecen la IRC llevan una gran carga encima, y necesitan ayuda, porque sus vidas van a depender de un tratamiento artificial. Para algunos existe la ilusión del trasplante, un método sustitutivo que le da grandes facilidades al paciente, pero otros no son aptos para dicha operación debido a sus condiciones de salud, y como es lógico, para ellos resulta mucho más difícil, al pensar: ¿por qué estoy aquí?, ¿vale la pena seguir?”, señala la Doctora Ordoñez.

José Ángel recuerda el momento exacto en que le diagnosticaron la enfermedad, hace más de dos décadas. “Era el año 2020, imagínate, al principio fue duro porque tenía 35 años y nunca me había enfermado. Decía: ¿por qué me tocó a mí? Pero ya después lo fui asumiendo. Lo que me tocó, me tocó, ¿qué le voy a hacer… imagínate?”.

Él repite mucho la palabra «imagínate» dentro de sus oraciones, como si de un amuleto se tratara. Observa a las personas a los ojos, y tal parece que de fondo se escuchan los acordes de John Lennon: Imagine all the people livin’ for today.

«Al llegar a una sala de Hemodiálisis no esperes encontrar ni al paciente ni al familiar sonrientes sentencia la Dra. Vivian Ruano Quintero, especialista del servicio. Cuando se establece el fallo renal avanzado el paciente va a depender de un tratamiento de supervivencia, que no es curativo como tal. Ellos necesitan atención diferenciada y los ayudamos, incluso en aspectos médicos de otra índole. Los acompañamos al cardiólogo o al angiólogo si tienen un problema”.

Vionaylda coincide con Vivian: “Cuando tienen patologías no asociadas al trastorno renal, siempre vienen a donde estamos nosotros, procurando la opinión y el apoyo. Los llevamos de la mano hasta el lugar donde hay que evaluarlos, y estamos al tanto de ellos. Uno se llega a involucrar de una forma increíble. Cuando les pasa algo, todos aquí se preocupan, porque son personas a las que a veces llevas diez años viendo tres veces a la semana; más de lo que ves, quizás, a tu hermano o a tu primo. Entonces es muy doloroso cuando les pasa algo. Sentimos las pérdidas como nuestras”.

“Aquí se han dado situaciones desgarradoras continúa Vionaylda: hemos recibido a enfermos muy graves, que pensábamos que se nos iban a morir. Tuvimos incluso casos pediátricos, como Dani, de tan solo quince años. Los niños reciben la hemodiálisis en La Habana; pero la mamá de Dani, por la situación social que tenía, no podía llevarlo para allá y tuvimos que asumirlo. Esta enfermedad es una pandemia no transmisible. A eso súmale que es, sobre todo, una enfermedad cuyo tratamiento resulta muy costoso, no solo para Cuba, sino para cualquier país del mundo”.

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La unidad de Hemodiálisis del hospital provincial Faustino Pérez atiende a unos 60 pacientes, con 12 máquinas funcionales. A nivel provincial, adicionando las otras dos unidades de Cárdenas y Colón, son unos 200. Eso, multiplicado por las tres sesiones de cuatro horas de proceso dialítico a la semana suman unas 600 sesiones. El costo de una sola sesión de hemodiálisis en Cuba se encuentra entre los 800 y los 1000 pesos. Si lo multiplicamos por las 600 sesiones que se realizan cada semana en el territorio matancero, el costo sería entre 480 mil y 600 mil pesos semanales.

El precio del tratamiento de la IRC solo se compara con el del cáncer o el Sida. Los datos internacionales no son exactos debido a que no existen. Es prácticamente imposible realizarestudios globales sobre el costo del tratamiento por hemodiálisis, afirman varias instituciones como la Organización Panamericana de la Salud y la Sociedad Latinoamericana de Nefrología e Hipertensión.

Se estima que alrededor de 850 millones de personas (el 10 por ciento de la población mundial) padecen enfermedades renales. Un estudio alemán, en el año 2006, calculó un coste global medio de 54,777 euros anuales por paciente. Si ese dinero se multiplica por los 850 millones de personas que padecen la enfermedad en el planeta, el coste global aproximado del servicio de hemodiálisis sería de alrededor de 47 trillones de euros. Y ese es solo el proceso dialítico, sin tener en cuenta medicamentos, alimentación, transporte o servicios ambulatorios. El gasto que se hace es millonario refiere Vionaylda.

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Reinaldo Lantigua Betancourt Rey, para los amigos es un cubano como otro cualquiera. Disfruta los partidos de pelota, come arroz congrí, gesticula mucho a la hora de hablar y se queja de los precios del mercado informal. Pero tiene algo que lo diferencia del resto, un gran peso sobre sus hombros, porque de él dependen muchas vidas humanas: es uno de los taxistas yumurinos que transporta a las personas con insuficiencia renal a recibir sus hemodiálisis.

“Cada uno tiene su propio horario y nos organizamos en turnos de entre seis y ocho horas, con relevos, para poder trasladarlos. Ellos saben incluso nuestro número de teléfono para poder llamarnos ante cualquier emergencia, y acudimos corriendo, porque uno siente como propios sus malestares.

“Sabemos lo que les representa nuestro trabajo y nos esforzamos diariamente con el objetivo de hacerles la enfermedad más llevadera. ¿Problemas? Cómo no, hay miles. Sobre todo con el combustible y los carros, que son muy viejos y necesitan mantenimiento constante. Pero nada de eso importa. Aquí estamos, para lo que sea”.

Rey afirma que los lazos que se crean son muy fuertes, y comienza a narrar consternado varias anécdotas. Sin embargo, asegura que nada le ha marcado tanto en sus cinco años de labor como aquel día en que vio morir a un joven de 19 años.

“Estuve varios días sin trabajar. Tengo 52 años y no es fácil ver cómo un muchachito, con toda una vida por delante, muere así, de esa forma, justo delante de mí. Fue algo que me marcó. Me dio por imaginar a mis hijos en esa situación… aquello me partió el alma, de verdad”.

El servicio de Hemodiálisis, con todas las aristas y sectores que implica su aplicación, podría disminuir si se gana en la prevención de la enfermedad. No es lo mismo una ERC que una IRC, y evitar esta última representa una vía eficaz para que se reduzca la aparición de casos renales que necesitan hemodiálisis.

“Tenemos que enfocarnos no en el tratamiento de la enfermedad como tal, ni en la sustitución de la función renal, sino en la prevención. En las acciones de la atención primaria para que el paciente no desarrolle una IRC de grado 5, que es la que requiere estos servicios», explica Vionaylda.

“Se debe vigilar la hipertensión y la diabetes; disminuir el consumo de analgésicos, antiinflamatorios o esteroideos: ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco y omeprazol. Hacer un uso adecuado de los antibióticos. Tratar las enfermedades renales litiásicas, para que entonces los pacientes no se vuelvan insuficientes renales.

“Durante la juventud, a menos que tengas un problema congénito, no debe ser normal la IRC. Pero, desgraciadamente, algunos pacientes jóvenes han llegado a esta situación debido a la irresponsabilidad personal o parental. Paciente con valvas de uretra posteriores, que es un tipo de malformación, no se siguió, y aquí está. Paciente embarazada, que inició una hipertensión, no se siguió, y aquí está. Paciente con enfermedad renal litiásica, mujer, joven, no se siguió, y aquí está: hemodiálisis”.

Las ERN son un padecimiento preocupante, tanto en Cuba como en el resto del mundo, no solo por la posibilidad de evolucionar hacia algún tipo de IRC. Un estudio minucioso presentado el 22 de febrero de 2022 por el Dr. C. Raúl Herrera Valdés, investigador del Instituto de Nefrología, concluye que las ERC constituyen el factor más prevalente en los casos graves de covid-19, y representan la principal causa de mortalidad por este virus en Cuba.

Esto genera una situación muy compleja, que se dificulta aún más con la escasez de insumos médicos que se importan al país, debido a las numerosas leyes y medidas económicas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.

“El bloqueo es real advierte Vionaylda. ¿Tú sabes lo que es tener que reutilizar el filtro personal de los pacientes hasta quince veces? Obviamente, se hace con el debido proceso de desinfección, pero igual… ¡es difícil! Es un proceso muy humano, ¡pero carísimo! Todas las personas tienen acceso, porque es una garantía de la Revolución, pero el bloqueo no nos deja respirar. Sin embargo, a pesar de lo caro, y con el esfuerzo que hay que hacer, nuestra sobrevida no es poca. El promedio mundial es de cinco años, pero aquí tenemos casos de siete, ocho, nueve, diez, doce, quince, dieciséis, hasta veintidós años…”.

José Ángel confiesa que ya no es capaz de realizar ni la mitad de las cosas que hacía. “A estas alturas llego a la casa y lo único que hago es dormir y ver el televisor se lamenta. Antes, cuando podía caminar, yo salía y trabajaba. Ya no puedo caminar, imagínate… Cama, televisor, baño, cama, televisor, cama. Y ya. La hemodiálisis te mantiene, por un lado. Pero con el tiempo te va acabando con todo lo otro”.

A pesar de los pesares, José Ángel no abandona su lucha, y tiene varias razones para ello: la familia, los hijos, los nietos. “Hay que seguir luchando, para seguir sobreviviendo”, concluye mientras se le va apagando la voz, y dirige una mirada cómplice a su esposa. Entonces, al observar a su acompañante en tantas sesiones de hemodiálisis, sus ojos se llenaron de un brillo indescriptible. Un brillo capaz de iluminar la persistencia de los que luchan. (Por Humberto Fuentes y Carlos Javier Prado, estudiantes de Periodismo)

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Sobre el autor: Periódico Girón

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